Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

Su talento innato le hizo leyenda, pero era tan grande que su ambición nunca lo pudo superar.
Nacho González -
Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios
Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

En 2012, la bandera a cuadros que ondeaba al final de la carrera de MotoGP en el Ricardo Tormo generaba unas corrientes de aire diferentes. Acostumbrada a echar el telón de la temporada, nunca antes había corrido la última cortina en la carrera deportiva de un piloto tan legendario como Casey Stoner.

El cielo hizo de la lluvia su forma de protesta y sirvió una carrera impredecible, como queriendo recordar al australiano lo que iba a perderse. Él, con la cabeza ya en su caña de pescar, decía adiós a un mundo en el que lo había sido todo. Al menos todo cuanto había querido: bicampeón de MotoGP con dos marcas distintas, algo reservado a un puñado de elegidos.

Ahí estaba él: con 27 años recién cumplidos, colgaba el casco. A esa edad, su referente Mick Doohan todavía no había empezado su colección de títulos. No se despidió ganando, pero lo hizo en el podio tras una remontada memorable hasta la tercera posición. Quizá fuera mejor así: su última victoria fue en Phillip Island, como en los cinco años anteriores. Su Phillip Island: rodeado de agua, se sentía como pez en el ídem. Allí, un año antes, había sido campeón por segunda vez, ganando y en su 26º cumpleaños.

De ahí que en Valencia el puesto fuera lo de menos: quienes se congregaron allí lo hicieron sabiendo que probablemente no volverían a ver a ese controvertido piloto de talento irrepetible. Se especuló muchas veces con un posible retorno, y en alguna ocasión estuvo cerca.

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La única manera de retornar a Stoner es la videoteca. Ni siquiera los test a los que ha acudido en sus labores de probador –a veces hasta coincidiendo con sus otrora rivales- han calmado un ápice la sed que dejó su marcha. Desde el respeto a su decisión, todo aficionado se pregunta cómo hubiera sido MotoGP desde 2013 hasta hoy con él. Si hubiera permitido que Marc Márquez coleccionase títulos hasta ponerse a la altura de Doohan.

Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

La única certeza es que, con Stoner en pista, la parrilla de la clase reina tendría más talento del que ya desborda. Porque si en algo coincide cualquier que le haya visto pilotar es en esa palabra: talento. Para muchos, el piloto con el mayor don innato para ir rápido en moto de las últimas décadas.

Tan grande es su talento que su ambición nunca pudo mantenerse a la altura. Llegar sí, mantenerse no. No es casualidad que los dos títulos de MotoGP 2007 y 2011 que adornan sus vitrinas fuesen logrados en su primer año con Ducati y Honda, respectivamente. Eran años donde las ganas de demostrar que era el mejor pusieron su ambición a la altura de su talento, volviéndose inabordable para otras leyendas como Valentino Rossi, Jorge Lorenzo o Dani Pedrosa.

Conseguido el hito, lo tachaba de su lista y su ambición se resentía. No es que desapareciese de golpe, es que no llegaba al mismo nivel del momento de coronar una nueva cumbre. Y para perpetuarse como un dios del motociclismo es necesario capital que la ambición nunca quede por debajo del enrase del talento.

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En 2012 la ambición de Stoner no desapareció: cambió de escenario. No era dios, era un ser humano que decidió entregarse a su familia. De su amor por Adriana, gestado en un circuito, llegó Adriana y transformó a ‘Stoner, el bicampeón del mundo de MotoGP’ en ‘papá Casey’. Motivo suficiente para cruzar el muro y cambiar la adrenalina del motociclismo de competición por la quietud de los estanques australianos.

De vez en cuando siguió enfundándose el mono para quitarse el ídem, conservando la ambición suficiente como para seguir marcando tiempos por vuelta que evidencian que su talento sigue intacto después de años alejado de la competición. Su conato de retorno en las 8 horas de Suzuka fue la prueba de que nunca se fue del todo, y el desastroso resultado del experimento quizás fuese el último empujón que necesitaba para mantenerse lejos.

Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

Casey Stoner, el talento que renunció a ser dios

Cada año que pasa, la esperanza de volver a ver algún día a Stoner en una carrera de MotoGP se van desvaneciendo en el horizonte como una onda en un estanque australiano. Una esperanza que comenzó teniendo una base real y que con los años se fue tambaleando hasta tornarse en utopía.

Desde fuera cuesta asumirlo, pero no hay otro remedio: Stoner renunció a ser un dios del motociclismo.

Al fin y al cabo, los auténticos dioses del motociclismo se pueden contar con los dedos de la mano. Stoner tenía el talento necesario para haber intentado llegar al más selecto olimpo de las dos ruedas, pero su ambición estaba en algo mucho más humano. Quién sabe, quizás sea el humano con más talento que se ha subido a una moto.

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