"Los primeros 200 kilómetros fueron increíbles: estaba en perfecta sintonía con la moto, la navegación y la velocidad; probablemente la mejor sensación que he tenido sobre la moto". Así recordaba el español Edgar Canet los momentos previos a su impresionante odisea en la quinta etapa del Dakar 2026, la penúltima antes de la jornada de descanso.
Los tiempos reflejan sus sensaciones: hasta el kilómetro 186 lideraba la etapa y estaba a poco más de tres minutos del líder en la general virtual, reafirmándose como uno de los favoritos al triunfo final. Sin embargo, el día anterior ya había avisado: le preocupaba su rueda trasera, que no podía reemplazar al tratarse de la etapa maratón. Y, a mitad de la especial, su mousse dijo basta.
"Tras golpear una roca y dañar la rueda trasera, la prioridad cambió por completo y el resto de la etapa se centró en sobrevivir y llevar la moto de vuelta al vivac, lo cual logré, aunque fuera de noche", confesaba acto seguido, utilizando la palabra "aprendizaje" para resumir la experiencia. "Es solo mi segundo Dakar, y para mí, cada kilómetro es una experiencia valiosa", reflexionaba el catalán, que aspira a ganar el Dakar en el futuro.
Un objetivo tan ambicioso como normal viendo su velocidad, para el que cada kilómetro cuenta. Algunos kilómetros más que otros. Sobre todo, los 200 kilómetros que vivió desde que, como él mismo ha relatado en su Instagram, su mousse se rompió del todo en el kilómetro 220; lo cual explica que, en el waypoint del kilómetro 240 ya hubiese perdido el liderato, por poco más de un minuto. Lo peor estaba por llegar...
El invento de las bridas no duró mucho. Su baja velocidad no impidió que el terreno pedregoso hiciese su trabajo y acabó perdiendo el neumático por completo, teniendo que pilotar sobre la llanta trasera; lo cual le obligaba a hacer algunas zonas empujando su moto, ya que carecía por completo de tracción.
Fue en el kilómetro 313 (de los 356 de la etapa) cuando se percató de que no iba a durar mucho así, ya que los radios se estaban rompiendo. Aun así, llegó a alcanzar el kilómetro 325... y ya. Fue entonces cuando, tras coquetear con la idea del abandono -y negarse varias veces a la evacuación en helicóptero que hubiese supuesto su adiós al rally-, encontró la solución. O bueno, se la encontró.
Recordando a aquel Dakar aventurero que ideó Thierry Sabine, fueron unos espectadores locales los que salieron al rescate del piloto de 20 años, proporcionándole una rueda que le servía para completar los últimos kilómetros de la especial y, ya con la noche cerrada, llegar al campamento.
Lo hizo con cuatro horas y media perdidas (invirtió casi seis horas en completar un final de etapa que sus rivales hicieron en menos de hora y media) y, de propina, fue penalizado con seis horas más por cambiar la rueda, algo totalmente prohibido en la etapa maratón. Le dio igual: "Lo más importante para mí era llegar a meta, sin importar el tiempo perdido", reconocía después.
Y es que, pese a su juventud, el joven tutelado por Nani Roma tiene las cosas muy claras, exhibiendo una resiliencia que algún día podrá darle el toaureg. Y, cuando finalmente lo consiga, todo el mundo recordará aquel día que fue empujando su KTM sobre la llanta trasera para, 'simplemente', poder acabar una etapa y seguir en carrera.
(Imágenes: Instagram Edgar Canet)









