El origen de las café racer

Para conocer el origen de las café racer hay que trasladarse a Londres a mediados del siglo pasado. Entre los jóvenes londinenses de entonces surgió un movimiento que mezclaba motos, “rock’n’roll”, cazadoras de cuero, velocidad y carreras ilegales. Y sus puntos de encuentro eran varios "cafés" de las afueras de la ciudad, que permanecían abiertos en horario nocturno.
Víctor Gancedo
El origen de las café racer
Para ser un Ton Up Boy había que ser rebelde y no tener miedo (o por lo menos aparentarlo). La cazadora de cuero Perfecto de la firma Schott era "obligatoria" entre los Ton Up Boys más auténticos.

En los años 50 del siglo pasado los jóvenes londinenses se revelaron en contra de los viejos valores. Desde Estados Unidos llegaron los pantalones vaqueros, las «chupas» de cuero y el “rock’n’roll”. Y ellos los mezclaron con sus motos preparadas, los "coffee-bar" de la Carretera de Circunvalación Norte (North Circular Road) y el Club 59 o "Fifty Nine" situado al este de Londres. Así nacieron los Ton Up Boys, unos chicos amantes de la música y del riesgo, que presumían de superar las 100 millas por hora a los mandos de sus motos, y las Burn Ups, las carreras ilegales que disputaban por las peligrosas calles y carreteras del entorno de Londres, casi siempre por la noche, cuando el tráfico era prácticamente inexistente.

El origen de las café racer

El Club 59 o "Fifty Nine", situado al este de Londres, era un primer punto de encuentro de los Ton Up Boys antes de entrar en acción. A la caída de la tarde se trasladaban a los "coffee-bar" del extrarradio, que abrían hasta bien entrada la noche.

Con la llegada de la primavera y el buen tiempo, aquellos rockers moteros se reunían al atardecer en varios "coffee-bar" que se localizaban en la London´s North Circular Road. Ataviados convenientemente con sus cazadoras de cuero negro, llegaban deseosos de velocidad y de sensaciones fuertes. Las motos que pilotaban habían sido transformadas con la intención de que fueran más rápidas y efectivas, sin pensar en la comodidad. Los Ton Up Boys parecían no conocer la palabra miedo. La industria británica estaba en plena ebullición y fueron los años dorados para marcas como Triumph, Norton, BSA, Royal Enfield, Vincent o Matchless. Incluso surgieron firmas mestizas como Triton, Norvin, Tribsa, etc., que mezclaban motores de unas con chasis de otras.

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La BSA Gold Star se desarrolló pensando en las Burn Ups. Fue una de las preferidas por los Ton Up Boys debido a su ligereza y simpleza.

No eran motos muy caras, y se reparaban y preparaban en la parte de atrás de las casas o en el garaje de algún amigo. Además de aligerarlas, lo más habitual era acoplarles semimanillares abrazados a las barras de la horquilla y unos estribos retrasados, siempre pensando en que fueran veloces al máximo. Uno de los lugares de reunión más míticos de los Ton Up Boys era el Ace Cafe, fundado en 1938 y reconstruido tras la II Guerra Mundial. Se puede decir que era un área de servicio con gasolinera, bar, taller y lavado, pensado en un principio para dar servicio a camioneros y de ahí que sus puertas estuviesen abiertas hasta bien entrada la noche. Además, el "Ace" no era el único "coffee-bar" en aquel entonces y otros menos conocidos se sucedían a lo largo de la "London´s North Circular Road".

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El Ace Cafe, ubicado en las afueras de Londres, se convirtió en uno de los puntos de reunión de los Ton Up Boys y sus motos.

Así que no era raro que las Burn Ups se disputasen entre distintos “cafés” o también con salida y llegada en el mismo, con el reto en algunos casos de hacer un recorrido antes de que terminase la canción que sonaba en la "Juke Box" del bar y cuyo comienzo suponía el banderazo de salida. Estas carreras ilegales se convirtieron en la clave para que las motos que participaban en ellas comenzasen a llamarse "cafe racer", una denominación que se puede traducir como "corredora de café". Los principales retos de esas motos eran el de alcanzar los 160 km/h y el de lograr medias que superasen 110 km/h, unas velocidades muy altas para la época, teniendo en cuenta el estado de las carreteras de entonces y las características de las máquinas. De ahí que a menudo se produjeran fatales accidentes, con la muerte como resultado, que daban lugar a multitudinarios funerales con largas filas de motos escoltando a los coches fúnebres que transportaban los restos mortales de los pilotos. Era el alto precio que había que pagar por un momento de gloria entre tipos muy duros y amantes del riesgo.

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Muchos Ton Up Boys murieron en aquellos años. Los cortejos fúnebres con grupos de motos escoltando a los coches fúnebres fueron habituales.

Las Burn Ups llegaron a ser muy populares en la década de los 60 y algunas de ellas reunieron a mucho público, con actuaciones en directo de importantes grupos musicales, como unos jóvenes Beatles, que entonces daban sus primeros pasos. Las carreras ilegales eran un fenómeno social muy difícil de parar, que solo el fin de la industria británica de la motocicleta y una gran persecución policial fueron capaces de frenar.

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Los conciertos de rock´n´roll se compaginaban a la perfección con las reuniones de Ton Up Boys. En la foto, unos jóvenes Beatles en 1961.

El movimiento de los Ton Un Boys fue perdiendo fuerza a partir de 1970. La construcción de autopistas supuso el cierre de casi todos los "coffe-bar" y la limitación de velocidad a 70 millas/hora, puso en apuros a muchos de los que aún intentaban superar la barrera de las 100 millas/hora (161 km/h). De este modo, aunque ya muchos Ton Up Boys se habían pasado a las monturas japonesas, la llama de las Burn Ups se apagó definitivamente. Sin embargo, las café racer han perdurado y evolucionado en el tiempo, y hoy en día son motos dignas de admiración y disfrute. Aunque hay muchas más historias que contar, a grandes rasgos así fue el inicio de esta clase de motos, una tendencia que comenzó en la capital de Inglaterra y que rápidamente se extendió por todo el mundo.

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Las carreras ilegales llegaron a contar con auténticos especialistas. Las marcas inglesas y distintos preparadores supieron aprovechar el momento.
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