Superprueba de la Honda Crosstourer

Después de la veterana e incombustible Varadero, Honda retoma en el segmento de las grandes aventureras por la puerta grande, sin contemplaciones y con toda la artillería que la marca del ala dorada es capaz de desarrollar, con la Crosstourer. Prepárate porque esto va muy en serio.

Luis López. Fotos: Jaime de Diego/Juan Sanz -
Superprueba de la Honda Crosstourer
Superprueba de la Honda Crosstourer

Quizás habría que matizar lo que acabo de escribir en la entradilla… Y es que la Crosstourer es una magnífica aventurera, por supuesto, pero no es una trail, aunque entre todos nos empeñemos en encasillarla como tal. De acuerdo, supongo que a ti te ha pasado como a mí desde el momento de su aparición. La sombra de la anterior Varadero es alargada, o lo fue mejor dicho, ya que han pasado muchas primaveras desde que esta venerable trail de litro ha dejado de ser una moto competitiva frente a la todopoderosa BMW R 1200 GS, por poner uno de los ejemplos más claros de «trail-no trail». Por otra parte, ten en cuenta que la firma bávara le obliga a compartir catálogo con la versión Adventure que sí, ¡esa sí que es una maxitrail de armas tomar! Pero como ella quedan pocas y, desde luego, la Crosstourer no es ni mucho menos un enemigo de ésta; tal vez complementarias, pero nunca rivales directas.

Quería dejar aclarado este aspecto antes de continuar. También es cierto que la Crosstourer mete, como el que no quiere la cosa, la cabeza en el segmento de las maxitrail, pero ni su camino es el asfalto ni lo echa de menos. Tampoco lo hacen ni la Crossrunner, ni la NC700X, por mucho recorrido que tengan sus suspensiones o muy altos que sean sus manillares. Tenemos que hacernos a la idea de que se trata de un concepto nuevo, y mientras no lo encajes no entenderás ninguna de estas extraordinarias Honda. A mí sí me han convencido… ¡Entre otras cosas porque las he probado todas! Vale, mi intención no es darte envidia, pero de verdad te insto a que lo hagas por ti mismo en cualquiera de las oportunidades que te ofrece la marca en rutas guiadas o, si no puedes acceder a la que tengas organizada más cerca, pásate por un concesionario y pregunta si tienen alguna «demo». Te aseguro que no vas a perder el tiempo.

Pero como te comento, la Crossrtourer lo quiera o no, es capaz de tocar tantos palos como tipos de carreteras te encuentras por el camino. Ya lo dice su nombre en «dos tiempos»: atraviesa todo lo que le pongas por delante y, por supuesto, en clave turística, eso que no se te olvide; porque ahí se encuentra la clave de su gran baza. Llevarte al fin del mundo sin quejas por habitabilidad, tipo de conducción, motor extraordinariamente elástico, cambio automático en versión DCT y, en general, una dulzura y prestaciones acordes con lo que esperas de una Honda del siglo XXI.

Comencemos por la postura. No te voy a engañar, y bien lo sabes si eres lector habitual de la revista que me encantan las motos con manillar alto. Pero en esta ocasión veo que los ingenieros encargados del desarrollo de esta moto se han pasado un pelo de la raya… La verdad es que encuentro el manillar a una altura muy correcta, más bien alto, mejor que bajo al tratarse de una «trail-no trail», ya sabes, pero sí, está en su lugar. Lo cierto es que es en la distancia entre éste y el cuerpo donde creo que se les ha ido un poco la mano. Tal vez lo notes de forma especial si eres un piloto de talla corta, si bien en este caso lo que vas a hacer es fruncir el ceño con el peso de la Crosstourer al manejarlo en parado. Súmale también cierta altura del asiento, o no tanto pero sí algo ancho, y el resultado será una moto difícil de moverla en parado. Maniobrar con ella es una acción que requiere experiencia. Si se te vence a un lado, posiblemente el contrario moviéndola de pie, sólo puedes darla por perdida, y si la desplazas sentado es probable que uno de tus pies pierda «grip» en la acera y acabéis la Honda y tú por los suelos. Por cierto, y hablando de esto, no le vendría nada mal un juego de protectores laterales, a modo de tacos de teflón, para proteger los plásticos, el asiento o las manetas en caso de caída en parado. Con cuidado y cierta «maña» lo tendrás todo controlado con poca experiencia. Seguro.

