Turismo: Camino del Cid (IV)

Seguimos «campeando» tras la huellas del Cid, estamos en el antiguo y vasto Reino de Aragón aunque retornaremos a Castilla. Nos esperan encantadoras carreteras nacionales jalonadas por el testigo de la particular arquitectura musulmana.
Marcos Blanco. Fotos: Lluis Llurba -
Turismo: Camino del Cid (IV)
Turismo: Camino del Cid (IV)

Hasta tres carreteras nacionales, a cual más entretenida, forman el itinerario de esta etapa. Su encanto queda más que justificado por la historia que destilan sus parajes adyacentes. La antigua N-II, lamentablemente incompleta y fagocitada por la más moderna y eficaz A-2, actualmente desempeña una no menos valiosa función como arteria local entre las poblaciones que en su día eran pasos obligados en los grandes viajes de antaño, y que fruto del progreso se convirtieron en tediosos. Nos valemos de su trazado como fidedigno testigo de las andanzas de nuestro protagonista, iniciando el recorrido en Ateca, ya en la provincia de Zaragoza, hasta Calatayud, no sin dejar de apreciar antes la inclinada torre del campanario de la Iglesia de la Asunción, sita en la intermedia población de Terrer. El paisaje es una curiosa combinación entre el terreno seco que alcanza el lejano horizonte y el frondoso vergel formado por la colindante vega del río Jalón.

 

Sacromonte maño

Calatayud ostenta los suficientes atractivos como para hacer un más que justificado alto en el camino. Las torres mudéjares de San Andrés y la Colegiata de Santa María la Mayor son dos poderosos reclamos desde mucho antes de alcanzar su casco urbano. Al seguir nuestro itinerario, nos recibe la Puerta de Terrer, que da acceso al casco histórico donde no faltan angostas calles y recogidas plazas que albergan su rico patrimonio, como la citada Colegiata y su singular portada retablo, la iglesia mudéjar de San Andrés o la de San Pedro de los Francos. Extramuros, a las faldas de la ladera donde se asienta el Castillo Mayor, encontramos el barrio árabe, con la peculiaridad de sus casas cueva, viviendas en las que parte de su superficie se encuentra excavada en la propia ladera favoreciendo su estabilidad térmica durante todo el año. Como si del mismo Sacromonte granadino se tratase.

Abandonamos Calatayud y nuestra apreciada N-II, pero lo hacemos por otra no menos entrañable vía, en la que encontraremos grandes similitudes en su paisaje. No en vano, Calatayud es el vértice de las cuencas del Jalón y del Jiloca, y continuaremos con la tónica del severo paisaje de secano de su serranía junto al más frondoso de la vega, que ahora alimenta el Jiloca; a la que se sumará otra paleta de color, el de los oscuros bosques cercanos, formando un particular tapiz cromático. La N-234 nos trasladará hasta la limítrofe provincia de Teruel, vía cómoda y rápida que dará paso a sucesivas poblaciones distinguidas con el nombre del vecino río. Paracuellos de Jiloca, con su balneario centenario, gracias a las aguas sulfurosas de sus dos manantiales, Maluenda, Velilla de Jiloca, Fuentes de Jiloca, Montón y Villafeliche, reconocido por su alfarería, que se remonta al periodo árabe, y sus molinos de pólvora localizados en la ribera del Jiloca. Así hasta alcanzar Daroca.
Presidida por su imponente muralla, la Puerta Alta nos dará paso a su cuidado casco histórico, donde encontramos los barrios musulmán, judío y cristiano. Te recomiendo la homogénea visión sobre la ciudad desde el mirador, donde se halla la Ermita de Nazaret, excavada en el propio terreno. También desde este mismo punto visualizamos una pícara y caprichosa forma del terreno que nos provocará una sonrisa a nosotros y una más que probable e injusta comparación a ellas.


Otro cantar

Desde Daroca te propongo tomar un desvío de la ruta principal para acercarnos a la Laguna de Gallocanta, que compuesta en realidad por una veintena de ellas tienen la particularidad de ser de agua salada, ¡hasta diez veces más que la de mar!, debido al sustrato donde se asientan; además es de las más grandes de Europa, atendiendo a esta particularidad. Por ello, no encontraremos en ella peces, pero sí especies de mamíferos, anfibios y, por supuesto, aves, sobre todo migratorias, que hacen de este espacio un importante enclave como reserva natural. Para llegar a ella desde Daroca, hay una sinuosa carretera de mejorable asfalto en su inicio, es la A-211. Superado el pueblo de Santed, un desvío a la izquierda nos conducirá a la tranquila población que comparte nombre con la laguna, pero ya antes de alcanzarla, la sólida visión de tan vasto espacio azul nos hará comprender que estamos ante la laguna natural más grande de la península ibérica, hecho que corroborará el recorrido por la estrecha carretera que discurre en paralelo y que nos dará cuenta del tamaño de la extensión de su cuenca, con más de 500 km2 de sorprendente planicie. Muy cerca de aquí y fuera de nuestra ruta, si no utilizamos el anterior desvío propuesto, nos toparemos con dos insólitos tramos de la A-211, que suman cada uno más de 6 km de inquebrantable recta. Para los amantes de las curiosidades viales.

Podemos retornar a nuestra ruta original deshaciendo el camino recorrido o atajar hasta Calamocha, ya en la provincia de Teruel, por la A-1507, reencontrándonos con el río Jiloca. En el caso de haber retornado a Daroca, la N-234 resulta una vía cómoda de recorrer, ya que evita prácticamente los pueblos antiguamente conectados por el trazado original, pero dejándonos apreciar, como si de una competición entre ellos se tratase, las torres, por supuesto de estilo mudéjar, de las iglesias albergadas en dichas poblaciones, Villanueva de Jiloca, San Martín del Río, Báguena, Burbáguena, Luco de Jiloca. Todo un regalo para la vista.

Tras Calamocha encontramos un desvío a El Poyo del Cid, donde nuestro protagonista se apostó en la antigua fortificación del cerro de San Esteban, junto a 7.000 hombres para acometer distintas campañas por toda esta zona. Retomando el trazado principal iremos paralelos a la A-23, la Autovía Mudéjar, aunque en Monreal del Campo un nuevo desvío nos encontrará con la N-211, que nos conducirá a nuestro destino final de esta etapa, Molina de Aragón. Puerta del Alto Tajo.

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