Triumph Street Triple Rx. Prueba

La versión Rx de la Street Triple R le da un toque todavía más carismático a esta efectiva naked, que sigue siendo una de las más equilibradas y efectivas del mercado.
Sergio Romero. Fotos: Jaime de Diego -
Triumph Street Triple Rx. Prueba
Triumph Street Triple Rx. Prueba
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La Street Triple R es una moto conocida y de la que tengo una muy buena impresión grabada en mi memoria. Ahora que ha llegado esta Rx he tenido la oportunidad de volver a rodar con ella y me ha vuelto a impresionar. Los cambios de esta versión no son tan grandes pero se distingue siguiendo la tendencia que ha tomado Triumph esta temporada. Muchos de sus modelos tienen versiones especiales que sirven para diferenciarlos todavía más, como sucede con la Bonneville, la Rocket III, las Tiger y esta Street Triple.

La moto en sí se remodeló hace dos temporadas, con ciertos cambios estéticos y con un nuevo escape con salida corta por el lateral, un sistema que ahorraba 3,5 kg en la parte trasera y que consigue un aspecto mucho más esbelto de la parte trasera. También cambió el subchasis, con lo que se cargó más peso sobre el tren delantero y que ofrece un aspecto mucho más «limpio» y vistoso en la zona donde queda al descubierto. Ahora, llega la Rx como última evolución de la saga, en la que también está la Street Triple estándar junto a la R.

Nuestra protagonista se diferencia principalmente por los detalles en la carrocería, la cúpula y la quilla que vienen montadas de serie. Pero el punto más llamativo es el colín, que se inspira en el de la Daytona 675R. Para rematar el paquete se ha instalado también el cambio semiautomático de la marca y una decoración específica que cautiva.

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Como un guante

Cada moto según su orientación y dimensiones se puede adaptar mejor o peor en funcion de la talla del piloto. En el caso de esta Rx se ha unido el estilo naked con el manillar ancho, con el espíritu de una deportiva, dado que su base deriva de la Daytona. Esto hace que ese manillar esté un poco más bajo que en las motos sin carenado de orientación más rutera, pero para alguien que mida alrededor de 175 cm la ergonomía es muy acertada. Personalmente me queda como un guante, si bien es cierto que los más tranquilos la pueden considerar deportiva.

El asiento es fino pero no llega a ser incómodo y te transmite todo lo que hace la rueda trasera. Eso te hace tener buen tacto a la hora de acelerar y como contrapartida notas más los baches, pero puedes pasar un día entero a sus mandos sin que te duela esa zona donde la espalda pierde su nombre. El asiento además no está muy lejos del suelo, de modo que cualquiera llega bien. Tan solo los estribos se encuentran un poco elevados, para los más altos o los que piensen en hacer turismo. Lo bueno es que en un tramo de montaña te colocan donde debes estar y no rozan. En resumen, que sales del garaje y tres calles después ya te parece tu moto de toda la vida.

Otro punto que establece la relación piloto moto en el día a día es la instrumentación, aquí con el clásico diseño de la marca que está bastante logrado. Dispone de un práctico indicador de nivel de combustible y de un ordenador de a bordo, en el que se ofrece, distribuida en dos parciales, la velocidad media, el consumo instantáneo y medio, y la autonomía, entre los datos más destacables. También es un punto interesante, el indicador de marcha engranada.

Comparada con las motos de última hornada se puede echar en falta un pulsador para manejar la instrumentación desde la piña y así no tener que soltar las manos del manillar. Tampoco tiene modos de motor o ayudas electrónicas, a excepción del ABS, pero teniendo en cuenta sus prestaciones y lo bien que está a puesta a punto su parte ciclo, no es tan necesario como en otras motos.

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Curvas y más curvas

El equilibrio entre la parte ciclo y el motor es el secreto en el comportamiento de esta moto y lo que hace que el piloto sienta el control. La Street Triple R ha conseguido llevarlo al punto ideal y esta Rx se aprovecha de ese desarrollo que ha ido sufriendo el modelo desde su aparición. En su última remodelación se realizaron ligeros cambios en la posición de conducción, variando el reparto de pesos y también se modificó la geometría de la dirección (menos ángulo de dirección y más avance).

Desde esa versión de 2013, la moto tiene también más giro de la dirección (un diez por ciento) y eso supuso una mejoría en un aspecto criticado de las versiones precedentes. La Rx gira correctamente cuando te mueves entre los coches y al hacer maniobras en parado sí que notas una mayor facilidad de manejo gracias a esos grados extra.

La Street Triple Rx te enamora en el momento en el que tomas la primera curva, tanto por su buen tacto general, como por su particular sonido. Un par de giros y sientes que tienes una conexión total con ella. Triumph ha demostrado que es capaz de hacer modelos muy bien resueltos en las últimas generaciones y ahora encuentras en ella ese equilibrio general que en un momento determinado era más habitual en las motos japonesas. En carretera es una naked divertida y precisa como pocas otras.

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Demuestra un aplomo inigualable dentro de las motos de su clase en los tramos rápidos y eso que no tiene amortiguador de dirección. Pero lo mejor viene cuando enlazas un par de virajes y te das cuenta de lo fácil que se mueve de un lado a otro. En pleno apoyo transmite la misma confianza que una deportiva, de modo que puedes entrar todo la rápido que quieras en las paellas de 180º y rectificar la trazada a tu antojo o elegir el punto exacto por el que vas a pasar en la curva.

