Dorna alcanza los 500 GG.PP: ¿Quién podía imaginarlo?

Hace ahora casi 31 años Dorna hizo se presentó ante los equipos del Mundial. Iba a ser la empresa que se haría cargo de la gestión de los derechos de televisión a partir de 1992.

Juan Pedro de la Torre

Dorna alcanza los 500 GG.PP. ¿Quién podía imaginarlo?
Dorna alcanza los 500 GG.PP. ¿Quién podía imaginarlo?

Cuando la FIM adjudicó a Dorna los derechos de televisión sobre el Campeonato del Mundo de Velocidad en el Congreso de Otoño de la federación, que tuvo lugar en octubre de 1990 en Budapest (Hungría), nadie había oído hablar de Dorna, ni se la vinculaba con el mundo de la moto. Pero lo cierto que esta desconocida empresa de marketing española tenía a sus espaldas un amplio bagaje en gestión de publicidad en otros deportes, como la liga española de fútbol, e incluso en la NBA.

Lo más llamativo en la rocambolesca adjudicación de los derechos es que Dorna dejaba atrás a tres grandes empresas como ISC, compañía de Bernie Ecclestone; IMG (International Management Group), del no menos conocido promotor deportivo Mark McCormack; y Flammini Group, de los hermanos Flammini, promotores de Grandes Premios en Italia y Yugoslavia, y del Mundial de SBK. Cuando el presidente de la FIM, el holandés Jos Vaessen, anunció que Dorna había hecho la oferta más alta -30 millones de dólares de la época-, se armó la revolución en Budapest.

Aquello casi le cuesta el puesto a Vaessen, que había accedido a la presidencia de la FIM solo un año antes. Vio tan contestada su gestión, porque fue él personalmente quien llevó a cabo las negociaciones, que temió que su propuesta no saliera adelante. Desde la Federación Italiana protestaron airadamente asegurando que una de las otras compañías –presumiblemente Flammini- había llegado a ofrecer 32 millones, cosa que no era cierta, pero exigió una votación secreta para ratificar la gestión del presidente y la aprobación de su propuesta. El plebiscito favoreció totalmente a Vaessen y la propuesta de Dorna: 66 a favor, 17 en contra, y cuatro abstenciones.

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Al día siguiente, Francesco Zerbi, que entonces era vicepresidente y años después sería el hombre que sucedería a Vaessen al frente de la FIM, anunció su dimisión en muestra de desacuerdo con el presidente, pero este no se la aceptó, mostró su plena confianza en él, y dio el asunto por zanjado con un rotundo apretón de manos. Casi como el abrazo de Vergara…

Es la guerra

Pero el asunto no quedó zanjado, ni mucho menos. La decisión de la FIM agitó un avispero en el que estaban IRTA (Asociación de Equipos), ROPA (Asociación de Promotores de Carreras), la empresa de Ecclestone, y las multinacionales tabaqueras, que entonces los principales patrocinadores en los Grandes Premios. Había una oposición frontal a Dorna.

A lo largo de los meses siguientes italianos y anglosajones formaron un frente común contra la empresa española, y el Mundial de 1991 se convirtió en escenario habitual de rumores y comentarios sobre la reactivación del fantasma de las World Series, el pretencioso campeonato paralelo al Mundial que quedó enterrado en el invierno de 1979 por la hábil gestión de Nicolás Rodil del Valle, entonces presidente de la FIM. Lo cierto es que buscaban alternativas al contrato que, con toda justicia se había adjudicado Dorna, y lo cierto es que la situación, en términos legales, era tan compleja como para buscarle las cosquillas a cualquiera.

La verdad es que aquello era un enredo de película. En 1988 la FIM firmó un contrato con la compañía Motomedia para que esta gestionara los derechos de televisión, un acuerdo que llegaba hasta 1991, y que la FIM no quiso prorrogar, dando paso a la puja que terminaría ganando Dorna. En su momento, Motomedia adjudicó los derechos a ISC, que además tenía un contrato con IRTA, que a su vez había formado Motomedia en asociación con ROPA y el soporte económico de las tabaqueras…

Vergüenza ajena

El 11 de mayo de 1991, en la víspera de las carreras del Gran Premio de España, en Jerez, la FIM organiza una rueda de prensa para presentar formalmente a Dorna. Aquello debía ser un sencillo encuentro informal, una sencilla charla de presentación, en tono amigable y distendido, para que la prensa pudiera poner cara a esa desconocida empresa española.

Acompañados por Jos Vaessen y Oriol Mauri, presidente de la federación española, los representantes de Dorna se sentaron frente a una concurrida y heterogénea audiencia compuesta por periodistas, miembros de los equipos más importantes, y patrocinadores. Allí estaban, con evidente sorpresa dado el inusual interés despertado, José Antonio Guimaraes, Carmelo Ezpeleta, Jaume Roures y Gerard Romi, que seguramente no se esperaban el chaparrón de hora y media de preguntas hostiles y comentarios preconcebidos que les dispensaron, con algunos representantes de las taqueras, como Leo de Graffenreid (Marlboro) y David Beck (Rothmans), entremezclados con los asistentes, azuzando a algunos periodistas.

