Pecco Bagnaia, el discípulo amado de Valentino Rossi

No hace falta escucharlo de su voz para saber que el continuador de su legado es el de Ducati.

Pecco Bagnaia dando rueda a Valentino Rossi en Valencia
Pecco Bagnaia dando rueda a Valentino Rossi en Valencia

Mulier ecce filius tuus [...] ecce mater tua’. En esas siete palabras dejó Jesús de Nazaret su testamento antes de despedirse. La traducción sería “mujer, ahí tienes a tu hijo […] Hijo, ahí tienes a tu madre”. La frase iba dirigida a su madre y al que en el evangelio se identifica como ‘el discípulo que Jesús amaba’ o ‘discípulo amado’. La versión más extendida es que se trataba del apóstol Juan, pero no han consenso al respecto.

No habrá lugar a la interpretación en el caso de Valentino Rossi. En los últimos dos milenios la humanidad ha avanzado lo indecible a la hora de registrar lo sucedido y lo que entonces eran manuscritos hoy son infinidad de horas de vídeos, audios y textos. Han pasado 24 horas de su despedida y millones de personas a lo largo de todo el mundo lo han visto, oído, leído y, en el caso de quienes estaban allí, incluso olido y saboreado.

Rossi no necesitó palabras. Nunca las ha necesitado. La religión que ha ido creando durante el último cuarto de siglo siempre se ha nutrido de símbolos, como el color amarillo o el 46. Y desde que empezó a acoger discípulos en su seno, empezando por Marco Simoncelli, siempre se ha mostrado igual con todos ellos.

Ha pasado durante años predicando en su rancho, con todos ellos atentos a cada una de sus enseñanzas para evolucionar como pilotos y continuar con su obra cuando él no estuviera. Un día que, aunque parecía imposible, por fin ha llegado. Todos estaban preparados y, en su última misa, decidieron honrarle con algunos de sus cascos más emblemáticos.

Pecco Bagnaia con el casco homenaje a Valentino Rossi tras ganar en Valencia
Pecco Bagnaia con el casco homenaje a Valentino Rossi tras ganar en Valencia

Ahí terminó la igualdad entre ellos. La pista puso a cada uno en su sitio, y a Pecco Bagnaia le puso en el lugar que se ha ido ganando a pulso a lo largo de estos años: en el lugar de privilegio dentro del rossismo. El del discípulo amado.

Hoy, aquel piloto que no pudo puntuar en su año de debut con la FTR Honda del Team Italia es subcampeón del mundo de MotoGP.

Hoy, el hijo pródigo que salió del Sky VR46 tras ser totalmente superado por Romano Fenati para volver hecho un hombre de Mahindra es la punta de lanza de Ducati, la marca que domina MotoGP.

Hoy, el piloto que tras subir como campeón de Moto2 apenas sumó un centenar de puntos en dos temporadas, ha cogido el testigo como gran esperanza del motociclismo italiano para volver a poner el nombre de uno de los suyos en el trofeo de MotoGP.

Desde la humildad, Bagnaia se ha hecho grande. Tanto que, tras haberse erigido como el más rápido del último tramo de temporada, no dudo en ofrecer su rueda a su maestro Rossi para llevarle hasta la Q2 en su último sábado. “Es lo mínimo que puedo hacer por él”, aseguraba después.

En carrera, con el casco de ‘Che spettacolo’, se encargó de que en la despedida de Valentino Rossi de MotoGP sonase el himno italiano tras vencer en otra carrera magistral. Se centró en sí mismo hasta la bandera a cuadros, como siempre hizo Rossi, pero después volvió a su rol de discípulo.

En lugar de buscar el protagonismo que su rendimiento en pista le otorgaba, se retiró a un discreto segundo plano para ser uno más en la fiesta de su maestro. No hace falta escucharlo de su boca. Con sus gestos, Valentino Rossi ha dejado claro quién es su discípulo amado.

El mensaje está claro: Yellows, ahí tenéis a vuestro Pecco […] Pecco, ahí tienes a tu grada.

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