Resulta muy divertida y fácil al mismo tiempo, una combinación que no necesariamente es fácil de unir. Las suspensiones ayudan en este equilibrado funcionamiento, ya que son otro punto muy conseguido. La horquilla, como siempre en la marca, es muy progresiva y precisa, algo que te permite sacarle el máximo partido a los frenos.

En esta Rx también equipan ABS, si bien no es de la última generación. Puedes notar su acción en el tren delantero si apuras mucho, aunque los pulsos no son muy grandes y su acción evita el levantamiento de la rueda trasera en la mayoría de las ocasiones. El tacto de la maneta es bueno, al igual que la potencia de las pinzas Nissin de cuatro pistones y anclaje radial. El freno trasero también es potente, así que en conjunto frena muy bien a pesar de que no tiene una electrónica de última generación. Tanto la horquilla invertida como el amortiguador son multirregulables, así que puedes trabajar un poco en sus reglajes y su acción se nota rápidamente.

Otra seña de la calidad de sus hidráulicos. El balance de su comportamiento es muy positivo y lo mejor es que puede satisfacer a un gran abanico de usuarios, ya que es muy intuitiva para los menos experimentados y su parte ciclo puede rendir a gran nivel incluso en circuito.

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Lineal

El tricilíndrico de la Street Triple R siempre ha destacado por lineal entrega de potencia y par, algo que se mantiene en esta Rx, que no presenta cambios con respecto a la R en el motor. El tres cilindros en línea de 675 cc también derivó de la primera generación de la Daytona 675, así que la base era muy buena. Su adaptación al segmento naked fue excelente y eso le ha valido a Triumph para mantenerlo con pocas modificaciones desde entonces. En su versión de 106 CV declarados, 100 CV verificados en nuestro banco, se muestra potente y mucho más divertida de lo que te imaginas al ver las cifras.

A pesar de vivir en una época en la que vemos valores máximos muy elevados en las nuevas naked de gran cilindrada, también te lo puedes pasar muy bien con una moto que ofrezca algo más de 100 CV y una buena relación peso potencia. En bajos es dócil y la conexión entre el acelerador y el motor es perfecta. Desde poco más de 1.000 rpm el motor responde perfectamente y cada milímetro que giras el puño del acelerador se traduce en una entrega progresiva de potencia. No hay apenas vibraciones y tienes un atractivo sonido de admisión, acompañado del particular silbido de los piñones. Estas características hacen de la Street una moto práctica en la vida diaria. A partir de 8.000 rpm es cuando más se aprecia cómo cambia el tono y la llegada de la potencia bruta.

Desde ahí para arriba la moto empuja como una verdadera deportiva, pero lo mejor es lo bien que funciona en cualquier punto de la banda. De esta manera predices con exactitud lo que va a hacer la moto en el instante siguiente a tu demanda. Abrir el acelerador inclinado es pues una gozada, incluso si el asfalto tiene poco agarre controlas el neumático trasero con cierta facilidad y es un avance porque no tiene control de tracción.

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Los últimos «miles de vueltas» son muy excitantes, la aguja del cuentarrevoluciones sube rápido hacia el corte de encendido, poco después de 13.000 rpm, mientras las visibles luces de aviso de sobrerrégimen destellan en vistoso azul. El cambio es algo duro, pero muy preciso, aumentando el tacto deportivo de la moto cuando te aplicas. En esta versión con la ayuda del «quickshifter» funciona todavía mejor, el sistema semiautomático tiene un tiempo de corte que lo hace preciso a partir de 4.000 rpm y cuanto más te acercas al corte de encendido, mejor funciona.

Es una gozada empalmar marchas sin dejar de acelerar, en la próxima generación esperemos que también se pueda bajar sin tocar el embrague, como ya sucede con algunos pocos modelos. Tampoco hay embrague antibloqueo, un elemento que se ha convertido en un imprescindible de las motos destinadas a circuito. En la conducción habitual de la Rx no se echa en falta y en conducción deportiva tampoco produce efectos indeseados en el tren trasero.

Ahí entra en juego la gestión de la inyección que sigue metiendo algo de gasolina al motor cuando el piloto ya ha cerrado el acelerador y se consigue con ello disminuir el exceso de retención. La combinación del buen hacer de su parte ciclo y este tacto de motor la convierte en una moto tan buena para todos los días, como para sacarle el jugo en un puerto de montaña

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Conclusión

En el amplio mercado actual hay una gran oferta y motos muy avanzadas, pero la Rx, a pesar de no estar a la última en cuanto a tecnología, tiene algo que te hace conectar con ella de una manera especial. Los cambios con respecto a la Street Triple R no son muy grandes, pero tampoco lo es el incremento de precio y estéticamente da un paso adelante. Además, esta es una de esas decoraciones que gana mucho en vivo. Pero es la conjunción entre la agilidad y la precisión de la parte ciclo con el carácter del motor lo que la convierte en una montura que engancha.

Tiene una clara orientación deportiva y eso puede restarle en algunos campos, pero el que se decanta por ella tampoco pensará en esto. El hecho de ser tricilíndrica y además Triumph le da una personalidad muy marcada, algo que ha agradecido el mercado en otros modelos y que sin duda es un argumento a su favor. En resumen es una moto muy bien diseñada a todos los niveles y que suple su veteranía con equilibrio. Las naked medias tienen un encanto diferente al de las potentes maxinaked y la Rx es un ejemplo de ello.

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