Prueba Honda Forza 300

Han pasado unos diez años desde que me subí por primera vez a un Forza. Aquél 250 llegaba desde Japón pertrecho de inyección, cambio secuencial y llave de proximidad. El nuevo Forza 300 recoge y pierde a la vez ciertos elementos en este 300. Cómo pasa el tiempo.

Luis López/ Fotos: Juan Sanz/ Acción:Victor Gancedo -
Prueba Honda Forza 300
Prueba Honda Forza 300

Recuerdo que el Forza 250 negro al que me subí me impactó por las calidades de sus acabados, con esferas iluminadas en azul, apertura electrónica del asiento y una finura de funcionamiento como todavía no había experimentado en ningún otro scooter. Bien es cierto que también me llamó la atención las más que discretas prestaciones del motor, lo extraño de la posición de conducción y la escasa altura de la cúpula. Esto último obedecía a la peculiar moda japonesa que pretendía seguir la doctrina «long&low», copiada de las motos más estrafalarias de los Estados Unidos de América. Estupendo, impactante para el que le guste, pero práctico, lo que se dice práctico, es… cero.

¿Qué ha perdido y qué recupera el nuevo 300? En el primer grupo encontramos, o mejor dicho, ya no vemos la llave de proximidad y el cambio manual secuencial. En realidad, nunca he entendido la necesidad de equipar algo así en un scooter donde, en comparación con el trabajo en modo automático, resulta imposible mejorar las aceleraciones o incluso recuperaciones. En cuanto a la llave de cercanía, se trata de un «gadget» que podría considerarse prescindible, ¿o acaso te gustaría disponer de este 300 con la llave en cuestión por un sobreprecio en torno a 600 euros, por ejemplo? Dejemos las cosas como están, que ya funciona suficientemente bien la llave codificada. Un buen antirrobo cada vez más extendido en las marcas más preocupadas por cuidar cada mínimo detalle en sus productos.

En cuanto a lo que retoma del 250 anterior, el nuevo 300 presume de esa estética «baja y larga» que obliga a montar una cúpula más alta ofrecida como opción por la propia marca, además de aperturas electrónicas del asiento, guantera y acceso a la boca de llenado del depósito de gasolina. Como puedes ver, en realidad se ha intentado ahorrar en ciertos detalles, pero no en otros, lo que ya es de agradecer sobre todo teniendo en cuenta el precio al que nos venden la versión sin C-ABS. Si a esto le sumas el hecho de «tomar prestado» el motor del SH300, lo que te esperas es fácilmente imaginable: prestaciones suficientes y una suavidad fuera de toda duda. Dicho y hecho.

Vamos a sentarnos en el Forza. Después de bajarlo sin apenas esfuerzo del caballete, pasamos la pierna por encima del asiento o por entre este y el escudo. Atención aquí, ya que el puente central es voluminoso, pues además de alojar el tapón del depósito también ofrece rigidez al conjunto en marcha. Y no pienses que no hay espacio suficiente en la plataforma para alojar los pies. Claro que sí, incluso tras el escudo, aunque aquí deberás forzar un poco las rodillas si eres «patilargo».

Al dar al botón de arranque parece que no sucede nada… El motor cobra vida porque la aguja del cuentavueltas deja de estar en reposo. Por lo demás, apenas te darías cuenta de que el monocilíndrico ya se encuentra trabajando al ralentí. La desnudez del manillar es otra de esas cosas que te deja perplejo. Aporta cierta deportividad al conjunto, además de poder variar cuando quieras la distancia al cuerpo sin tener que pegarte con molestas carcasas. Además, para refinado ya tenemos el cuadro, con nada menos que cuatro esferas analógicas complementada por una, la más pequeña, con información digital, lo que unido a los correspondientes chivatos te dan una idea de hasta qué punto Honda cuida al piloto… Es como estar en casa, pero sentado en un scooter que te llevará al trabajo, o al gimnasio, o a darte una vuelta por ahí el domingo para comer en tu restaurante favorito donde ves las carreras con los amigos.

Lo escaso de la protección de la pantalla original podría indicarnos que, en realidad, se trata de un «maxi» ciudadano, pero desde luego que no es así. Además de recomendarte sacarlo de la tienda con la elevada ya montada por 120 euros más, también te incito a que lo uses si vives en el extrarradio, o incluso para viajecitos de «ciento y pico» kilómetros domingueros como te decía más arriba. La velocidad máxima no es escandalosa, pero si lo que buscas es confort de marcha, mínimo consumo y hueco bajo el asiento para llevar la merienda o el portátil, esta será tu herramienta ideal para todos y cada uno de los días del año.

Es posible que eches en falta algún kilómetro por hora de más en su indicador, pero si no quieres pecar lo mejor es mantener con garantías los 130 km/h de marcador, llevando el motor con desahogo y manteniendo un colchón necesario para que te dure toda la vida. A este ritmo, ni las irregularidades del asfalto conseguirán desestabilizar al Forza. Aunque la suspensión trasera es algo seca, sin embargo no acusa molestos «shimmies» ni te obliga a cortar como algún otro de la competencia.

Tal vez el peso del conjunto ayude a lograr esa estabilidad pétrea demostrada por este Honda en carretera, pero entre las calles de tu ciudad se vuelve en cierto modo en su contra. Cuesta moverlo en parado y las maniobras girando a tope la dirección deben realizarse con máximo cuidado. Al menos puedes plantar bien los pies en el suelo para «trialear» garantizando la verticalidad, mientras te beneficias de un motor extraordinariamente dulce en arrancadas y con potencia suficiente para buscar el hueco… y encontrarlo. Por la frenada no hay problema, ya que el sistema combinado junto con el ABS te libera del estrés causado por el bloqueo de sus llantas de 15 y 14 pulgadas respectivamente. Como siempre, merece la pena invertir en él, tanto como en la pantalla sobreelevada.

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