Suzuki y Schwantz, el binomio inolvidable

No fueron los que más ganaron, pero aún es uno de los equipos más recordados por los aficionados de todos el mundo.

Kevin Schwantz sobre la Suzuki. Fuente: Fold & Goose
Kevin Schwantz sobre la Suzuki. Fuente: Fold & Goose

En el Campeonato Mundial de MotoGP hay muy pocos números retirados y uno de ellos es el 34 del estadounidense Kevin Schwantz. Fue el modo en que se honró la carrera de uno de los mejores pilotos de todos los tiempos, a pesar de que solo ganó un mundial a lomos de su eterna Suzuki en las diez temporadas que lo disputó.

¿Y por qué está considerado uno de los grandes cuando otros muchos han conseguido reinar y, sin embargo, no son tan recordados? Porque lo hizo en una época dominada claramente por las Yamaha y las Honda, las cuales, todo sea dicho, también estaban lideradas por pilotos tan legendarios como Eddie Lawson, Wayne Rainey e incluso Mick Doohan.

Suzuki - Schwantz, el binomio perfecto

Muchos argumentan, no sin razón, que si el piloto de Texas hubiera recalado en los equipos de las dos grandes marcas del mundial (son las que más victorias tienen con diferencia) su palmarés hubiera sido más nutrido, peleando en igualdad de condiciones con los demás pilotos de su generación.

Sin embargo, también es cierto que hubiera perdido ese halo mítico que tiene el haber corrido siempre para Suzuki a pesar de tener unas de las manos más privilegiadas del Mundial. Suyas fueron declaraciones como “Me solía gustar la lluvia porque sentía que hacía que mis motos fuesen exactamente iguales que las de los demás. En ese momento se convertía en una batalla de piloto contra piloto”.

Suzuki, menos presupuesto

Tal y como recordaba Dennis Noyes en un artículo de Motociclismo, a finales de los años 80 y principios de los 90, el presupuesto de Suzuki (y sus patrocinadores) era menor que el de Yamaha y Honda, que se iban repartiendo los mundiales ayudados además por los principales patrocinios (por entonces las marcas de tabaco).

No en vano, el propio Schwantz llegó a reconocer su interés por fichar con Yamaha después de que Lawson se fuera de esta marca tras ser campeón del mundo para repetir título con Honda. Además, la afrenta fue mayor por el simple hecho de que el archienemigo de Schwantz, Wayne Rainey, no solo se convirtió en el líder de Yamaha, sino que consiguió reinar tres años consecutivos en el Campeonato.

Kevin Schwantz liderando. Fuente: Fold & Goose
Kevin Schwantz liderando con su Suzuki. Fuente: Fold & Goose.

Reto conseguido

Sin embargo, ni Schwantz ni Suzuki se rindieron. Los japoneses lograron evolucionar la moto y consiguieron un mejor patrocinio, mientras que el texano seguía dando espectáculo en cada carrera, batiéndose el cobre contra sus compatriotas estadounidenses y con los australianos. De hecho, como bien recordarán los aficionados más veteranos, los mejores highlights los protagonizaba habitualmente Schwantz, convirtiéndose en uno de los pilotos favoritos del campeonato -si no el que más-. 

Así que llegó 1993 y la Suzuki comenzó como un tiro en manos del hombre que mejor conocía aquella moto. Iba a ser complicado mantener ese inicio ante las poderosas Yamaha y las Honda que dominarían nueve de los diez mundiales siguientes.

Schwantz y Suzuki aguantaron hasta el final, “ayudados” por el accidente de Rainey, un hecho que a la postre afectó al propio Schwantz, que dos años más tarde se retiró del mundial aún afectado por el daño sufrido por su gran rival y a menudo enemigo. Eso sí, lo hizo montado en una Suzuki y con el número 34. Como no podía ser de otra manera.

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