BIMOTA DB7

ORFEBRERÍA. Un reloj de lujo marca la misma hora que mi reloj japonés digital. Un utilitario coreano me lleva al mismo sitio que un Ferrari. Una Bimota de 26.800 euros quizás no sea 5.500 euros más eficaz que una 1098 S con la que comparte motor. Pero la vida está hecha para disfrutar los sueños...
Pere Casas. Fotos: Bimota/J. Cortés -
BIMOTA DB7
BIMOTA DB7

Para la crónica de esta presentación mundial de la Bimota DB7 tengo dos noticias buenas y una mala. La mala es que se ha celebrado en Misano, y alguien decidió cambiar su sentido de giro: ahora va del revés. La pista de Santa Monica era muy divertida. Ahora es simplemente difícil y exigente, y hasta peligrosa, porque el trazado llega siempre a contramano, con frenadas en curva desde altísima velocidad y «recortando» que han colgado a alguna moto en las tribunas... Por suerte, las buenas noticias son dos: la primera, que Bimota está de verdad de vuelta entre las marcas por las que vale la pena gastar dinero, y la segunda, que la nueva DB7 con motor Ducati 1098 S de nada menos que 160 CV cuesta sólo 26.800 euros. ¿Sólo? Nada es caro ni barato, pero si tenemos en cuenta que la DB5 de 100 CV costaba más de 3.000 euros más, y que la Ducati 1098 S con la que comparte motor está a la venta por 21.395 euros... Es cierto que la 1098 básica se queda en 17.295 euros. Pero el nivel de sus componentes es más de serie. Quien pregunta lo que gasta un Ferrari antes de comprarse uno es que no puede tenerlo.

BIMOTA, EXCLUSIVIDAD TOTAL
El objetivo del equipo que ha llevado a los ingenieros Enrico Borghesan y Andrea Aquaviva hasta el diseño de la DB7, es colocar a la marca donde siempre ha querido estar: Bimota está en la cima de un triángulo cuya base ocupan los productos japoneses de gran serie... Éstos son superados en glamour por las marcas europeas generalistas -BMW, Triumph, KTM- y un piso superior en diseño está ocupado por Aprilia o Ducati. Para Bimota, MV, ocuparía el escalón inmediato... Así, se tiene una Bimota como se poseen los artículos de lujo. En parte, para contemplarlos al detalle, y en este caso ni siquiera una 1098 ofrece comparación posible. Todos y cada uno de sus componentes ha sido realizado a mano. En la factoría de Rimini donde se ensamblan las Bimota por dos operarios artesanos que las montan desde el primer tornillo a lo largo de un día entero, son sólo 22 personas en nómina. Y es que Bimota ha renacido, tras su práctica desaparición por inanición, gracias a un esfuerzo enorme. En cuatro años ha presentado cuatro motos completamente nuevas (la DB6 Delirio, la DB6R, la DB5 S y la Tesi 3D), y ha formado un equipo cuyas motos tienen su «leit-motiv» en el diseño exclusivo, en la máxima tecnología, en el cuidado de los detalles, en la calidad de los componentes, en el uso de los mejores motores Ducati, y en la exclusividad propia de una apasionante historia. Una Bimota, está claro, ofrece unas prestaciones «en parado» inigualables: aconsejo contemplarla con una jarra de cerveza en la mano y sentado en una silla, porque disfrutarla lleva su tiempo. Pero ser bella no es siempre suficiente: la mejor prueba era la DB5 S, que daba apenas los mismos caballos que una japonesa naked de 600 cc a un precio cinco veces superior...

PRESTACIONES
Si al poner en marcha el motor la grave, pero bien amortiguada sonoridad, que emana del nuevo silenciador -mucho más bello que el que vimos en algunas maquetas- ya pone en marcha las glándulas salivares, basta una primera aceleración des de la salida del «pit-lane» para comprobar que las prestaciones en marcha son ahora de primera magnitud. En otras Bimota en las que se había toqueteado la inyección los resultados fueron... que las empeoraron. En la DB7, por suerte, no es así: el Testastretta funciona perfectamente redondo desde abajo, responde completamente lineal a la más mínima solicitud del acelerador, y empuja como un verdadero condenado desde las 7-7.500 vueltas hasta dar su pico casi sobre las 10.000 rpm. Primera constatación: por fin una DB moderna tiene un motor como se merece. La segunda es que la parte ciclo es sana y ligera. El depósito debiera sujetar más el cuerpo en las frenadas, pero el curioso bastidor mixto es notablemente sólido, y sólo parece quejarse un poco al salirte del carenado en la curva más rápida de Misano, que se toma a más de 240 por hora... El amortiguador de dirección regulable hace bien su trabajo. La moto sería aún más ágil en la entrada de los ángulos y en las chicanes elevando su altura posterior actuando sobre la excéntrica del sistema de la suspensión, que por cierto es muy parecido a un Honda de MotoGP (con pivote del amortiguador sobre los propios brazos y bieletas), lo que cerraría la dirección medio grado más -salimos en la posición media como estandár-, pero la moto gira bien, apenas subvira, y dispone de un aplomo más que notable. En cuanto a calidad de suspensiones y de componentes -las llantas forjadas pesan 1 kg menos que cualquier otras-, nada más que añadir a lo que te imaginas, la DB7 es un auténtico «must»: pura delicia.

LUJO
Cuando uno rueda sobre una moto tan exclusiva no encontrará sus cualidades únicamente en sus prestaciones: en este caso, como citaba al principio, es posible que esta DB7 no sea casi 9.000 euros «más eficaz» que una 1098, o más de 14.000 euros más rápida que una R1. Pero el verdadero lujo reside en estar por encima de cosas tan prosaicas...
 

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