Ahora que lo pienso, no te he dicho nada sobre qué versión hemos probado, si la manual o la automática… ¡Las dos! Claro, ¿para qué esperar si Honda nos ha ofrecido las dos motos al mismo tiempo? De modo que te expresaré mis impresiones refiriéndome a ambas en general, o a una en particular cuando proceda. Y el caso que nos ocupa ahora es uno de ellos. Cuando rodamos por ciudad con la versión automática encontramos altos y bajos, detalles buenos, muy buenos y otros no tanto. Entre los primeros y por lógica, se sitúa la ausencia de estrés al circular a baja velocidad sin tener que estar alerta del embrague, sin pensar en que puede calársete esta gran Honda, sin miedo a falta de par en cualquier situación. La cuestión es que todo ello, muy positivo por cierto, se vuelve un poco en contra cuando el embrague automático comienza a ofrecernos tirones a baja velocidad. Las salidas desde parado no son tan dulces como esperaba, y por muy fino que seas abriendo gas siempre te tirará de los codos. De acuerdo, es perfecto para salir el primero en cada semáforo, pero no tanto cuando lo que buscas es hilar entre filas de coches o precisamente eso, plantarte primero en la línea del paso de cebra sorteando interminables filas de intermitentes y «chicanes móviles», algunas con muy mala leche… Por no decir otra cosa.

¿Solución? Acostumbrarte o, como el que esto escribe, subirte a la manual y ser tú mismo el que module el embrague, el que decida qué marcha engranar, el que desee mantener la segunda sin tener que lidiar con la primera porque el DCT así lo decide, o jugar con el dedo índice y pulgar de la mano izquierda en vez de concentrarte en sujetar el puño de este lado… Es posible que me digas que lo que necesito es más práctica; tal vez no te falte razón, pero creo que para esta misión en concreto me quedo con la manual, al menos de momento. En ella, la dulzura del embrague y del cambio es perfecta para «trialear» por calles atascadas y los giros, cambios de dirección o rotondas son más suaves y predecibles después de insertar con el pie izquierdo la marcha que quiero en ese momento, o tirar de embrague en segunda para no «cargar las tintas» sobre el cambio y la transmisión con primerazos innecesarios.

Entre la manual y la automática hemos encontrado diferencias durante los primeros kilómetros urbanos. Tenemos claro que nos encontramos ante una moto cómoda, sí, pero bastante pesada como para hacer «filigranas». También hemos visto que es de posición cómoda por confort a los mandos y suspensiones de tacto agradable, y que sólo la anchura del manillar nos pondrá en aprietos cuando el espacio para pasar sea mínimo. Pero claro, de algunos de estos detalles te acabarás olvidando nada más tener la oportunidad de rodar en carretera abierta. Me refiero a los negativos, porque los positivos se multiplican por mil en estas circunstancias. Si ya nos parecía cómoda, ahora lo es más. La pantalla, aunque regulable, cumple bastante bien en su posición más baja, lo que se agradece teniendo en cuenta que deberemos emplear herramienta para cambiar la posición. Por otra parte, las suspensiones aportan ese granito de arena en la satisfacción de rodar con terreno por delante, independientemente de la carretera por la que se te ocurra hacerlo. Si es autovía, ten bien presente que la velocidad que es capaz de alcanzar su extraordinario V4 es enormemente superior a lo que nos permite nuestra ley, tan protectora como ridícula. Y es que en vías de doble carril por sentido las sensaciones se asemejan a las de una GT: manillar alto y grande, inmediatez al abrir gas independientemente del régimen del motor, cierta «flotación» de las suspensiones al pasar por las típicas «bañeras» de autopista y, sobre todo, mucho, pero que mucho confort a los mandos. El asiento es una maravilla en mullido y espacio disponible, lo que puede trasladarse al acompañante que apenas tendrá queja por las asas… Y sólo en ciudad.

¿Pero no estábamos en carretera? Sí, es verdad, entonces olvídate de esto último, al menos en estos largos tramos de autovía en los que el sueño nos vencerá, sobre todo si mantienes a raya los efectos de la alergia con poderosos antihistamínicos. Es mi caso y no te quiero ni contar cómo sufro para que no se me cierren los ojos… Te aseguro que en una deportiva, con las cervicales hechas polvo y las muñecas medio abiertas de cargar peso sobre ellas, no me sucedería. ¡Bien por la Crosstourer! Como te digo, es tan parecida a una alfombra mágica que debes tomar tus precauciones… En todos los sentidos. No será así cuando el trazado se anima dejando atrás el desvío de la gran vía y adentrándonos en cualquier carretera de la «España profunda». Atención, porque otro de los fantasmas de la ciudad se nos revela de nuevo. El peso de esta Honda es un hándicap cuando la cambias de un lado a otro, sobre todo si te empeñas en hacerlo tirando de frenos y con pocas intenciones de acompañar a la moto en las transiciones. En otras palabras: mejor será adelantar trabajo y acompañar al conjunto, que pretender pilotar la «Cross» con cierta agresividad.

