¿Por qué Joey Dunlop es eterno?

Este norirlandés marcó época en las carreras de carretera, especialmente en el Tourist Trophy de la Isla de Man

Joey Dunlop en la Isla de Man. Fuente Gold & Goose
Joey Dunlop en la Isla de Man. Fuente Gold & Goose

"Realmente, nunca quise ser una súper estrella. Solo quería ser yo mismo. Espero que esa sea la forma en que la gente me recuerde". Estas palabras de Joey Dunlop definen perfectamente la personalidad de este racer que hizo historia en el motociclismo de carretera, ese que esconde peligros de muerte en cada curva. 

Y es que responder a la pregunta que da título a este texto es muy fácil si se presencia cualquiera de las exhibiciones que este norirlandés dio en el Tourist Trophy de la Isla de Man o en cualquiera de las otras pruebas míticas en las que participó y que no se corrían en circuitos. De ese modo no será necesario saber ni su gran palmarés, ni preguntarse por qué no se batió con los grandes campeones de la velocidad que eran coetáneos a él, simplemente hay que deleitarse con su manejo de la moto por lugares en los que cualquiera frenaría temiendo por su vida. 

Los grandes logros de Joey Dunlop

No obstante, como para muchos lo importante son las victorias, más allá de lo que un piloto haga sentir sobre la moto, no hay más que remitirse a su espectacular palmarés. No es de extrañar que le apodaran King of the roads ya que atesoró las siguientes carreras: 

  • 26 triunfos en el Tourist Trophy, lo que supone un récord complicado de igualar, aunque si alguien lo puede hacer, será su sobrino Michael Dunlop, que cuenta con 18.
  • 24 triunfos en el Gran Premio del Úlster. 
  • 13 victorias en el North West 200.
  • 5 veces campeón del mundo de Fórmula TT.
  • y 162 victorias en otras carreras, la gran mayoría disputadas en carreteras de todo el mundo.
Joey Dunlop en la Isla de Man en 1987. Fuente Gold & Goose
Joey Dunlop en la Isla de Man en 1987. Fuente Gold & Goose

Joey Dunlop es eterno

Más allá de todos esos logros, Joey Dunlop se convirtió en un mito de Irlanda del Norte por su modo de conducir, por la manera en que afrontaba el peligro en cada una de las competiciones que disputaba y por su innegable carisma. Él mismo no quería ser una súper estrella, solo sentir la competición y superar los límites, algo común a toda su familia. “Creo que es donde gano un poco, porque los muros asustan a mucha gente, pero yo no les temo. Puedes pasar bien entre ellos aunque puedes golpearte el casco con la pared porque estás demasiado cerca”, declaró cuando repetía triunfos en la Isla de Man.

Esa pasión y esa carencia de temor, sumados a las supersticiones que tenía (como llevar siempre el amarillo en el casco) provocaron que fuera uno de los pilotos más seguidos y queridos fuera del mundial. No importaba que no se las viera con los Rainey o los Doohan de turno, pues probablemente ninguno de ellos le hubiera ganado en su terreno.

Y precisamente fue ese terreno el que se llevó su vida, aunque no en las Islas Británicas ni en los circuitos que se sabía como la palma de la mano, sino en una carrera en Tallin (Estonia), donde ya había ganado dos pruebas. Tenía 48 años y fue tal la repercusión de tan fatídico hecho que la televisión de Irlanda del Norte retransmitió el funeral en directo. Al mismo acudieron más de 50.000 personas que consideraban a Joey Dunlop, el hombre que ponía cervezas en el pub de su barrio, el mejor piloto de todos los tiempos. ¿Alguien duda de que será eterno?

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