Yamaha X-Enter 125. Prueba

El Yamaha X-Enter intenta desbancar al Honda Scoopy como rey de la ciudad. Su precio, 2.999 euros, y sus soluciones técnicas originales son sus principales bazas.

Pablo Bueno. Fotos: Yamaha -
Yamaha X-Enter 125. Prueba
Yamaha X-Enter 125. Prueba

El hecho de que Yamaha escogiera Barcelona para hacer la presentación europea de su nuevo X-Enter 125 no es casualidad. El Honda Scoopy campa a sus anchas en la Ciudad Condal mientras el resto de marcas se las ingenian para lanzar un modelo urbanita con ruedas de 16 pulgadas que pueda hacerle sombra. Pero lo cierto es que ninguna lo ha conseguido hasta el momento. Ni con una propuesta más potente, ni con una más capaz, ni más protectora, ni más barata...

Sin embargo, Yamaha lanza el X-Enter convencida de que esta vez sí han encontrado el camino que pueda darles cuota de mercado en un segmento en el que hasta ahora sus ventas eran irrelevantes, pues su X-City no goza del favor del público.

Lo primero que hay que decir es que el X-Enter se fabrica en la planta que Yamaha tiene en Taiwán, pero con estándares de calidad nipones, algo que en seguida queda patente por sus buenos acabados, suavidad, etc. Así se consigue un precio competitivo: 2.999 euros (seguro y combustible incluidos durante un año).

Sabiendo las dificultades que entraña competir contra el Scoopy, la premisa de Yamaha era ser original y hacer un producto diferente y reconocible. Por ello han optado por la frenada combinada y la suspensión trasera por monoamortiguador horizontal. Ambos detalles le dan un plus de seguridad en marcha, porque su frenada es potente (a pesar del tambor trasero) y es muy cómoda y estable, incluso circulando por calles empedradas. Sus 8 litros de depósito le permiten hacer más de 200 km sin repostar.

Es una pena que su hueco bajo el asiento sea tan pequeño y su protección aerodinámica tan escasa que hacen prácticamente imprescindible adquirir el kit «Urban Edition» (baúl y pantalla alta que ves en las fotos) por 150 euros adicionales.

La respuesta de su motor, un monocilíndrico refrigerado por agua de 4 válvulas, es suave, pero inmediata. Sus 12,5 CV lo catapultan hasta los 115 km/h indicados, que se quedarán entre 105 y 110 reales.

La plataforma plana es ancha y diáfana (el chasis consta de dos tubos paralelos en vez de uno central) y la posición del conductor es muy cómoda. El pasajero cuenta con espacio suficiente, asas y reposapiés plegables e independientes.

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