MV Agusta Stradale 800. Prueba

La nueva Stradale 800 introduce a MV Agusta en un nuevo segmento. Manteniendo la emoción, la potencia y el ADN de la marca, se debe a un espíritu funcional y polivalente, que hace de ella una moto válida en múltiples ambientes.
Óscar Pena. Fotos: MV Agusta -
MV Agusta Stradale 800. Prueba
MV Agusta Stradale 800. Prueba
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A primera vista la novedosa MV Agusta Stradale 800 no impresiona excesivamente. Sus líneas suaves y vanguardistas se disimulan tras las maletas laterales equipadas de serie, que amén de ofrecer una excelente capacidad de carga, suavizan la afilada zaga. Delante una pantalla, estrecha y muy bien aprovechada, cobra protagonismo sobre el grupo óptico. Sus formas protegen más de lo que parece, no generan turbulencias, y además se regula en tres alturas y ángulos de inclinación diferentes. Ahí es nada. Ideal para desplazarte a medias y altas velocidades con comodidad, y lo que es más importante, sin agotar tras el paso de los kilómetros a tus cervicales.

Al tomar los mandos, la posición es en un primer momento algo extraña. No en vano, la Stradale 800 toma su base de la Rivale 800, una moto de estilo hypermotard que al conducirla, o mejor dicho pilotarla, encandila o disgusta, por tacto, por comportamiento y por su propia ergonomía, pero que no deja a nadie impasible ni pasa en absoluto inadvertida.

Pero volviendo a nuestra protagonista de hoy, que tuvimos la oportunidad de probar a fondo por las más variopintas carreteras del sur de nuestra querida piel de toro, en la serranía de Málaga, la Stradale 800 dio muestras de para lo que está hecha. Es confortable, y el cuerpo se localiza erguido sobre los mandos, ergonómicos y bien ubicados, mientras que las piernas quedan bien estiradas y en una posición nada forzada, incluso para conductores altos. El asiento, por su parte, ofrece un excelente mullido, y a pesar de su considerable altura con respecto al suelo (870 mm), su estrechez y formas permiten a pilotos bajos llegar con facilidad al suelo. Incluso a sentirse perfectamente integrados dentro del conjunto, aspecto este más que interesante si planeas una conducción deportiva.

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También es cierto que, por todos los motivos mencionados, el asiento se nos antoja algo pequeño, o mejor dicho corto, ya que al aposentarte sobre él quedas bastante adelantado. Un poco sobre el depósito de combustible, lo que a la larga genera cierto rechazo. Más espacio disponible, pensando en el confort para realizar largas distancias, podría haberse considerado. El depósito, por cierto, gana 3 litros de capacidad al utilizado en la Rivale, siendo de 16 litros en total. Otro cambio interesante respecto a la moto de la que deriva es la recolocación de los espejos retrovisores, ahora situados en un lugar más convencional, sobre el manillar, en lugar de en las puntas del mismo (ofrecen una visión perfecta de tus codos más que de lo que ocurre tras tus espaldas). Los intermitentes de LED, por su parte, se mantienen integrados en los cubremanetas, y la calidad y ensamblajes de todos los componentes ofrecen un aspecto espectacular.

De moto «premium», que no es sino el objetivo de MV Agusta para todos sus modelos en los más variados segmentos. A todo esto hay que sumar la total ausencia de vibraciones transmitidas por el propulsor, que hacen puntuar alto el confort de conductor y acompañante. Este, por su parte, dispone de un par de asas muy válidas y prácticas, un espacio discreto, pero suficiente, y un acceso algo complicado por la presencia de las maletas. No obstante, si no las llevas instaladas, la operación de subirse a la moto se simplifica para él considerablemente.

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Contacto

Al girar la llave de contacto se ilumina un pequeño y denso cuadro de instrumentos. Son muchos los parámetros de los que ha de informarnos, y muchos los que gestionar a través de él. Y lo hace ciertamente de forma muy resolutiva y fácil, solo pudiéndole echar en cara que algunos dígitos (como los de la hora o los cuentakilómetros), sean realmente pequeños.

