Escocia y las islas Hébridas (I)

Un archipiélago salvaje y que frecuentemente te sorprende, situado en el extremo noroeste de Gran Bretaña.

Jo Deleker

Escocia y las Islas Hébridas.
Escocia y las Islas Hébridas.

Cualquier verano es el momento perfecto para escapar hasta allí. Cuando en nuestro país las temperaturas de 40 grados se convierten en insoportables, solo la idea de encerrase en un sótano ayuda, pero es mucho más gratificante visitar Escocia: eso sí que suena a un buen plan. Siempre te asaltarán las dudas de que el clima pase al otro extremo y te arruine los sueños, pero al final cualquier cosa parece mejor que cocerse, y explorar las Hébridas, esas islas mágicas en el Atlántico, se convierte para mí en realidad. 

Llegar hasta allí, escojas la ruta que escojas, es una tirada, y yo he elegido cruzar el Canal de la Mancha desde Amsterdam en un ferry de la compañía DFDS que me lleva hasta Newcastle. Al llegar, sigo viaje hacia el noroeste y por la noche aparco la Yamaha Ténéré en la costa oeste escocesa con vistas a la gran isla de Arran. Pongo mi tienda de campaña, y me configuro en “modo viaje relajado”. A partir de ahora no hay citas, reuniones, horarios ni la vida diaria de la oficina. Lo único que tiene que marcar mi estado de ánimo tiene que ser el clima y las ganas de elegir uno u otro rumbo.

La gente me saluda por mi nombre: soy el único motorista de las isla.

Para empezar elijo pasar a Arran Island y apenas encuentro 20 coches y 200 ovejas a lo largo del recorrido de 90 kilómetros por la isla. Su pulso late notablemente más despacio que en el continente. Arran nunca se agita a menos que el ferry salga cinco minutos antes, o cuando aparecen los mosquitos. Si hay sol y poco viento atacan estos monstruos que llegan de la costa oeste de Escocia. Son pequeños, infinitamente molestos, no tienen miedo a ningún producto químico y dejan picaduras muy desagradables. Solo hay un repelente efectivo contra estas bestias, un sombrero con mosquitera. Es muy molesto, te oscurece la vista y evita que puedas comer o beber, pero al final te tranquiliza ante la nube de Culicoides impunctatus.

Mull

Una sucesión de barcos me llevarán ahora a las Hébridas, más al Norte. El pequeño ferry blanco y negro de Calmac me acerca a Kintyre, y otro gran barco de Oban a Mull, la isla más meridional de las Hébridas y, por la experiencia que me llevé, la más hermosa. Mull no es como la isla vecina de Skye, que está bastante llena en verano. En Mull respiras su aroma relajado y concentrado en cada metro de sus pistas. Una ronda nocturna por la escarpada y panorámica costa oeste resulta impresionante, y más si el tiempo ayuda como hoy, un día sin viento, sin nubes, y con 22 grados. Perfecto.

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Escocia y las Islas Hébridas con su espectacular paisaje.

Voy en tercera sobre la Yamaha cuando aparece delante de mí Glen More, un valle verde y montañoso, adornado con rododendro y campanillas moradas, algunos lagos azules, y a la derecha el pico Ben More de casi 1.000 metros de altitud. Para acabar la panorámica de postal tengo frente a él un patio blanco y una manada de vacas peludas típicas de las tierras altas. Parece un cliché de Escocia, pero es real y está aquí y ahora. La pista de un único carril sube hasta un puertecito y el panorama cambia. Frente a mí, un océano tranquilo y salpicado de algunos islotes como Ulva, Staffa y Lunga, un lugar perfecto para los frailecillos. Permanezco en el modo de conducción "Relax" y continúo recorriendo una ruta que va de bahía en bahía, de paso en paso, siempre a lo largo de la costa. Llego a Tobermory, poco antes de la medianoche y todavía no está oscuro. Con sus coloridas casas, la capital de la isla de Mull es un verdadero rayo de esperanza entre los demás lugares habitados de las Hébridas, mucho más sombríos.

Al día siguiente, el próximo ferry me lleva a la siguiente isla, Skye. Es el destino preferido de muchos viajeros, una Escocia en miniatura, desde la áspera costa oeste hasta las salvajes tierras altas, y con una suave parte este. Pero a pesar de que hay muchos turistas, todavía quedan rincones tranquilos. En ningún otro lugar la vista de las escarpadas montañas Cuillins es tan magnífica como desde el pueblo pesquero de Elgol, con su atmósfera de fin del mundo. Neist Point es el punto más occidental de Skye, un enorme acantilado coronado por su pequeño faro blanco. Una espectacular oportunidad para tomar fotos, especialmente si esperas a ver su magnífica puesta de sol. En un buen día se pueden ver al fondo las Hébridas exteriores, allí lejos en el Atlántico. Quiero ir allí.

SCO2019 125 V  Amendo Faro        Escocia y las Islas Hébridas: el faro de Neist Point.

Sin embargo, el pronóstico del tiempo de la BBC anuncia amenaza de lluvia desde Occidente que van a durar dos días. ¿Y ahora qué? Ignorar el aviso en una costa tan lluviosa no parece una buena idea, así que es mejor encontrar un lugar seguro para guarecerse. El pronóstico se cumple y de la noche a la mañana el cielo vierte otro océano verticalmente. Paso varios días en una cafetería, eso sí con desayuno escocés que incluye el misterioso budín negro y todo tipo de tartas. Al menos hay Internet, y puedo reservar un ferry a las Hébridas Exteriores. Conduzco hasta el ferry a Uig, donde me saludan por mi nombre, soy el único motorista de la lista. El barco surca el suave oleaje a lo largo de hora y media.

Las Hébridas Exteriores son islas duras, expuestas directamente al desagradable clima del Atlántico Norte. Vivir aquí es un desafío. La agricultura y las actividades relacionadas con los bosques apenas son posibles, los rincones idílicos son raros y hay pocos lugares que sean candidatos a "nuestro pueblo tendría que ser más bonito". Es el estilo áspero de la costa oeste.

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Escocia y las Islas Hébridas.

Sin embargo, también descubro lugares paradisíacos que cambian mi imagen de las islas. Hay playas de ensueño al sur de Harris, con arena amarilla, un mar desierto de color verde caribeño y montañas suaves y oscuras a su alrededor. También la montaña rusa de una sola vía a través de la solitaria joroba de Gneis en la costa sureste, o las montañas Clisham sin árboles, de casi 800 metros. Por no hablar de la magia de las rocas colocadas verticalmente de Callanish, que es el Stonehenge escocés. La diferencia es que aquí casi no hay turistas y eso siendo más antiguas que las pirámides de Giza. Son estos lugares individuales los que te sorprenden en este paisaje tan asolado.

Por la noche encuentro un pequeño campamento donde dormir en Cliff Beach en la costa norte. Aquí no hay mucho control, metes cinco libras en un buzón, no hay agua ni cuarto de baño, pero tienes una vista infinita sobre el océano, bueno, casi hasta Canadá, una playa de arena sin nada que tenga que ver con la actividad humana y la mayor sensación de aire limpio. Un águila marina hace círculos sobre mí con la fuerte brisa. ¡Se siente tan lejos, tan bien! Recibo un SMS desde casa. "¡Hoy 40 grados, quiero salir de aquí!". Sonrío. (Continuará).

 

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