Comparativa Custom: Harley Davidson Street 750-Kawasaki Vulcan S

Con la llegada de la Kawasaki Vulcan S el segmento de las custom de iniciación se revitaliza. Aparece una rival para la siempre codiciada y accesible Harley-Davidson Street 750.
Óscar Pena. Fotos: Juan Sanz. Colabora: Keko Ochoa. -
Comparativa Custom: Harley Davidson Street 750-Kawasaki Vulcan S
Comparativa Custom: Harley Davidson Street 750-Kawasaki Vulcan S
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Harley-Davidson Street 750 y Kawasaki Vulcan S son motos que pertenecen a un mismo segmento. Con sus cilindradas medias y precios moderados, son modelos que sirven de acceso al universo custom. Ambas, además, son una buena base de partida para realizar tu propia personalización, y reflejar en ellas tus propios gustos y necesidades. De ahí que ambos fabricantes cuenten con una amplia gama de accesorios disponibles para ellas: parabrisas, alforjas, respaldos, embellecedores de diferentes tipos, manillares, hasta por un largo etcétera. En definitiva, son modelos para disfrutar a diario de tu pasión por las dos ruedas, a lomos de monturas tan prácticas como llamativas, que puedes complementar de tal manera que se conviertan en modelos únicos por estar totalmente personalizados.

Novedosas

La Street 750 llegó al mercado el pasado año, precedida de una gran expectación, como no podía ser menos de una nueva moto de la marca de Milwuakee. Y es que todos sabemos que Harley-Davidson se toma su tiempo para actualizar su catálogo de productos, o a la hora de introducir avances tecnológicos relevantes. Hechos que se dan precisamente en ambos casos en la Street 750. Así, bajo la denominación ''Revolution X'' introduce un propulsor de dos cilindros en V a 60º con refrigeración líquida y cuatro válvulas por cilindro, que garantiza una estabilidad de funcionamiento en las más exigentes circunstancias. Como pudiera ser, por ejemplo, en mitad de un tedioso atasco bajo el sol de justicia de un duro verano.

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Además, incorpora una efectiva y agradable caja de cambios de seis velocidades con las primeras relaciones más cercanas entre sí, y una sexta más larga ideal para rodar desahogadamente en autopista y carretera abierta. La transmisión, por correa, destaca por la suavidad de sus reacciones, sin perder un ápice el tacto y comportamiento propios de una transmisión de estas características. Así las cosas, la Street 750, y a pesar de contar con menor cilindrada que la menor de las Harley-Davidson anteriores, la Sportster 883, no tiene ni menos prestaciones ni peor comportamiento motriz.

Si nos dejamos guiar por las cifras, comprobamos que no solo dispone de algún caballo más, sino que pesa unos 30 kilos menos que una Iron y, ya puestos a cazar la velocidad máxima, ambas rozan los 180 km/h reales. Y otro dato no menos importante, especialmente en los tiempos que corren, cuesta alrededor de 1.500 € menos que las más económicas de sus compañeras de catálogo (está disponible a partir de 7.350 €). Sin embargo, no es menos cierto que en su caso, lo hace a costa de unos acabados y calidad de componentes sensiblemente inferiores, tanto en lo que respecta a la calidad de plásticos y ensamblajes, como en la tornillería utilizada que tiene un aspecto visual que deja que desear. Todo el cableado, a la vista alrededor del manillar, es otro buen ejemplo del porqué de su accesible precio en comparación con otras monturas del fabricante americano, que están cuidadas hasta el mínimo detalle.

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Por su parte, la Kawasaki Vulcan S, que se desdobla en dos versiones, una sin ABS (6.899 €), y otra equipada con dicho sistema de seguridad activa (7.299 €), encuentra en el conocido propulsor bicilíndrico de la marca equipado en motos como la ER-6 o la Versys 650, el núcleo sobre el que se desarrolla una moto de aspecto desenfadado y juvenil, una "cruiser" sencilla y atractiva, que goza de grandes argumentos para quienes busquen su primera custom. Muy bien rematada y con soluciones "diferentes" dentro del segmento, la Vulcan S sin duda aporta frescura, no solo por ser un modelo inédito, sino por ofrecer unas cualidades particulares que en bastantes aspectos, como veremos, difieren del de su rival.

En algunos de ellos los supera, especialmente en términos dinámicos, y en otros es simplemente diferente. El propulsor, por poner un ejemplo, se siente y se comporta de forma completamente opuesta. Con 649 cc y dos cilindros paralelos, necesita de un régimen más alto de revoluciones para obtener una misma sensación de empuje. Es una configuración menos habitual que el de la Harley-Davidson para una custom, diseñadas más como motos lúdicas y de paseo, que en una moto en las que experimentar sensaciones más intensas. Así las cosas, la americana desarrolla en nuestro banco de potencia 59 CV a 7.950 rpm, y la japonesa 58 CV a 7.350, cifras prácticamente calcadas. Sin embargo, la Street 750 obtiene 6,1 kgm de par máximo a tan solo 3.750 rpm, por los 5,9 kgm a 5.730 rpm de la Vulcan S.

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Resumiendo, la de Milwaukee no es tan exigente con el conductor al no tener que mantener el régimen de giro del motor tan alto cuando le pides más reprís, a la hora de adelantar, de salir de un atolladero con un solo golpe de gas, etc. Por otro lado, su caja de cambios de seis velocidades está adecuada a la forma de ser del bicilíndrico paralelo, con una sexta velocidad no tan distante del resto, y así compensar su menor par.

La transmisión secundaria de la Vulcan S es por cadena, no por correa como su rival. Y a la postre las diferencias de comportamiento son en la mayoría de circunstancias poco apreciables en este sentido. Sí lo es el sonido emanado por el propulsor, un aspecto relativamente importante dentro de su segmento. El americano es más ronco y vibrante. Más ''auténtico'' por decirlo de alguna forma, y va en concordancia con el carácter del motor y de la moto. No es que desmerezca el de la Kawasaki, pero no es el habitual en una moto custom. Y eso que a través del escape se ha logrado suavizar y adecuar sensiblemente el ruido que llega hasta el conductor y ocupante. Por otro lado, en ninguno de los dos casos llegan hasta los ocupantes vibraciones excesivas. Algo realmente importante si te planteas realizar desplazamientos de medio o largo alcance. Aunque no están especialmente dotadas para estos últimos. Menos lo hace en la Kawasaki, de pálpito menos intenso en líneas generales, pero como decimos, no son molestas de cualquier manera.

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Tomando las riendas

Al acercarnos y tomar los mandos de ambas monturas, las diferencias son apreciables. A la vista, al tacto, y en orden de marcha. Por múltiples detalles, la Vulcan S está un pasito por delante en cuestión de detalles y acabados. Su cuadro de instrumentos analógico y digital, como el de la ER-6, es más completo, y el remate de sus componentes es superior. Eso no quita para que la Street 750 luzca con orgullo su depósito de combustible en forma de lágrima, los guardabarros metálicos o el emblema del depósito de combustible cromado. El frontal monta una cúpula inspirada en las ''café racer'', y le confiere un aire musculoso y deportivo que en parte contrasta con su comportamiento, más discreto que el de la Vulcan S. En esta última los estribos se sitúan bastante más adelantados que en la Harley-Davidson, y su manillar es más ancho.

En marcha el control sobre el conjunto es superior en la moto americana, pero al ofrecer un comportamiento dinámico inferior, las tornas cambian a la hora de circular. Y es que su dirección es más pesada, la rueda delantera es menos intuitiva y precisa, y la estabilidad ofrecida por el chasis es menor en cualquier circunstancia. Al rodar con cierta alegría la Vulcan S responde con mucha solvencia, mantiene una altura libre al suelo aceptable, y cuando roza lo hace con los avisadores de los estribos.

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No ocurre lo mismo con la Street 750, que ofrece menor ángulo de inclinación, y termina rozando con la base de los estribos, o la brida que protege el embellecedor de escape, con el peligro de levantar el tren trasero. Y es que están pensadas para rodar a un ritmo de "paseo", más si cabe la Harley-Davidson que la Kawasaki, también por su menor potencia de frenada. Este es otro aspecto en el que la de Akashi nos ha parecido sensiblemente superior por potencia, tacto y progresividad de su equipo de frenos a la hora de presionar con firmeza la maneta delantera derecha.

Eso sí, la progresividad del doble amortiguador trasero de la moto de Milwaukee con sus 100 mm de recorrido, sin proporcionar gran confort en ninguno de los dos casos, es mejor que el monoamortiguador situado en posición lateral de la Vulcan S, bastante directo y poco capaz a la hora de absorber las pronunciadas irregularidades del asfalto de la gran urbe. Y eso que es progresivo por sistema de bieletas. Además su asiento es más mullido y de tacto más agradable. Delante ambas horquillas convencionales cumplen, teniendo unos reglajes internos algo más firmes la moto del país del Sol Naciente que el de las barras y estrellas. En concordancia con la parte trasera.

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Urbanitas

Se trata de motos muy bajitas y de fácil acceso, que se nos antojan muy apropiadas para conductores con poca experiencia que quieran una moto custom para usar en múltiples ambientes, incluso a diario en ciudad. Por la distribución del peso, e incluso la inclinación que alcanzan con la pata de cabra desplegada, hay que hacer un poquito de fuerza para levantarlas y ponerlas en orden de marcha (no en vano pesan 217 kg –Vulcan S– y 218 kg –Street 750– verificados sin gasolina) . De todas maneras, la Kawasaki se desenvuelve con mayor nobleza, precisión y facilidad, mientras que la Harley-Davidson tiene una dirección pesada, debido a su largo lanzamiento y caída hacia el interior a poco que gires la dirección.

Sea como fuere, en ambos casos la dirección gira mucho, y puedes dar una vuelta en redondo en un corto espacio. También en ambas monturas el bombín de la llave se localiza en la tija superior, y no hay que buscarlo por los laterales de la moto como ocurre en modelos de gama superior. Girando la llave ambos cuadros de instrumentos realizan los habituales test, con más lentitud y parsimonia en la moto americana que la japonesa. Tampoco pasa nada, ya que puedes arrancar antes de que finalice actuando sobre el botón correspondiente.

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Tras todo lo visto, llegamos a la conclusión de que cada una de nuestras protagonistas tiene un carácter particular, y que la balanza se puede declinar hacia un lado u otro en función de tus gustos y necesidades. Ni siquiera el precio es en nuestro mercado determinante, pues es prácticamente el mismo, un euro arriba o abajo. De la Street 750 llama la atención la suavidad general con que todo sucede a bordo. El motor refrigerado por agua funciona realmente bien, no vibra mucho, responde de forma lineal y sin estragos desde bastante abajo y en su ascensión no deja un reguero de vibraciones ni ruidos.

Mientras, el comportamiento dinámico, en el mismo nivel, exige tranquilidad y ganas de pasear. Sus acabados son discretos, pero es una Harley-Davidson, y eso es siempre un punto a favor. Por su parte, el motor de la Vulcan S es más electrizante, aunque igualmente contenido a nivel de vibraciones; y por sus reacciones, te permite una conducción tranquila, y también más ''viva'' y atacante en un momento dado. Estéticamente es menos llamativa, o no, porque como para los colores, cada uno tiene sus gustos.

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Conclusión

La Street 750 es la más barata de las Harley-Davidson que puedas comprar en un concesionario, con lo que esto puede llegar a significar. A partir de ahí podrás exigirle más o menos, pero en su justa medida la Street 750 es un buen ejemplo de lo que te espera en la marca si es que, en alguna ocasión, decides escalar a modelos de mayor porte. La Kawasaki Vulcan S es la más accesible de las custom de Akashi, y a diferencia de la Harley-Davidson, ofrece un tacto y comportamiento particular derivado de su motor bicilíndrico en paralelo que difiere de los modelos superiores de la marca. Lo mejor que puedes hacer con la "siete y medio" es disfrutar de la suavidad de su motor refrigerado por agua, a un ritmo poco agresivo que no ponga en compromiso la parte ciclo.

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Mientras, en la Vulcan S puedes ir un paso más allá en términos de conducción activa, además de estar un poco por delante en acabados generales, pero carece del "aura" que rodea cualquier producto de la marca americana. En cualquier caso, ambas son bonitas, personales y accesibles, que es al fin y al cabo de lo que se trata.

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