La zona verde de MotoGP y la barra del VAR

2020 está siendo el año de las polémicas sanciones en MotoGP: nadie está conforme con su aplicación.

Jorge Martín a punto de entrar en meta delante de Marco Bezzecchi
Jorge Martín a punto de entrar en meta delante de Marco Bezzecchi

Se nos ha ido de las manos. La impartición de justicia en los grandes premios, digo. Un propósito encomiable, por supuesto. Y cada día peor ejecutado, eso también. En el Red Bull Ring hemos vivido el colmo del absurdo, dos veces en una semana.

Lo sucedido en el Gran Premio de Austria de Moto3 ya fue de traca: Ai Ogura entró tercero pero le sancionaron con perder un puesto por pisar el verde la última curva. No ocupó su puesto Darryn Binder, cuarto en meta: el sudafricano había tocado el verde dos veces en el giro final. Celestino Vietti, que había entrado tras él, fue llamado al parque cerrado para heredar su posición en el podio. Instantes después, le sacaron de allí. También había pisado fuera.

Las cámaras se giraron hacia el escocés John McPhee, que estaba en su box creyendo que había terminado en sexta posición. De repente, le dijeron que tenía que irse hacia el podio. Creyó que le estaban vacilando, claro. En carrera le habían separado tres puestos y más de tres décimas de subirse al cajón, y acabó en él. No fue el único: un carrusel de sanciones provocó numerosos intercambios de posiciones en la clasificación de la carrera y alguna paradoja: pese a la sanción, Vietti no perdió ninguna posición: entró quinto y fue quinto. En base a las sanciones, tendría que haber acabado sexto (5+1), pero Binder también (4+2), así que conservó el puesto. Ergo no fue sancionado.

Otra paradoja de esa misma carrera: Gabri Rodrigo y Jeremy Alcoba cruzaron la meta juntos, separados por siete milésimas. En la clasificación, el argentino fue 11º y el español 14º. Para tener una visión más general, esta es la tabla de dicha carrera con la variación de posiciones respecto al orden en el que pasaron la bandera a cuadros:

Moto3 aut
Clasificación de la carrera de Moto3 del GP de Austria 2020.

Las carreras ya no duran de semáforo a bandera, ahora van de semáforo a despacho. Pasan por la ajedrezada y no saben si la posición que ocupan variará en los minutos siguientes. Que se lo digan a Jorge Martín, que tras contener la increíble remontada de Marco Bezzecchi para entrar triunfal por solo 60 milésimas vio cómo le arrebataban la victoria en el Gran Premio de Estiria por haber pisado ligeramente el verde en la última vuelta, con el agravio comparativo de que su rival había seguido una trayectoria casi idéntica a su estela. Pisó un poco menos, sí, pero pisó.

Con la norma en la mano, se puede considerar que Martín tuvo las dos ruedas enteras en el verde a la vez y Bezzecchi no. ¿Fue justo? Parece que no.

La justicia se representa con una balanza por algo. Sin embargo, el panel de comisarios de la FIM ha convertido esa balanza en una catapulta en la que dejan caer el peso de la literalidad de la norma en un lado de la misma con tal fuerza que, en el otro lado, el sentido común salta por los aires.

Para colmo, algo más de una hora después no sancionaron a Pol Espargaró cuando aceleró por fuera de la pista para salvar el tercer puesto después de haberse tenido que ir largo al encontrarse a Jack Miller por el interior. Claro que no ganó tiempo ni posiciones, pero perdió menos del que hubiese perdido si no aprovecha la enorme escapatoria asfaltada. ¿Hubiese sido justa una sanción? Seguramente tampoco, pero una vez más el agravio comparativo ya está ahí.

Sorprendente final de carrera con victoria para Miguel Oliveira por delante de Jack Miller y Pol Espargaró.
Pol Espargaró se salió más allá incluso de la zona verde.

Este revisionismo milimétrico es algo inaudito en el motociclismo, que normalmente ha pecado de lo contrario. Cabe recordar el que seguramente sea el caso más flagrante de inacción: en la última carrera de 1998, Loris Capirossi llegaba con cuatro puntos sobre Tetsuya Harada. Es decir, el japonés dependía de sí mismo para ser campeón. Capirossi optó por la solución más sencilla: tirarle al suelo. Una acción descarada ante la que todo el mundo miró para otro lado y, entre el halo de bochorno que recubría el paddock, Capirossi fue investido campeón.

¿Cómo se ha pasado de aquello a esto? Seguramente por la influencia de la tecnología y el ejemplo de otros deportes. El tenis, por ejemplo, introdujo el ojo de halcón para saber si una pelota toca la línea o no. Un éxito absoluto. El fútbol, recientemente, ha introducido el VAR (Video Assistant Referee, o árbitro asistente de vídeo en español) con dudosos resultados debido a la subjetividad de muchas decisiones.

Ahora, el motociclismo ha querido aplicar un ojo de halcón para determinar si un piloto toca el verde con las dos ruedas, aderezado con un VAR para establecer si la infracción merece sanción o no en función de las consecuencias.

¿El resultado? Un dislate.

Han conseguido algo muy meritorio: todos están de acuerdo en que la aplicación del sistema no está siendo nada justa. No solamente no hay criterios previamente definidos, es que ni siquiera se aprecia un atisbo de uniformidad en la aplicación los mismos.

La intención de la norma, que no es otra cosa que nadie aproveche los exteriores de la pista para ganar tiempo, es realmente noble. Su aplicación está siendo, como poco, sonrojante. Es cierto que está propiciando muchos debates, pero no creo que sea eso lo que se busca. Es más, espero que no sea eso lo que se busque, porque el motociclismo es un deporte con tantos matices que no necesita las polémicas para llenar horas de conversaciones. Se basta y se sobra.

Por eso hace falta una solución, y cuanto antes mucho mejor. Cuanto más se tarde, más crecerá el malestar general dentro del paddock y más se alimentarán las conspiranoias por las redes sociales.

Es triste que, en una de las temporadas más extrañas, emocionantes e imprevisibles que se recuerdan, estemos dedicando tanto tiempo a la polémica por los numerosos rearbitrajes. Se está hablando demasiado del panel de comisarios de la FIM y eso no puede ser buena señal. Hay que devolver el motociclismo a sus protagonistas, que son los pilotos.

Porque, de entregar un título mundial a un tipo que ha tirado adrede a su rival para conseguirlo a arrebatar una victoria a alguien que ha acariciado los límites de la pista al final de un piano media un abismo. Urge que MotoGP encuentre el punto medio para que el motociclismo vuelva a ser un tema de barra de bar y no de VAR.

Última curva del GP de Estiria

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Pol Espargaró vs Jack Miller vs Miguel Oliveira

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La polémica acción que ha arrebatado la victoria a Jorge Martín.

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