Honda CBR 250 R

Prueba a fondo de la Honda CBR 250 R. Una moto atractiva por fácil, sencilla y accesible, ideal para iniciarse en las motos de baja-media cilindrada. Gasta muy poco, se mueve perfectamente en ambientes cerrados, corre más que suficiente en autopista, es cómoda, y encima es bonita. ¿Qué más se puede pedir?

Óscar Pena. Fotos: Juan Sanz -
Honda CBR 250 R
Honda CBR 250 R

Honda plantea una alternativa coherente y funcional con su nueva «dos y medio». Como ocurre con las inéditas CBR600F y CBR125R, nos encontramos frente a una moto muy atractiva que en realidad de deportiva tiene poco más que su aspecto, y en su caso particular también la «R» de«¿Racing?» que luce en su nombre. Sí. La CBR250R entra por los ojos de un solo vistazo con su imagen tomada de la VFR 1200.

Y en un primer momento también llama la atención por sus reducidas dimensiones. Esta impresión se confirma cuando tomas sus mandos, y aprecias su agilidad y excepcional ergonomía.

Así, se maneja casi como un ciclomotor con los dos pies apoyados perfectamente en el suelo, y eso pese a sus 150 kg verificadosen seco, que se mueven con la máxima suavidad. Y todo ello acompañado por un motor muy suavecito y un embrague de mantequilla cuando inicias la marcha.

Por otro lado, su posición de conducción ya la quisieran para sí más de una sportturismo. Es muy habitable a pesar de su tamaño, y ni piernas ni brazos experimentan fatiga con el pasar de los kilómetros. No así tanto la espalda y el trasero, debido a un asiento un poco duro y una suspensión trasera bastante seca. Y eso a pesar de ser Pro-Link con bieletas, lo que le confiere progresividad.

Sin duda éste es su punto más flojo pensando en un uso intensivo de la moto en ambientes urbanos, donde en muchas ocasiones nos topamos con baches o asfalto irregular, o en carretera si tenemos idea de realizar un largo desplazamiento.

Los acabados son buenos, y el ensamblaje de sus piezas muy en línea con lo que se espera del gigante japonés. Es en sus componentes en donde observamos su genética de moto «económica», siendo estos en muchos casos muy sencillitos y un poco anticuados por su aspecto. El cuadro de instrumentos es, sin embargo, de atractivo diseño eso sí, como su luz azul para verlo de noche.

Tiene toda la información necesaria, aunque los dos botones para acceder a los diferentesparámetros es de tacto tosco y como agradable. Por otro lado, en la parte ciclo predomina el acero y carece de aluminio. Algo lógico debido a su orientación.

Monocilíndrico

Honda podría haber dotado a la CBR250R de un motor de dos cilindros con superiores prestaciones, pero ha optado por un sencillo, aunque tecnológicamente avanzado, monocilíndrico.

Los motivos se centran fundamentalmente en ahorrar peso y consumo de combustible, además de poder así encarecer menos el precio final del producto, que se sitúa en su versión básica un peldaño por debajo de su máxima rival, la Kawasaki Ninja 250 (3.999 € la Honda por 4.999 € la moto de Akhashi).

El resultado es un propulsor de tacto muy agradable a cualquier régimen de giro, algo soso en un primer golpe de gas a bajas revoluciones todo sea dicho, pero que después remonta con alegría hasta las 8.000 rpm.

A partir de ahí y hasta la línea roja alrededor de las 11.000 rpm tiene un empuje contundente, aunque lógicamente menos «eléctrico».

No merece la pena mantenerlo a tan altas revoluciones salvo que busquemos sus prestaciones máximas, que sin duda son considerables para la caballería que ofrece, permitiéndote rodar con soltura por encima de los 140 km/h.

Por otro lado, en esta zona alta del cuentavueltas las vibraciones son perceptibles, sobre todo en los semimanillares, aunque no sean excesivas.

Flexibilidad controlada

La CBR250R encuentra un buen equilibrio entre confort y comportamiento, y en circunstancias de uso normales no muestra signos de flaqueza ni falta de compromiso.

Es estable todo lo necesario en carretera y autopista a alta velocidad, y en zonas viradas sólo comienza a mostrar debilidad si fuerzas la marcha. El chasis responde, pero la suspensión delantera, carente de posibilidades de regulación, se muestra bastante blanda.

De cualquier manera, lo primero que «cede» son los renos, y para rodar fuerte el equipo de la versión estándar, con un disco delantero de 296 mm mordido por una pinza de dos pistones flotantes, es demasiado justo, caracterizándose por su falta de mordiente y facilidad para fatigarse.

No ocurre lo mismo con la CBR250R dotada de C-ABS, que tuvimos la oportunidad de probar en su presentación hace unas semanas, y cuya potencia y progresividad es claramente superior.

Y además tiene ABS, por lo que merece encaminarse hacia esta versión que cuesta 500 € más.

Apuesta segura

La CBR250R es una apuesta segura por polivalencia. Válida para quienes usen la moto a diario, y quienes busquen una moto de baja cilindrada para aprender. Es un conjunto noble, equilibrado y muy fiable, con un motor que rinde todo lo que se puede esperar, y con una imagen realmente atractiva y moderna.

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