Segunda mano: Triumph Bonneville

Hasta hace poco si buscabas una moto actual con esencia clásica tu búsqueda casi quedaba reducida a la Bonnie, uno de los modelos más carismáticos de Triumph, y una moto ideal para comprar usada.
Marcos Gil. Fotos: MPIB -
Segunda mano: Triumph Bonneville
Segunda mano: Triumph Bonneville

Dirán algunos, y con razón, que sin salirnos de la marca británica ya antes había al menos otra más, la Thunderbird, que también desde mitad de los noventa evocaba a las motos de anteriores décadas con su pintura bitono, las llantas de radios, sus tapas cromadas... Pero sí que es cierto que estrictamente hablando, la Bonneville que apareció con el nuevo siglo iba un poco más allá, doble amortiguador por ejemplo, y contaba además con unas dimensiones más contenidas y formas más armoniosas que su hermana tricilíndrica. De hecho, cuando la marca, en su renacimiento tras la adquisición de ésta por parte de John Bloor, se puso manos a la obra con ella, lo hizo sin prisas. Un producto que iba a llevar el mítico sello Bonneville en las «cachas», no merecía menos. Con la idea de ofrecer un producto bien terminado tardó más de cuatro años desde el primer prototipo hasta la salida al mercado de la primera versión de esta recreación actual de aquella bicilíndrica de 650 cc de finales de los ’50, que tuvo una segunda etapa en los ’80. La nueva Bonnie estaba llamada a causar sensación.

Versiones mil

Esta tercera era de la Bonneville, la de Hinckley o New Bonneville como se la conoce en las islas británicas, es la que nos interesa, un diseño acertadísimo en su unión de lo antiguo y lo moderno y que ha tenido un buen número de variantes en forma de, no ya evoluciones (como el paso de los carburadores a la inyección o el aumento de cilindrada de 2007) sino de versiones: T100, Thruxton, Srambler, SE –Special Edition-… En función de su año de llegada al mercado, la base de todas ellas, respecto a su Bonneville coetánea es a grandes rasgos la misma y ciertamente solo los iniciados en la materia son capaces de distinguirlas. Para el resto todas son Bonnies.

A toda prueba

Lo bueno de todo ello es que es una moto en esencia buena, robusta, y con todas esas versiones pululando por ahí y lo bastante bien que se ha vendido, podrás encontrar una unidad que se acerque a tu estilo. Que te gustan las café racer, pues a por la Thruxton, que prefieres lo más clásico, pues céntrate en la T100… Hasta si tienes en tu punto de mira alguna aventura y no quieres que ni las pistas te paren tienes tu particular Bonneville, la Scrambler. Ah, y lo bueno es que quien tiene una moto así, la cuida como si jamás la fuera a vender y le da el uso que se merece una clásica. Eso sí, se cotizan bastante y encontrarás muchas personalizadas.

Fíjate en...

Estribos
Quien se compra una Bonneville no suele ser un amante de la adrenalina, pero tampoco hace falta ser un Jorge Lorenzo para, aprovechando el buen hacer de la británica, arrastrar la punta de los estribos por el asfalto. Nada peligroso porque no rozan otros componentes, pero sí aquéllos por estar colocados muy bajos. Si la que quieres comprar no los lleva rozados, es que solo ha funcionado de paseo.

Dura
Los amortiguadores traseros de las Bonneville son bastante básicos y presentan muy poco recorrido de suspensión y nula progresividad. Si tienes problemas de espalda y te has fijado en ella por su erguida postura de conducción, debes tenerlo en cuenta porque es seca de detrás. El espumado del asiento, si la moto tiene kilómetros acrecienta esta sensación. Valora positivamente si lleva montado un asiento de gel.

Mito
No hagas caso de la leyenda urbana de “no te compres una Triumph porque tiran aceite” “o porque se rompen”. Las motos de esta última etapa de la marca han logrado romper con aquellos tópicos. Que esto no te eche para atrás. Y si las modernas Triumph son fiables, en el caso de las Bonneville salvo pequeñas chorradas que pueden surgirte como en cualquier otra moto, la fiabilidad está asegurada.

