El día que… Zaragoza acogió la última carrera urbana del Nacional

Hasta finales de años ochenta del pasado siglo, el Nacional de Velocidad se disputó entre bordillos y farolas, y Zaragoza fue la última carrera urbana de la historia.

Juan Pedro de la Torre

Aspar, último ganador del Premio del Pilar de Zaragoza.
Aspar, último ganador del Premio del Pilar de Zaragoza.

Los circuitos urbanos tejieron una tupida red a lo largo y ancho de España que convertía nuestro país en un calendario interminable de carreras. No había localidad, de mayor o menor tamaño, que no tuviera en su programa de fiestas un trofeo de velocidad. Los ayuntamientos se convirtieron en los mayores mecenas del motociclismo, porque nutrieron económicamente a los moto clubes para poder hacer carreras y pagar a los mejores pilotos del país y algunos del extranjero, porque en aquellos tiempos en el que el calendario de los Grandes Premios del Mundial era mucho más reducido que ahora, las carreras internacionales se convirtieron en un excelente complemento para la economía de muchos pilotos.

Gracias a nuestra óptima climatología, los Trofeos, Premios o incluso a veces denominados como Grandes Premios de nuestro país, contaron con muchas estrellas del Mundial que contribuían a elevar el nivel del espectáculo. Y cuando Ángel Nieto se convirtió en campeón del mundo, su sola presencia eclipsaba a cualquier piloto foráneo. Durante casi dos décadas, Nieto se prodigó por los circuitos urbanos españoles, con más que perder que ganar, animando el cotarro y convirtiéndose en el mejor promotor del motociclismo.

Ángel Nieto con su Derbi 50.
Ángel Nieto con su Derbi 50.

En la España de los años cincuenta, donde los circuitos permanentes brillaban por su ausencia, los clubes locales se afanaban por sacar adelante carreras que, en algunos casos, se disputaban en escenarios infames. Pero era lo único que había disponible, porque el primer circuito permanente, el Jarama, no vería la luz hasta 1967. Y tampoco fue la panacea: alquilar la pista para disputar una carrera era muy costoso y apenas tenía espectadores, y por supuesto, no iba a contar con apoyo económico de ayuntamiento alguno. Así que durante mucho tiempo, el Jarama resultó infrautilizado. La actividad seguía estando en las carreras de pueblo.

El GP del Pilar

Una de las ciudades que con mayor fervor abrazó las carreras de motos fue Zaragoza. Siendo una de las grandes capitales nacionales, cuna del motociclismo español –allí se fundó la Federación Española en 1923-, el Moto Club Aragón puso en marcha en 1952 el Gran Premio de las Fiestas de Nuestra Señora del Pilar, en honor a la patrona de Aragón. Por abreviar, se le conocía como el Gran Premio del Pilar o Gran Premio de Zaragoza. Antes, en 1950, Zaragoza formó parte del calendario del primer Campeonato de España disputado a varias carreras, ya que antes se disputaba a prueba única.

Así se convierte en una cita imprescindible del Nacional, y su avanzada ubicación en el calendario hizo que en la mayoría de las ocasiones sirviera de carrera de cierre del Campeonato de España, con todo lo que ello conlleva en cuanto a la emoción en la resolución de los campeonatos. Si a eso sumamos que la temporada mundialista está más que concluida por esas fechas, no es de extrañar que en esa época en la que la climatología seguía siendo suficientemente benigna, muchas estrellas del Mundial acudieran a Zaragoza atraídas por los jugosos premios que llegaban a ofrecerse.

