Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

Un día después del estallido de su relación, faltó otro estallido en la celebración de la victoria.

Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?
Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

No te quedes donde no quieran que estés, dicen sobres de azúcar y publicaciones igual de edulcoradas a lo largo y ancho de las redes sociales. Debajo del topping de postureo que la recubre, la frase es un mantra para la vida, y Andrea Dovizioso lo sabe. Ducati también.

Hace ya mucho tiempo que Dovizioso dejó de ser la prioridad en la vida de Ducati. Ya cuando Jorge Lorenzo ganó en Mugello 2018 para bajarse de la Desmosedici y decir a la marca italiana eso de ‘es demasiado tarde, princesa’, en el box rojo se instaló la sensación de que podían haber podido equivocarse en su elección de priorizar al de Forlí sobre el español.

Una sensación que no ha dejado de hacerse más grande al ver que, desde aquel 2017 en el que soñaron juntos con el título de MotoGP, la producción del 04 ha ido descendiendo paulatinamente, perdiendo sus feudos hasta quedarse con Qatar y Austria el curso pasado. La mejor prueba de que dejó de ser prioridad es que, nada más acabar 2019, Ducati se puso manos a la obra acometiendo intentos (frustrados) de fichajes. Aparte de Marc Márquez, sonaron Fabio Quartararo, Maverick Viñales, Joan Mir y quién sabe cuántos más. Ante la sucesión de negativas, confirmaron a Jack Miller y pausaron la decisión sobre su compañero.

Al mismo tiempo que Ducati estaba convencida de tener la sartén por el mango de todo el mercado -incluyendo a Dovi- ante la ausencia de otras motos competitivas, un goteo constante de desaires de diversa índole llenaba el vaso de la paciencia de Dovizioso; y todo ello al mismo tiempo que Marc Márquez se lesionaba, recaía y dejaba abierto un ventanal al título de MotoGP 2020.

El panorama estaba comenzando a resultar un tanto dantesco: por un lado, tenían delante el viaje de sus sueños y, por el otro, la relación estaba haciendo aguas de forma cada vez más evidente e irreversible. En Ducati sentían que Dovizioso estaba en declive y Dovizioso más de lo mismo.

Había ya solo dos opciones: o bien seguir por inercia un año más ante la ausencia de una solución mejor, o bien cortar por lo sano antes de que todo fuese a peor y quedase, al menos, un bonito recuerdo. Lo que sucede es que los billetes para el último viaje ya estaban comprados, y ambas partes están deseando llegar. Aunque sea juntos. El destino es demasiado goloso como para no estirar el chicle unos meses más.

Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

Hasta entonces, irán saltando de circuito en circuito paseando un amor con fecha de caducidad, desde la tranquilidad de saber que ya no hay ataduras. Como un matrimonio que duerme en habitaciones separadas, guardarán en el box una distancia a prueba de Covid-19 mientras de puerta hacia fuera mantendrán las formas y, si toca celebrar algo por el camino, se plantarán algún beso en la parte de la mascarilla donde se supone que está la mejilla.

Eso pasó en Austria. Tras haberse quitado un lastre de encima imposible de cuantificar en décimas por vuelta, paseó por los bosques de Austria con su caperucita roja hasta hacerse con la victoria, días después de cumplirse un año desde la anterior. Un año de distanciamiento progresivo entre piloto y marca que acabó con el estallido que sí fue y el que debió ser y no fue.

El estallido que sí fue sucedió en los despachos, cuando Simone Batistella confirmaba el no definitivo de Dovizioso a la renovación. Un día después, cuando Dovizioso se reivindicaba con una nueva victoria para devolver a Ducati a lo alto del podio, se produjo el no estallido: de júbilo. Un silencio atronador se adueñaba de un ambiente donde los excesivamente tímidos aplausos de la plana mayor de Ducati Corse no cumplían ni la misión de cara a la galería.

Fue el equivalente al beso en la mejilla que se da por compromiso una pareja que está rota cuando todo el mundo mira. El pacto tácito del ‘aquí no ha pasado nada’ cuando hasta el apuntador conoce el chisme y aprueba la farsa con la mirada por el bien común mientras piensan: ‘pobres, se quieren pero ya no se soportan’.

Esa es la realidad. La 14ª victoria de Dovizioso con Ducati tuvo muy poco que ver con las 13 anteriores, porque fue la primera desde que se activó la cuenta atrás de la despedida. La situación que se genera no puede ser más extraña: ambas partes odian la tensión de una celebración así, pero están deseando que no sea la última.

Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

Andrea Dovizioso y Ducati: un beso y ¿una flor?

Todavía está muy fresca esa ruptura, por mucho que sea en diferido. Seguramente, en las próximas semanas la situación se destensará y alcanzará una especie de nueva normalidad donde el objetivo común dejará todo en un segundo plano: en mitad del último beso en Portimao, coronar la relación con un clavel rojo Ducati en el trofeo de MotoGP y poder despedirse como cantaba Nino Bravo: “Al partir, un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós".