Hasta siempre, Reinhold Roth

Tenía 68 años y su vida había quedado detenida desde el terrible accidente de Rijeka, en 1990, pero poseía un carisma y una personalidad que ha mantenido su recuerdo presente en los aficionados al motociclismo.

Juan Pedro de la Torre

Hasta siempre, Reinhold Roth.
Hasta siempre, Reinhold Roth.

Antes de que el Campeonato del Mundo de Motociclismo se convirtiera en un deporte adolescente y pueril, muchos de sus protagonistas eran curtidos veteranos a los que después de muchos años de esfuerzo y sacrificio, con suerte, les llegaba una oportunidad. Uno de ellos fue Reinhold Roth, cuya muerte lloramos hoy. Roth tenía 68 años y desde 1990 arrastraba las secuelas de una devastador accidente que marcó su vida y la de su familia para siempre.

Roth llegó a las carreras siendo ya un hombre maduro. Su primer éxito llegó en el campeonato alemán de 250, donde se hizo con el título en 1978 con una Yamaha privada, lo cual ya fue un gran logro teniendo en cuenta que enfrente tenía ya a Anton Mang con su Kawasaki KR. Su primer Gran Premio fue en Austria, en 1979, donde no logró terminar la carrera. Esa temporada y la siguiente estuvo corriendo en 250 y 350 con discreto éxito, y en 1981 se concentró en las competiciones alemanas, corriendo en 250 y 500. Pero ese año se disputó la primera edición del nuevo Campeonato de Europa, y la última cita fue en Hockeheim, donde Roth ganó la carrera de 500 y fue segundo en la 250.

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Hasta siempre, Reinhold Roth.

Aquel buen resultado le animó a abordar el Europeo en las dos categorías, y además disputó tantas carreras del Mundial de 500 como el calendario le permitió, reservando su muy bien prepara Yamaha TZ 250 para las citas del Eurpoeo. El resultado no pudo ser mejor: ganó el Europeo de 250 y fue tercero en 500, ganando además el campeonato alemán de 500. Y en el único Gran Premio de 250 en el que tomó parte, San Marino, consiguió una positiva séptima posición. Con estos resultados Roth tuvo claro que su sitio estaba en el Mundial, y así en 1983, con 30 años recién cumplidos, disputó su primera temporada completa en el Mundial. Y siguió ganando títulos alemanes: el de 500 en 1982 y 1984, y el de 250 en 1983.

En esos años corrió en el Mundial tanto en 250 como en 500, primero con una Suzuki RG y después con una Honda RS, pero en 1985 se centró exclusivamente con 250, con una bien preparada Juchem-Römer, realizada sobre base Yamaha TZ. Con ella lograría su primer podio en el Mundial bajo la lluvia de Silverstone, donde fue segundo por detrás de Mang.

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Hasta siempre, Reinhold Roth.

Oficial Honda

A partir de 1986 su suerte empezó a cambiar. Comenzó a correr con Honda, con una RS250R, que fue recibiendo mejoras según avanzaba la campaña. No fue un año especialmente brillante, pero al menos consiguió fiabilidad, y en toda la temporada solo tuvo dos averías. De esta forma, gracias a la política de Honda de ofrecer material oficial a un buen número de pilotos, en 1987 Roth recibió una NSR 250 similar a las que disfrutaron Mang, Pons, Cornú, Cardús y Sarron, una ofensiva que permitiría a Honda ocupar las cinco primeras posiciones del Mundial de 250.

Una vez que Roth tuvo en sus manos material de primer nivel, demostró de lo que era capaz. En esa larga temporada de quince carreras, que regresaba a Japón veinte años después, y culminaba con las citas de Brasil y Argentina, Roth puntuó en todas sus carreras, se convirtió en un habitual del podio, y logró su primera victoria, en Le Mans, bajo la lluvia, demostrando un extraordinario talento para pilotar en condiciones complicadas. Logró el subcampeonato del mundo por detrás de Anton Mang. El rostro de Reinhold se hizo familiar. Era un curtido veterano de 34 años, templado y de buen carácter, calvo y bigotudo, que con frecuencia usaba una cinta para el pelo bajo el casco, con una imagen completamente alejada del lujo y el glamour, un hombre modesto que en sus últimos días de piloto estaba alcanzando una gloria que quizás llegó a pensar que no conocería nunca. Pero el trabajo siempre tiene recompensa.

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Hasta siempre, Reinhold Roth.