Resultaba imposible no sentir vergüenza ajena ante semejante comportamiento, que ponía en duda la capacidad de aquella –para ellos- desconocida compañía, por el simple hecho de ser española. No hay que olvidar que en aquellos días el campeonato vivía bajo la hegemonía anglosajona de los grandes equipos de 500.

Años después, cuando tuve la oportunidad de recordar aquel momento con Carmelo Ezpeleta, el ahora consejero delegado de Dorna Sports esbozó una sonrisa: “Recuerdo ese momento perfectamente. Y muchos de los que se opusieron a nosotros ahora son unos de nuestros mejores aliados y amigos. Yo me acuerdo muy bien, y no lo diré nunca, quienes estaban al otro lado diciendo que no era posible que una empresa española llevara aquello…”. Las vueltas que da la vida, ¿verdad?

Ruido de sables

Visto lo sucedido en Jerez, era evidente que las “fuerzas vivas” del campeonato no estaban dispuestas a dar su brazo a torcer. No dudaron en plantear un golpe de estado, en desenterrar el fantasma de las World Series, que yacía bajo las grandes paladas de tierra que le echó Rodil del Valle años atrás. ISC y la asociación de patrocinadores, con Marlboro, Rothmans y Lucky Strike a la cabeza, conspiraron para desestabilizar el campeonato: “Dorna nos inspira tan poca confianza que hemos congelado nuestro planes para el futuro inmediato. ISC no es una compañía perfecta, pero con Bernie Ecclestone sabemos dónde estamos”, dijo David Beck en el Gran Premio de Italia, una semana después de la visita a Jerez. Sin decirlo, Beck casi parafraseaba las célebres palabras de Roosvelt sobre Tacho Somoza, el dictador nicaragüense, “sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, que también emplearía Kissinger años después con el hijo de aquel.

Todos estos movimientos llegaban en un momento incierto para el Mundial, con la categoría de 500 sumida en una severa crisis, con pocas motos en pista y frecuentes lesiones entre los pilotos de cabeza que eran frecuentemente maltratados por sus salvajes. Todo tenía mala pinta para Dorna, que en 1992 aterrizaría en el campeonato, o lo que quedara de él. Pero los ejecutivos españoles apenas habían abierto la boca hasta ese momento, y llegó el día que empezaron a tomar decisiones.

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Dorna alcanza los 500 GG.PP. ¿Quién podía imaginarlo?

Se había programado para el 16 de junio el Gran Premio de Yugoslavia, organizado precisamente por Flammini Racing, pero la guerra ya había estallado en los Balcanes y la carrera se anuló. La FIM buscó un sustituto y Dorna se ofreció a hacerse cargo de la prueba en el Jarama, un feudo sobradamente conocido para Dorna ya que Ezpeleta había ejercido como director del circuito hasta su incorporación a Dorna, solo unos meses antes. Tanto la FIM como Flammini aceptaron, y en solo dos semanas Dorna sacó adelante el Gran Premio de Europa, que resultó una carrera ejemplar: “Hemos disfrutado del más alto nivel de colaboración que nunca ha existido entre un organizador y los grandes equipos. Ha sido como el Mundial que siempre hemos soñado”, dijo Mike Trimby, secretario general de IRTA. De pronto, la visión que tenían algunos respecto a Dorna comenzó a cambiar.

Se había ganado una batalla pero no la guerra, porque la asociación de patrocinadores, capitaneada por Marlboro y Rothmans a la cabeza, seguía torpedeando. Con una asombrosa capacidad de reacción, una extraordinaria habilidad para negociar, y una prodigiosa intuición, Ezpeleta y su equipo dieron los pasos necesarios para apaciguar a los sediciosos. Por el paddock circulaba el rumor de que se iba a presentar el campeonato paralelo el 6 de septiembre, durante el Gran Premio de Le Mans, que sustituía al cancelado GP de Brasil. Anticipándose a la jugada, Dorna organiza una reunión con los patrocinadores, sin Marlboro y Rothmans, y presenta su proyecto de Mundial. Unas semanas después, la FIM amplía el acuerdo con Dorna, que además de los derechos de televisión adquiere también los de publicidad y marketing.

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Dorna alcanza los 500 GG.PP. ¿Quién podía imaginarlo?

Queda el último eslabón, el todopoderoso Bernie Ecclestone. Aprovechando la presentación del Circuit de Catalunya, Dorna, Ecclestone y la FIM firman un acuerdo por el que Two Wheels Promotion (TWP), la nueva empresa de Ecclestone dedicada a las dos ruedas, y Dorna pasan a hacerse cargo de la gestión del campeonato por un periodo de diez años, con la FIM tomando las riendas de la parte deportiva.

A cuenta de este nuevo acuerdo, Zerbi volverá a enfrentarse a Vaessen en el Congreso de Otoño de la FIM de Christchurch (Nueva Zelanda). Incluso consiguió que el Congreso lo rechazara, pero el contrato ya estaba firmado y bendecido. Los revoltosos fueron vencidos, y en 1992 Dorna tomaba las riendas del campeonato, primero de la mano de TWP y pocos años después definitivamente en solitario. Su estreno fue en Suzuka, hace treinta años, y ahora en Austin celebran 500 GG.PP como organizador del Mundial. ¿Quién lo habría imaginado solo unos meses antes?

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