Probamos las nuevas Harley-Davidson 2016

De la renovada familia Dark Custom de Harley-Davidson, ya hemos tenido la oportunidad de probar las cuatro más destacadas: Sportster Iron 883 y Forty-Eight, y Softail Fat Boy S y Slim S.
Víctor Gancedo. Fotos: Harley-Davidson -
Probamos las nuevas Harley-Davidson 2016
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La «pequeña» Iron 883 ha recibido retoques estéticos que afectan a las llantas, la tapa del filtro de aire, el cubrecorrea y los protectores de los colectores. Sin embargo, las mejoras más relevantes se centran en los nuevos amortiguadores traseros, más robustos y con muelle progresivo y la horquilla, que ahora monta cartuchos internos, además de un asiento más ergonómico y confortable. Al probarla sorprende la gran mejora que se producido en lo referente al confort de marcha. Si haber aumentado los recorridos de las suspensiones,  las irregularidades del asfalto se filtran ahora mucho mejor.

Con la Forty-Eight ha ocurrido algo parecido, aunque sigue contando con un menor recorrido detrás y su también renovado asiento es más pequeño, sin alcanzar el grado de confort de la 883.  Delante si se precia una mayor mejoría al montar una nueva horquilla con gruesas barras de 49 mm, que funciona muy correctamente y que le otorga un aspecto muy musculoso al tren delantero, al combinar a la perfección con el grueso neumático característico de la Forty-Eight.1

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S Series

Partiendo de dos modelos de la familia Softail como la Fat Boy Special y la Slim, en Harley-Davidson han creado la nueva familia S Series, que se distingue por montar de origen el poderoso Screamin’Eagle Twin Cam 110B refrigerado por aire, con una potencia próxima a los 85 CV a 5.000 rpm, así como un par máximo declarado que se acerca a los 15 kg en el caso de la Fat Boy S o a los 14 kgm en el caso de la Softail Slim S, unas cifras que demuestran el gran poder del enorme V2 a 45º de estos dos nuevos modelos fabricados en Milwaukee.

Además de los cilindros y pistones de mayor diámetro, los motores de nuestras protagonistas de estas páginas incorporan filtros de aire menos restrictivos, escapes más abiertos y modificaciones en la centralita que rige el sistema de inyección ESPFI (Electronic Sequential Port Fuel Injection), todo chequeado y adaptado por Screamin’Eagle para que el funcionamiento sea correcto en todo momento. De este modo, el cliente de Harley-Davidson puede acceder al potente motor «110» sin tener que desembolsar muchísimo dinero. Si la las versiones estándar de la Fat Boy Special y de la Slim con propulsores «103» cuestan 23.700 y 21.300 euros respectivamente, por unos 1.500 euros más pueden adquirir una de las portentosas S Series que acaban de ser presentadas.

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Más prestaciones

Desde el momento que las vas a poner en marcha ya te das cuenta que en su interior hay más «chicha». El motor de arranque gira de forma algo más perezosa que en el Twin Cam 103, pero una vez que el grave sonido empieza a manar por sus escapes, todo sucede con la «normalidad» de otras Harley. El embrague hidráulico con su robusta maneta se presiona ejerciendo cierta fuerza, y la primera se engrana mientras se escucha el habitual «clonk» de estos motores.

A bajas revoluciones, aun percibiendo claramente las pulsaciones, el funcionamiento es suave y sin demasiados traqueteos a muy bajas revoluciones, incluso con la sexta engranada, cuyo desarrollo es muy largo. Aunque a bajo régimen funciona sin problemas, el Twin Cam 110 tiene parece tener siempre ganas de que te apliques sobre su acelerador y le exijas algo más. Cuando lo haces es sorprendentemente elástico, empujando con muchas ganas los cerca de 330 kg que pesan estas dos nuevas Harley con el depósito lleno (con cierta ventaja a favor de la Slim S en este apartado).

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Misma base

Fat Boy S y Softail Slim S no solo comparten motor. También utilizan el mismo chasis de doble cuna de acero y los mismos componentes en frenos y suspensiones. Las diferencias más importantes se encuentran en las llantas y en los neumáticos. La Fat Boy S monta llantas lenticulares de aleación de 17”, mientras que la Slim S utiliza unas de radios de 16”. Las «gomas» que calzan también poseen desigualdades, especialmente si nos fijamos en las traseras, siendo la de la Fat Boy s claramente más ancha.

Estas discrepancias hacen que la Slim S sea más baja y que las plataformas para los pies del piloto arrastren con mayor facilidad al inclina ben las curvas. Sin embargo, esta se siente más ligera y pequeña, además de algo más rápida de reacciones, hablando siempre de una moto que declara 321 kg con los cerca de 19 litros que caben en su depósito y que también anuncia 1.635 mm de distancia entre ejes. Está claro que ninguna de las dos es un «peso pluma», pero son bajas de asiento y se conducen con facilidad siempre que no pretendamos circular por encima de sus posibilidades, pues las dos pueden generan grandes inercias, y sus frenos, con un solo disco delantero en ambos casos, no son especialmente potentes.

A favor de la Fat Boy S hay que decir que su asiento, aunque algo más alto, es considerablemente más cómodo, ayudando a filtrar mejor las reacciones secas de la suspensión posterior al superar baches. Además, de serie es biplaza (monoplaza la Slim S), un aspecto que también puede inclinar la balanza hacia su lado. Por otro lado, el ABS se incluye de serie en ambos modelos y también incorporan acelerador electrónico acompañado de control de velocidad automático. Así se confirma que las Harley-Davidson incluyen una electrónica cada vez más avanzada.

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