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Ruta en moto por Sierra Madrona y Valle del Alcudia con Ruralka

Encontramos a nuestro paso por la ruta de hoy viejos vestigios de una frenética actividad industrial, hoy desaparecida en estos territorios donde manchegos y andaluces van de la mano compartiendo aires mineros.
Luis López Lozano | Fotos: Jaime de Diego -
Ruta en moto por Sierra Madrona y Valle del Alcudia con Ruralka
Ruta en moto por Sierra Madrona y Valle del Alcudia con Ruralka

La minería impulsó no solo el desarrollo industrial de España, sino también el de pequeños núcleos urbanos que acabaron convirtiéndose en cruce de caminos, com o es el caso de Puertollano, o simplemente un poblado fantasma, derruido y sin apenas habitantes censados donde antes encontrábamos numerosas calles repletas de casas, plazas de toros, iglesias... Es la grandeza, o la miseria, de la denominada "evolución". Quién lo diría.

Así iniciamos la ruta de hoy, a 42 km de la capital de Ciudad Real. Puertollano nos recibe con sus vestigios de la vieja actividad minera luciendo en sus rotondas. Con casi 50.000 habitantes, ha sabido reconvertirse y ofrecer un lugar para descubrir, tanto dentro de sus calles como en los alrededores, donde disfrutaremos de atractivas vistas del entorno en sus miradores, entre los que destaca el cerro de Santa Ana.

Iniciamos la ruta en Puertollano, con las imponentes vistas del cerro de Santa Ana

De la vorágine de Puertollano escapamos por la N-420 hacia Brazatortas, continuando el tortuoso cauce del río Ojailén. En realidad, el trazado de la Nacional es más bien recto y ofrece escaso margen para disfrutar con el pilotaje. Apenas en Puerto Pulido jugamos a cambiar de dirección la R 1200 RS con suavidad. Deberemos esperar a la llegada del entorno fronterizo con Andalucía para comprobar cómo el asfalto realmente comienza a zigzagear mientras ganamos altura y nos adentramos en terreno serrano.

Así encaramos la subida al Puerto de Niefla, de 902 metros de altitud. Poco después, una suave bajada desemboca en un cruce en el que deberemos estar alerta, ya que apenas un pequeño cartel indicándonos la dirección hacia Minas del Horcajo nos servirá de ayuda para abandonar, al menos de forma temporal, la senda de la Nacional. Merece la pena el espectáculo serrano, aunque debas rodar a una velocidad tan baja como prudente por dos motivos: el firme es correcto, pero no evita la aparición de serios baches y ondulaciones severas para, precisamente, mantener un ritmo bajo. Pero además, resulta frecuente que la fauna que puebla en entorno cruce ante nosotros como si nada estuviera pasando. Recuerda que somos nosotros los que invadimos su ambiente. No mostrar hostilidad resulta importante por el bien de todos.

TRANQUILO Y SEGURO

Nuestra R 1200 RS demuestra que no resulta descabellado cubrir esta peculiar parte de la ruta por un camino forestal, en más o menos buen estado, a los mandos de una moto cien por cien asfáltica. Así llegaremos al túnel que, antiguamente, fue empleado por la mina que dio cobertura económica y bienestar a El Horcajo. En él apenas entra un coche a lo ancho y, dada la longitud del mismo, resulta vital hacerte notar con la luz larga, con lo que verás más y mejor además de avisar a cualquier vehículo que quiera realizar el mismo camino... pero a la inversa. El escaso movimiento que encontramos cualquier día entre semana será nuestro mejor aliado para disfrutar de esta zona con total libertad de movimientos. Una vez más, merece la pena huir de la corriente de visitantes que se acercan los fines de semana, especialmente cuando el clima acompaña.

En el túnes de Horcajo apenas cabe un coche

Es al final del túnel cuando encontramos el viejo poblado conocido como El Horcajo, cuya denominación oficial es Minas del Horcajo. Las vías del AVE lo cruzan allá a lo bajo y su peculiar sonido, aunque sin circular a tope de su capacidad velocística, llama la atención ante la quietud que domina el ambiente. Los viejos muros de las antiguas casas, ruinosos, contrastan con las paredes de su iglesia que, milagrosamente, todavía continúan en pie junto con el campanario.

CRUZANDO LA A4

Continuamos la ruta con la sensación de haber perdido parte de nuestra historia por el camino. Fuencaliente nos aproxima a la frontera con Andalucía, donde ya rodaremos por sus carreteras llegando a Azuel y Cardeña, fusionándonos con el entorno de la sierra que lleva su mismo nombre. La llegada a Montoro, otra de las localidades que merece ser visitada haciendo un alto en el camino, nos indica la proximidad de la A4, la cual cruzaremos en dirección a Bujalance por la A-308, localidad cordobesa declarada en 1983 Conjunto Histórico Artístico por el Ministerio de Cultura principalmente por el interés de su casco antiguo. Destaca el Castillo Alcazaba, levantado en el siglo X por el califa Abderramán III, por lo que se muestra como ejemplo de arquitectura militar musulmana en tierras de al-Andalus. Como peculiaridad, nos cuentan que de las siete torres que mostraba en sus inicios, solo dos se encuentran en pie; además, su nombre primitivo significaba "Torre de la Serpiente". En verano se celebra entre sus muros un afamado festival de teatro, música y danza bajo la denominación "Noches en la Alcazaba".

En verano, las denominadas "Noches en la Alcazaba" iluminan Bujalance

Poco antes de llegar a Castro del Río, encontraremos el desvío de la N-432 que nos llevara a Baena y, desde aquí, a Zuheros por la A-3128, llegando al punto más meridional de la ruta justo en la zona más septentrional de las Sierras Subbéticas. Abandonamos sus suaves montañas y parajes de postal desde las alturas para encaminar nuestros pasos hacia Luque, enlazando con la A-305 cerca de Albendín, para llegar a Porcuna y Arjona, salvando el río Guadajoz para encontrar otro entorno bañado por las  aguas de embalses que dan cobertura a localidades cercanas como Andújar, Montoro y Marmolejo.

Así volvemos a salvar la A4 para precisamente acercarnos a esta última localidad donde, a los pies de la A-420, contemplamos el Embalse de Yeguas al sur de las Sierras de Cardeña y Montoro. Las vistas a la caída del sol invitan a contemplar el espejo que ofrece de la superficie de sus aguas. El Hotel Molino La Nava nos espera.

HOTEL MOLINO LA NAVA

Nos dicen que en verano es un auténtico espectáculo contemplar el manto de estrellas bien apoltronado en su patio; ahí, donde encuentras la BMW R 1200 RS, podrás sentarte rodeado de olivos centenarios degustando algunos de los platos más sabrosos provenientes de los fogones de una cocina muy especial. De todos modos, no es necesario esperar las más agradables temperaturas de los meses veraniegos para disfrutar del espectáculo ofrecido por su cielo: una noche invernal despejada nos brindará ese mismo espectáculo que recordarás tanto como la ruta que aquí te proponemos.

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