Las carreras se disputaban en un pequeño trazado de solo 1.560 metros de longitud. Por el Parque de Primo de Rivera, actualmente Parque de José Antonio Labordeta, un precioso y recoleto espacio arbolado, al que los zaragozanos llaman familiarmente parque grande, pasaron algunos pilotos como Carlo Bandirola o Mike Hailwood, que lograron repetidas victorias, y la mayoría de los campeones del mundo de sidecares desde los años cincuenta: Eric Oliver, Fritz Hillebrand, Helmut Fath, Max Deubel, Klaus Enders, y otros destacados sidecaristas como Camathias, Auerbacher o Schauzu. Sus victorias les permiten tener un buen recuerdo de la capital maña. Otros tuvieron peor experiencia, como Luigi Taveri. El suizo acudió en 1958 con el equipo Ducati para correr en 125, y tuvo una caída en la que resultó arrollado un espectador, que desgraciadamente falleció. El problema fue que el fallecido era un militar, y a Taveri se lo llevaron “los grises” a comisaría, pasando encarcelado toda la noche hasta que la situación se aclaró con la autoridad. 

El Premio del Pilar fue cumpliendo con su cita de final de temporada durante veinte años, pero después de esa edición, dejó de ser puntuable para el Campeonato de España. No obstante, siguió resultando una cita atractiva, a la que Nieto no faltaba, convertido en el mayor reclamo de la carrera, y estuvo corriendo en Zaragoza hasta 1976, donde sumó su 15ª victoria, en ocho participaciones. No llevaba mala media Nieto…

Ángel Nieto y Borje Jansson en Zaragoza en 1971.
Ángel Nieto y Borje Jansson en Zaragoza en 1971.

Pero a partir de entonces, la carrera dejó de disputarse. Ya en 1975 problemas de toda índole impidieron su realización, pero al año siguiente se consiguió sacar adelante la carrera. Sin embargo, después de 1976 el Premio del Pilar dejó de disputarse, y la velocidad se alejó de Aragón durante casi una década.

El regreso

Para sorpresa de muchos, el Moto Club Aragón decidió recuperar el Premio del Pilar, del que terminó cayéndose el apellido Internacional, y solicitó una prueba del Campeonato de España de Velocidad y el Trofeo Senior en 1985, y la Federación Española dio el visto bueno a la carrera. Pero el Parque de Primo de Rivera ya no estaba para meter las motos de GP de la época, así que se trazó un nuevo circuito en las instalaciones de Mercazaragoza. A pesar de contar con unas enormes limitaciones se convocaron todas las categorías del Nacional: 80, 125, 250 y 500.

Resultó evidente que la pista no estaba para soportar a las potentes motos de 250 y 500, así que al año siguiente solo se disputaron las categorías de 80 y 125, y la Fórmula TT2, mucho más acordes con las características del circuito, que era estrecho, corto y con un asfalto que dejaba bastante con desear. A pesar de ello, en 1987 Zaragoza volvió a incluirse en el calendario del Campeonato de España. El Premio del Pilar parecía disfrutar de una segunda y efímera juventud.

Esa sería la última edición de la carrera, pero al XXVII Premio del Pilar le cabe el honor de ser la última carrera urbana del Campeonato de España de Velocidad. Con Jerez a pleno rendimiento, Jarama muy activo, y un recuperado Calafat tras su cierre judicial, las tres pistas tenían suficiente capacidad para dar salida al Nacional. Además, una vez más quedaron en evidencia las carencias de los trazados urbanos, ya que Luis Miguel Reyes sufrió una grave fractura de tibia y peroné al caerse en los entrenamientos, disputados sobre un asfalto impracticable por culpa de la lluvia. El domingo salió el sol. Jorge Martínez Aspar en 80 y Andrés Sánchez Marín en 125 se llevaron las victorias, en un programa que se completaba con la carrera Senior-Junior 250 ganada por Luis d’Antín, y una emocionante prueba de clásicas en la que Jordi Fornas se impuso por unas centésimas a Ramón Zapater. Aunque el más jaleado ese día fue un joven piloto local, Luis Carlos Maurel, que entró cuarto en 80, sin llegar a ser doblado por Aspar, como le pasó al resto.

Y así acabó la historia de una de las carreras de mayor arraigo en la velocidad nacional, uno de esos escenarios que parecían olvidados, y al que MotorLand Aragón le ha devuelto a la memoria de muchos. En la capital del Ebro no queda un vestigio de esas carreras, pero al menos la entrada de la sala de prensa del circuito de Alcañiz está decorada con fotos de algunas de aquellas memorables carreras. Se agradece.

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