Pero si lo haces, no te culpes. Su motor es tan agradable como poderoso y, a poco que te lo propongas, acabarás estirando marchas y tirando del manillar hacia dentro de cada curva. En ese caso, y ya que los genes deportivos te pueden, no te queda otra que disfrutarlo, ¡que también es lícito y posible con ella! De hecho, no tienes más que contradireccionar y jugar con el freno motor para divertirte tanto como desees. En el caso de la versión automática y si el trazado de la carretera resulta tan sinuoso como estrecho, con cerrados ángulos de segunda, lo recomendable es pasar al modo manual para jugar con los gatillos del cambio secuencial. Si confías en el automático es posible que esa retención de motor que esperas para trazar «fuera, dentro, fuera», no la tengas. Si hay espacio por delante para que la velocidad entre curva y curva sea más bien elevada, y los ángulos no se presenten tan pronunciados, sino en cierto modo abiertos, el modo automático sport será uno de tus mejores aliados.

Ten en cuenta que la experiencia de Honda en F1 no ha pasado desapercibida en el área de motos de la firma del ala dorada, lo que tras el abandono de los japoneses de la máxima disciplina automovilística ha supuesto todo un puntal para sus motos; por ende, también para sus clientes. Nos encontramos ante una de las motos más capaces de la marca, lo que ya es mucho decir echando un vistazo a la extensa oferta del fabricante más poderoso del mundo. Han sido capaces de elaborar una moto partiendo de diferentes conceptos para llegar a uno solo: turismo. Si buscas una moto capaz de ello, con una frenada antibloqueo capaz de repartir su labor entre los dos ejes de forma tan eficaz en conducción deportiva como turística, cómoda en todos y cada uno de los parámetros que midas y bien terminada en general, el concepto «X» se acerca a ti con los brazos abiertos.

Si tenemos en cuenta que no es una trail, aunque el concepto pretenda asimilarse por posición a los mandos, generoso recorrido de suspensiones y aspecto general, y que tampoco es una sport aunque lleve en sus entrañas el motor de la VFR1200F, una de las sport turismo más elogiadas de todos los tiempos, acabaremos encasillando la Crosstourer en su lugar.

En realidad se trata de un concepto nuevo, pero no hay nada que el hombre ya no haya inventado. Llámalo como quieras, en este caso «Cross», pero sin duda Honda ha sabido muy bien lo que hacía pensando en la fabricación de una moto polivalente, sí, pero especialmente turística para un nutrido número de usuarios que ya está, en cierto modo, de vuelta de radicalismos. ¿Eres tú uno de ellos?

Grande, algo pesada pero con una presencia demoledora, la Crosstourer viene a mostrarse como una moto de claras reminiscencias trail, sin serlo. Hay otras con otros colores que encarnan a la perfección lo que entendemos por ese concepto, de modo que esta Honda se desmarca de un uso por pistas para dar lo mejor de sí en todo tipo de carreteras, sin excepción. El recorrido de suspensiones y el tacto del motor, infinito arriba y excelente abajo, aunque tal vez algo mejorable en este aspecto, sin duda hacen que se encuentre perfectamente preparada con las mejores armas para afrontar el reto de rodar por cualquier carretera del mundo. Segura gracias al ABS y a la frenada combinada y el control de tracción, divertida en gran parte por la opción de rodar en modo automático o manual con la versión DCT, incluso más barata si te decantas por la manual estándar, lo cierto es que se trata de una turismo capaz de darte el máximo confort por carreteras de buen asfalto, pero también en otras estrechas y descarnadas. ¿Acaso no es eso lo que buscas en una moto infatigablemente turística? Así es la recién llegada oferta «X» de Honda, y esta Crosstourer no podía ser menos en un segmento en el que la firma del ala dorada está innovando, desmarcándose de las trail, pero también de las sport turismo de manillar bajo o las más agresivas naked gordas.

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