Extracción de tornillos bloqueados

Aflojar un tornillo puede convertirse en un tormento por culpa del óxido u otros males que lo bloquean. Os enseñamos cómo lidiar con los tornillos más "caprichosos" de la moto.
Marcos Abelenda. Fotos: MPIB -
Extracción de tornillos bloqueados
Extracción de tornillos bloqueados

En principio, la teoría de cómo apretar y aflojar un tornillo de los muchos que tiene nuestra moto, resulta de lo más fácil: haciéndolo girar hacia un lado, normalmente en el sentido de las agujas del reloj, se aprieta; y haciéndolo a la inversa, se afloja -esto en los tornillos convencionales, pues también existen tornillos con rosca a izquierdas, que son los menos y trabajan justamente al revés-. Pero la tarea de aflojarlos se puede convertir ocasionalmente en una misión imposible, o una muy complicada, por más de un motivo: el óxido que «pega» el tornillo en su alojamiento y debilita su resistencia; una rosca pasada por un apriete previo incorrecto o excesivo; y una cabeza «redondeada», o directamente ausente, si es que se ha partido.

Como en tantos otros escenarios, la mejor manera de evitar estas complicaciones pasa por una buena política de prevención: revisando el estado del tornillo antes de apretarlo -en busca de síntomas de óxido y daños en la rosca-; teniendo el cuidado de avocarlo con precisión y de forma correcta -si entra con dificultad desde el principio, lo estamos haciendo mal, y si insistimos, peor…-; apretarlo lo justo y necesario, respetando los pares de apriete indicados por el fabricante; y usar la herramienta adecuada y en buen estado. Pero, claro, ahora que ya estáis con el agua hasta el cuello y tornillo «clavado», de poco sirven los remedios previos.

No obstante, a la hora de aflojar un tornillo bloqueado, la planificación previa a la acción también resulta aconsejable. Por ejemplo, muchas veces resulta posible intuir que cierto tornillo va a ser de los «complicados», por el estado del mismo, sobre todo si presenta signos de oxidación. En este caso, antes de intentar aflojarlo, es buena idea aplicar un producto como WD-40, que elimina el óxido y penetra hasta la rosca, facilitando su posterior movimiento. También conviene pensar en la herramienta más adecuada para aflojar según que tornillo, y no simplemente la que «esté más cerca». En tornillos con cabeza hexagonal, la llave de estrella o el vaso del juego de autoclé, siempre son preferentes a la llave fija y la inglesa, pues con estas no podremos hacer tanta fuerza y se corre el riesgo de redondear la cabeza. En tornillos con tallado interior, tipo Allen o Torx, hemos de asegurarnos de usar la llave de la medida justa. Especialmente, en cabezas Phillips, pues el tamaño del destornillador debe ser el adecuado para la cabeza del tornillo -si es muy pequeño, redondearemos la cabeza, y si es muy grande, también, o haremos poca fuerza o directamente no entrará en la cabeza-.

En el caso de un tornillo con la cabeza ya dañada, o «redondeada», en primer lugar se puede intentar reparar la misma, con el uso de una lima, repasando las seis caras de la cabeza hexagonal, o la parte superior de un tornillo tipo Allen. Al tratar de aflojarlos de nuevo, sería buena idea valerse de un destornillador de impacto, o destorgolpe, que incluso os recomendamos usarlo desde el primer momento, antes de redondear la cabeza -ya sabéis, mejor prevenir que curar-. En caso de no disponer de dicha herramienta, una forma extendida de hacernos nuestro destorgolpe «casero» será golpear con un martillo el maneral con la punta Allen o Phillips, al tiempo que hacemos el movimiento de giro, con lo que evitamos que la herramienta se salga de la cabeza del tornillo.

Si la cabeza de un tornillo está tan «comida» que resulta imposible repararla, es cuando toca pasar a soluciones más drásticas, como realizar un corte en la cabeza, con una sierra para metal, con el fin de poder usar un destornillador plano para aflojar el tornillo. Otra opción, de las más recomendables, pasa por taladrar la cabeza del tornillo, para usar a continuación un extractor de tornillos. Éstos consistenten en una puntas con rosca a izquierdas, que se introducen en el hueco perforado girándolas hacia la izquierda, lo cual nos permite, al mismo tiempo, ir aflojando el tornillo bloqueado.

La situación más complicada la encontraremos en un tornillo que, además de bloqueado, tiene la cabeza rota, con lo que sólo queda el espárrago clavado en su alojamiento. Lo único positivo es que así será más sencillo el usar WD-40 y que penetre con mayor facilidad entre la rosca y el alojamiento. No obstante, el método de taladrar el centro del espárrago y utilizar a continuación un extractor, también será aquí nuestra mejor baza. En caso de no disponer dicho kit de extractores, no quedará más opción que intentar desbloquear el espárrago haciéndolo girar «a golpes», mediante un botador, un destornillador plano o un cortafríos. O bien, perforar el espárrago con un taladro, con brocas de más pequeñas a más grandes, llegando a eliminar todo el material posible hasta que el tornillo se descomponga y sea posible retirarlo en pedazos.

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Otro truco bastante usado, aunque requiere ciertas dotes de «manitas», consisten en colocar una tuerca sobre el agujero donde está el tornillo roto, y soldar ambos por el interior de la tuerca, de forma que al girar ésta podamos aflojar el tornillo. La elección de uno u otro método dependerá de la profundidad del espárrago dentro del agujero, o de la situación del mismo en nuestra moto, pues hay partes que ofrece mayor accesibilidad que otras. La última de las opciones será taladrar el espárrago por completo, aunque dañemos la rosca del alojamiento, que posteriormente debemos reconstruir mediante un juego de machos o repararla mediante un helicoil.

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