Victory Bordawalk. Prueba

Victory Motorcycles ha encontrado una nueva aplicación para su gran bicilíndrico de 1.731 cc. Ahora da vida a la nueva Victory Boardwalk, una moto de estilo muy playero, que combina aspectos retrospectivos con unas líneas suaves y modernas.

Víctor Gancedo. Fotos: Félix Romero -
Victory Bordawalk. Prueba
Victory Bordawalk. Prueba

Paso a paso, la firma norteamericana Victory Motorcycles se va abriendo camino y va creciendo año tras año. Se trata de una marca joven que acaba de celebrar su decimoquinto aniversario, pero cada año tiene una mayor penetración en el mercado y aumenta la producción de sus cadenas de montaje. De su fábrica de Spirit Lake, ubicada en el estado de Iowa, han salido cerca de 11.000 motos en 2012, aunque la mayor parte de ellas se han quedado dentro de Norteamérica. Por este motivo, entre los objetivos principales de la marca, además de seguir aumentado su producción, está el de lograr que sus motos se hagan más populares en el resto del mundo y conseguir una mayor penetración en el mercado internacional.

De todos modos, Victory ya presume de haber vendido 1.320 unidades en Europa el año pasado y ello ha supuesto que la marca se haya aupado hasta la quinta posición en el segmento de más de 1.400 cc. Por tanto, aunque todavía no es muy habitual, ya no resulta excesivamente extraño encontrarse con una Victory en nuestras calles o carreteras. Además, cada vez su gama de modelos es más amplia y todos cuentan con un atractivo indiscutible.

La Boardwalk ha sido la novedad más importante que Victory ha incorporado a sus catálogos este año y hemos podido probarla la semana pasada con motivo de su presentación en Palma de Mallorca. Se trata de una cruiser que combina detalles clásicos, como las llantas de radios o los neumáticos con banda blanca, con una carrocería de diseño limpio y moderno, hablando siempre en términos custom. Las aletas que se prolongan mucho por su parte trasera recuerdan a las creaciones de Arlen Ness (para quien aún no lo sepa, él, su hijo y su nieto trabajan para Victory) y su ancho manillar, de tipo «beach bar», condiciona en gran medida su ergonomía. También las plataformas para los pies del piloto y el asiento muy bajo hacen que su conducción sea relajada siempre que no abusemos de maniobras a baja velocidad o de una utilización urbana. Hay que tener en cuenta que en los giros muy cerrados y debido a la envergadura del manillar, se debe hacer un considerable estiramiento del brazo que queda en el exterior de la curva.

Tampoco hay que olvidarse que es una moto de talla considerable, con una longitud muy próxima los dos metros y medio, y de que su peso debe rondar los 320 kg con el depósito lleno. Sin embargo, a pesar de estas abultadas cifras, si eres un tanto hábil no resulta especialmente complicado hacer cambios de sentido en sitios más o menos pequeños gracias al generoso ángulo de giro de su dirección y a su bajo centro de gravedad. Y luego en espacios abiertos se deja llevar con facilidad, sorprendiendo por una forma de rodar muy firme y por un paso por curva sin vicios extraños. Su altura libre no es excesiva, pero haciendo las cosas con fluidez y sin agresividad, incluso puedes llegar a disfrutar en cierta medida de un retorcido puerto de montaña. La frenada, con un solo disco delantero, no es especialmente potente, pero detiene la moto con suficiente contundencia en caso necesario y siempre que nos ayudemos debidamente del freno posterior. Por otro lado, las suspensiones funcionan con corrección sobre asfaltos en buen estado. Sin embargo, al superar baches o al circular sobre firmes irregulares, si deberemos prestar atención, pues el recorrido de la suspensión posterior, como es habitual en este tipo de motos, no es excesivo.

El enorme bicilíndrico de 1.731 cc no solo es un gran protagonista desde el punto de vista estético, sino que también lo es por el empuje que despliega desde apenas el régimen de ralentí «a golpe de pistón». Su respuesta es muy musculosa y las reacciones que puede producir se ven en gran medida apaciguadas por la correa dentada que se encarga de la transmisión secundaria. Además, el rango de utilización del motor no es muy amplio, pues no sube mucho más allá de las 5.000 rpm, pero gracias a unos desarrollos de cambio largos y a las seis relaciones que incorpora, podemos circular de manera «ligera» con cierta facilidad de acuerdo al peso y a las dimensiones de esta Boardwalk.

Aunque el accionamiento de su embrague y de su caja de cambios requiere aplicar cierta fuerza por nuestra parte, la verdad es que el funcionamiento de esta Victory está logrado, al igual que sus acabados, que combinan robustez con elegancia.

Con respecto a su precio, aunque como es de esperar no se trata de una moto de carácter económico, se puede decir que no estamos ante una moto especialmente cara. Para hacerse con una Boardwalk en color blanco perlado como la que aparece en las fotos de estas páginas habrá que desembolsar 16.500 euros. Si quieres pagar un poco menos, hay otra versión que cuesta 400 euros menos, aunque en este caso habrá que conformarse con una decoración en negro brillante.

En resumen, realmente me ha gustado la Boardwalk entendiendo cómo y para lo que es. Está claro que una isla como Palma de Mallorca en un espectacular día primaveral ha contribuido a ello, pero esta moto tiene mucho encanto, tanto al contemplarla en parado, como al disfrutar de un agradable paseo a sus mandos. Las Victory transmiten calidad y solidez, y su última novedad mantiene esa tónica. Además, es un ejemplo casi perfecto de cómo debe ser una moto de este tipo. Otras cruiser apenas poseen altura libre al suelo, cuentan con posiciones de conducción forzadas y poseen motores excesivamente suaves de sonidos «apagados». La Boardwalk tiene una capacidad de inclinación aceptable, su ergonomía es natural y su gran bicilíndrico demuestra carácter y emite un buen sonido.

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