Kawasaki Ninja 300. Prueba a fondo

Kawasaki Ninja 300. Digna sucesora de la Ninja 250 R, la supera en todos los aspectos. Además, toma la imagen deportiva de sus hermanas mayores, aportando frescura y dinamismo a una moto sin igual en el mercado.   

Óscar Pena. Fotos: Juan Sanz -
Kawasaki Ninja 300. Prueba a fondo
Kawasaki Ninja 300. Prueba a fondo

Todavía recordamos aquellos tiempos en los que las motos deportivas japonesas de pequeña cilindrada llegaban a nuestro país con cuentagotas. Eras motos exclusivas a las que solo unos pocos privilegiados accedían. Corrían los preciados años '90, y su tecnología parecía estar un paso por encima. Trasladado a nuestros tiempos, esta pequeña Ninja 300 rememora el espíritu de aquellas motos, pero a su manera. Y es que estamos frente a una moto atractiva y agresiva estéticamente, pero enormemente funcional. E infinitamente más accesible que aquellas debido a la utilización de componentes sencillos, pero efectivos. Una moto ideal para aquellos jóvenes que quieren introducirse en el mundo de las dos ruedas, con claras aspiraciones a poseer, algún día, una deportiva de alta cilindrada.

La Ninja 300 aporta interesantes mejoras sobre la 250R. El más destacable atañe al motor, que ve incrementada su cilindra en 47 cc. Además tiene una culata rediseñada para aumentar la refrigeración, e incorpora un embrague antibloqueo por rampas que se caracteriza por sus suavidad y eficacia. El resultado es un propulsor claramente superior a su predecesor. Empuja más y mejor desde cualquier régimen, y sus prestaciones son ostensiblemente superiores. También recupera claramente mejor, y en cualquier toma de datos es un par o tres de segundos más rápida. Esto es mucho, muchísimo, como muchos son los 38 CV verificados en nuestro banco frente a los 29 CV obtenidos en la «dos y medio» que vio la luz hace 4 años. Pero las mejoras motrices van mucho más allá de los valores obtenidos mediante GPS y en el banco. Al piloto no llega la más mínima vibración del bicilíndrico en línea gracias a los «silent blocks» que fijan el motor al chasis de acero de tipo diamante debido a lo cual, por cierto, se han podido montar estribos de conductor con reposapiés sin gomas, más acorde a la estética deportiva del conjunto). La caja de cambios tiene unos desarrollos acertados y gracias a la elasticidad de su motor puedes rodar sin prisa y gastando poquísimo combustible por debajo de las 6.000 rpm, o experimentar sensaciones de moto deportiva estirándolo hasta las 13.000 rpm, momento en que corta encendido. De 10.000 rpm en adelante el bicilíndrico en línea parece despertar con fuerza, y es en esta franja donde más se disfruta. A todas estas mejoras, apreciables, hay que sumar un efectivo sistema antibloqueo de embrague que evita que rebote la rueda trasera ni en las más bruscas reducciones. Y con todo, y a pesar de todas estas mejoras, la Ninja 300 deja a la también efectiva y agradable Ninja 250 R, solamente un escaloncito por debajo de su sucesora.

De parte ciclo, y algo austera en sus componentes. Sus acabados son correctos, pero echamos en falta algún detalle de moto de clase superior, como bien parece dar a entender por su porte y tamaño. Por ejemplo podrían ser las manetas de freno y embrague regulables, o la suspensión delantera con cierta capacidad de ajuste. No es el caso. Se echa igualmente de menos un segundo disco delantero, o, en su defecto, una pinza más potente. Y es que la Nissin que equipa cumple, pero carece de la potencia de frenado que esperarías en una moto de corte deportivo. Lo mismo podemos decir de las propiedades de los neumáticos IRC. Lo cierto es que «van bien», pero al rodar con alegría por zonas viradas, no son los más sensibles. Eso sí, sobre firme mojado se comportan estupendamente, como pudimos comprobar la pasada semana en la presentación de la Suzuki Inazuma 250, pues montaba los mismos. Como dato anecdótico, comentar que la anchura del neumático trasero aumenta con respecto a la Nija 250R, pasando de 130 a 140 mm.
El tacto general es agradable, aunque algo antiguo. Un poco como las motos de pequeña cilindrada de hace bastantes años. Eso sí, más refinado. Además a la vista encuentras un cuadro de instrumentos moderno y completo, infinitamente más actual que el montado en el anterior modelo. Además incluye información sobre el nivel de combustible y la hora, cosa que antes no hacía.
El chasis de acero, por su parte, incorpora algunas mejoras con respecto a su predecesor, que confieren algo más de rigidez al conjunto, y lo cierto es que la sensación de estabilidad y solidez general no se ve comprometida a prácticamente a ningún ritmo. Las suspensiones, iguales en cuanto a componentes a las de la Ninja 250R, incorporan nuevos reglajes internos. La horquilla es progresiva y eficaz en diversos ambientes, mientras que el amortiguador es en general algo seco. Un hecho que realmente no incomoda salvo al pasar sobre firme bastante irregular.

La Ninja 300 puede llegar a atraerte por muchos motivos. Dejando a un lado su imagen de deportiva moderna, es una moto tremendamente funcional. Y es que resulta accesible por precio (5.200 €, y 5.570 equipada con ABS, igual que el anterior modelo), y muy económica en su mantenimiento. Y además es una moto realmente cómoda y válida en el día a día. Su peso es contenido y por dimensiones es realmente manejable. su posición de conducción es relajada y cómoda, el asiento tiene un excelente mullido y la altura al suelo es escasa. Si a esto sumamos un radio de giro de manillar amplísimo (da la vuelta en un palmo), nos topamos con una interesante alternativa para quien necesite una moto para un uso diario, aunque ya no sea tan joven.

 

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