Sea como fuere, engranamos primera y comenzamos a rodar. Sorprende muy gratamente la suavidad, finura y buen tacto del tres cilindros en línea de la Stradale. Ni un tirón, ni una respuesta extraña, nada. La gestión electrónica es ejemplar, el funcionamiento del acelerador electrónico «ride by wire» es sobresaliente, del mismo modo que el trabajo de su embrague y su caja de cambios, que gestionada electrónicamente, te permite no solo subir, sino también bajar marchas, sin embragar, gracias al EAS (Electronically Assisted Shift). Eso sí, en esta última operación hay que «cortar gas» y circular por encima de 30 km/h para que actúe, embragando la moto por ti. De este modo se simplifican los movimientos a realizar en las más diversas maniobras, ayudándote en la conducción. Y todo ello sin forzar en ningún momento la mecánica, sino más bien todo lo contrario.

La plataforma MVICS (Motor&Vehicle Integrated Control System), instalada en la Stradale 800, incorpora otros muchos componentes que facilitan la conducción y dan seguridad. Son por ejemplo los cuatro modos de motor, uno de ellos personalizable, los ocho niveles de control de tracción, la posibilidad de variar el tacto del acelerador o el par motor, etc. Pero por encima de todo, destaca la linealidad con la que entrega sus 115 CV declarados. Y es que responde sin fisuras y con total control y solvencia a cualquier régimen y a cualquier ritmo, permitiéndote disfrutar al máximo de la conducción, sea deportiva, o sea turística a ritmo más moderado. De este modo supera el tacto de otros modelos precedentes de la marca que hemos probado con anterioridad, alcanzando una madurez su sistema electrónico a la altura de lo que sus posibles y exigentes clientes esperan.

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Ciclo particular

La Stradale 800 mantiene las suspensiones de largo recorrido de 150 mm de la Rivale, pero suaviza las cotas de su chasis tubular y ve incrementado hasta 607 mm la longitud de su masivo basculante monobrazo. De este modo se gana en estabilidad, en detrimento de algo de agilidad. El equilibrio alcanzado es en este sentido notable, especialmente teniendo en cuenta la filosofía «multiuso» de la moto, y sobre carreteras con buen firme la nueva MV Agusta despliega unas cualidades sobresalientes. Es muy estable en cualquier punto de la curva, ya sea entrando apoyándote sobre un sistema de frenado sencillamente perfecto, en medio de la misma, o acelerando sin concesiones. Además, la precisión ofrecida por su dirección es más que acertada, y la facilidad para cambiar de dirección, sin ser un prodigio en rapidez de movimientos, es más que suficiente para disfrutar de cualquier tramo.

Las carreteras con asfalto irregular, ondulaciones, cambios de rasante o fisuras pronunciadas, son más delicadas para la Stradale 800. Rodando sobre ellas no llega a desenvolverse con soltura, y se perciben algunos movimientos ya sea en el tren delantero o el trasero. El recorrido de las suspensiones, en combinación con una parte ciclo rígida, es muy probable que sea el motivo. Por suerte, la Stradale 800 dispone de unas completísimas suspensiones regulables en tres vías, y jugando a adaptarlas a tu estilo de conducción y necesidades del terreno, se mitigan considerablemente estas sensaciones.

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Primera impresión

La Stradale 800 sorprende gratamente a quien la conduce. Observas en primera persona la capacidad de una marca para transformar una moto exigente y radical (y no por ello menos excelente), como es la Rivale, en un lindo gatito, de suave pelaje pero afiladas garras, capaz de llevarte de un lado a otro con seguridad y confort, sin renunciar a un comportamiento y carácter intrínsecamente deportivo ya por la propia marca a la que pertenece.

El tacto agradabilísimo de su propulsor, perfectamente gestionado por una electrónica de vanguardia, o la excelente ergonomía y buena protección aerodinámica, son algunos de sus mejores argumentos. Por no hablar de su diseño espectacular, o su capacidad de carga, al equipar maletas laterales semirrígidas de serie. Quizá, mejorable como todo en la vida, son la visibilidad de los espejos retrovisores, la amplitud del asiento, y los reglajes de serie de las suspensiones de largo recorrido, que son modificables gracias a sus múltiples ajustes. A partir de ahí, solo falta arrancar y circular a lomos de una moto accesible y fácil de pilotar.

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