Puntos débiles
Lo único que te puede dar guerra en estas motos son, como ocurre con casi todas las motos, algunos componentes eléctricos que se pueden “freír” como el sensor de posición del cigüeñal o algún interruptor como el del caballete lateral. En algunos modelos, el cableado bajo el asiento (donde ni siquiera hay hueco para llevar los papeles y algo más) puede deteriorarse por verse presionado por éste.

Llantas
Si eres un radical de lo clásico seguro que irás a por una con llantas de radios antes que de aleación. Esa concesión a la estética, implica otros condicionantes que debes tener en cuenta. Con las de radios eres más vulnerable a quedarte tirado por un pinchazo, tienen mantenimiento (comprobar el apriete de los radios) y además la moto es algo más torpe de dirección al ser la llanta más grande.

Tu estilo
Cada versión tiene su propia personalidad y sus condicionantes. Cuanto menor sea tu estatura mejor te verás sobre una Bonneville o T100, que son más manejables que Thruxton (por postura) y Scrambler (por altura). Con esta última se puede hacer caminos, pero ten en cuenta que pesa y que el recorrido de las suspensiones no es mucho y mírala por abajo en busca de “pedradas” aunque es poco probable.

Accesorios
Los usuarios que nos han enviado sus testimonios se quejan de que los accesorios originales no son nada baratos, pero muchas de ellas están personalizadas. Piezas decoradas con ajedrezados, amortiguadores Hagon, escapes no originales… y pocas cúpulas, a pesar de que reconocen que deberían ponerla porque a partir de 140 km/h hace falta. Pero la estética es importante para ellos.

Usuario

Comparada con otros modelos de la marca, de similar orientación, como la Thunderbird, la Bonnie presenta revisiones más espaciadas, basadas en un intervalo más o menos estándar, como son 10.000 km o una al año. El bicilíndrico no es delicado ni difícil de hurgar para hacerle las labores básicas, que prácticamente se centran en cambiar aceite y filtro y controlar el estado de otros consumibles como bujías y filtro de aire.

Mantenimiento

  • 800 km. Primer paso por “boxes”. Cambio de aceite y filtro, comprobar posibles fugas, del juego de los cables de acelerador, del embrague y del sistema eléctrico, rodamientos de dirección, chequeo del líquido de frenos, y del sistema en general y del caballete.
  • 10.000 km. Mismos puntos que en la de después del rodaje, a los que se suman: inspección del estado de las bujías, de los cojinetes del basculante y del patín de la cadena.
  • 20.000 km. Primera comprobación de la holgura de las válvulas y del sistema de inyección, sustitución del filtro de aire y de las bujías, lubricación del eje del basculante. Además se realizan las tareas de rutina de la de 10.000 km.
  • 30.000 km. Similar a la de los 10.000 km.
  • 40.000 km. A los trabajos de la de 20.000 km se añaden: sustitución del aceite de la horquilla y de los conductos de combustible.
  • Cada 2 años. Cambio de líquido de frenos.

Versiones

2000-2014
Triumph Bonneville/SE/T100

[ 865 cc | 69 CV | 225 kg ]
Precio: 4.000-9.000 €

Triumph, lanza un diseño basado en el modelo de los ’50. 790 cc, carburadores, sin cuentavueltas, llantas de radios. Versión SE (desde 2009)  mejor equipada y llantas de aluminio de 17”. En 2003 llega la T100, más retro, llantas de radios (delante 18”). En 2007 865 cc e inyección.

2006-2014
Triumph Scrambler

[ 865 cc | 59 CV | 230 kg ]
Precio: 5.000-8.500 €

En 2006 aparece esta versión con tintes off-road basada en la moto de Steve McQueen en La gran evasión, con escapes por arriba, asiento plano, goma en el depósito a la altura de las rodillas, fuelles que protegen las barras de horquilla y neumáticos de tipo trail.

2004-2014
Triumph Thruxton

[ 865 cc | 69 CV | 230 kg ]
Precio: 6.800-8.500 €

Triumph da una vuelta a la Bonnie para transformarla en una café racer con la que copar otro nicho de mercado. Marcada por una postura deportiva, con un manillar bastante bajo, escapes distintos a los de la Bonneville, tapa de colín, estriberas retrasadas y llantas de radios.

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