En 1988 volvió a hacer gala de su prodigiosa regularidad, acabando todas las carreras en las que salió –no corrió en Japón- pero no logró ningún triunfo, aunque sí una valiosa quinta posición final. Y en 1989 volvió a brillar de nuevo. Ganó en Assen y en Brno, fue visitante habitual del podio, acabó todas las carreras, y logró de nuevo el subcampeonato, esta vez tras Sito Pons. De cara a la siguiente temporada, con 37 años cumplidos, Roth confiaba en que tendría oportunidad de ser campeón, pero también sufría la presión de ver como otros talentos, como Helmut Bradl, emergían, e incluso su posición dentro del equipo Honda HB se ponía en cuestión, llegando a especular que podría perder su plaza en favor del joven Stefan Prein.

Desgraciadamente, los resultados no fueron buenos. Seguía siendo constante, siempre acababa, pero el podio se le resistía. Y así llegamos a Yugoslavia, a Rijeka, la séptima cita de la temporada. Fue un Gran Premio terrible, vivido de sobresalto en sobresalto, primero por el dramático accidente múltiple en la carrera de 125, que al final resultó menos grave de lo que temíamos, y culminó con el atropello de Sito Pons por parte de Pierfrancesco Chili, cuando Sito se cayó persiguiendo a Mick Doohan, sufriendo múltiples lesiones. Y entre medias de todo, el accidente de Roth.

Maldito Rijeka

Aquella carrera quedará marcada para la historia por la nefasta actuación del director de carrera y los comisarios de pista. Roth rodaba en el grupo delantero con Cardús, Kocinski, Wimmer, Cadalora, Bradl y Crivillé, en un compacto pelotón que no se desmembró a pesar de una ligera llovizna que comenzó a caer, a seis vueltas del final. A pesar de ello, a pesar que bastantes miembros de los equipos reclamaban al director de carrera que la interrumpiera por la peligrosidad de la situación, este rehusó hacerlo. En la vuelta 23ª, el australiano Darren Milner rodaba lento dentro de la trazada, muy lento, camino de boxes. Las banderas no indicaron su presencia en el momento oportuno y el grupo se lo encontró de improviso en el rasante que coronaba la subida hacia la recta trasera, un zig-zag de cinco curvas rápidas, prácticamente ciegas. Kocinski, Cardús, Wimmer, Bradl… tuvieron la suerte de esquivarlo.

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Hasta siempre, Reinhold Roth.

Roth, que rodaba sexto metido en el carenado a rueda de Bradl no lo vió, y chocó de lleno contra el colín de la Aprilia del australiano. Fue un golpe violentísimo, casi 100 km/h de diferencia entre Milner y Roth. Crivillé se salió de pista esquivando a Roth y su Honda, pero terminó chocando contra el guardarraíl desprotegido, sufriendo un fuerte golpe en la cabeza del que salió con una conmoción y sin visión en el ojo izquierdo.

Lo peor estaba por venir. Roth había chocado de cara contra el escape de la Aprilia. Quedó inconsciente, en estado de coma, con fracturas en el cráneo y hemorragias cerebrales. Tuvo que ser trasladado al hospital de Grobnik, donde las primeras informaciones hablaban de una situación irreversible y fatal. Dos meses permaneció en coma Roth, y cuando despertó lo hizo con secuelas terribles. Posteriormente fue trasladado a un hospital en Ravensburg, y después a un centro especializado en terapia en Burgau. Allí, tres meses después del accidente, le pudieron retirar la respiración artificial. Elfriede, su esposa, se entregó día a día a la sufrida labor de atraer de nuevo a Reinhold a la vida: le leía las cartas de admiradores que escribían dándole ánimos; todos los días le ponía canciones de los Rolling Stones, que tanto le gustaban; y le hablaba, la hablaba constantemente, acompañándole en ese largo despertar.

Los esfuerzos de Elfriede y los terapeutas ayudaron a que Reinhold, sin llegar a poder recuperar el habla, respondiera a los estímulos con pequeños guiños y apretones de manos. Con el tiempo, Reinhold conseguiría regresar a la casa familiar en Amtzell, donde junto a Elfriede y su hijo Mattias siguió adelante con su paulatina recuperación, que nunca fue total. Roth no recuperó el habla, y siguió adelante con enromes limitaciones funcionales, pero arropado por el amor de su familia y de muchos aficionados que seguían escribiéndole y mandándole ánimos.

El pasado 15 de octubre su vida llegó a su fin. Por encima de las dificultades surgidas a raíz del accidente, la suya fue una vida plena, disfrutada al máximo, vivida con el amor de los suyos y el respeto de rivales y aficionados. Descanse en paz.

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