Honda Integra: prueba de larga duración

Moto semiautomática, scooter, motoscooter… la etiqueta que le pongas es lo de menos, lo importante es cómo va, qué hace bien y en qué flojea este modelo. De ahí que le hayamos dedicado al Integra este artículo.

Marcos Gil Fotos: Jaime de Diego -
Honda Integra: prueba de larga duración
Honda Integra: prueba de larga duración

Es curioso, no sé si porque he leído tantas veces eso de que el Integra es mitad moto mitad scooter, pero cuando lo recogí no sabía si montarme en él pasando la pierna por encima de su viga central, o de atrás adelante como en una moto. Es lo que tiene estar entre dos mundos, aunque para mí el Integra, aunque sólo sea por la postura, no es una moto, pese a que lo sea bajo sus plásticos para bien de su estabilidad, sino un scooter bastante especial y en cierto modo único. Su puente central, además de imposibilitar el transporte de una mochila o bolsa, es algo alto y si no quieres rayarlo con tus botas, es mejor que «entres por detrás».

A su postura te haces rápidamente, y salvo que seas largo de piernas o grande de pies, no te sentirás constreñido en el espacio que te reserva el Integra. Tardarás más en hacerte al hecho de tener que «meter marcha» cada vez que lo arranques, puesto que por defecto el NC700C, como se lo conoce dentro de Honda, se pone en punto muerto cuando lo arrancas y debes esperar un momento a que su cuadro te indique que está preparado para que elijas el modo de transmisión desde la piña derecha. La principal diferencia del Integra frente a sus rivales es precisamente el sistema DCT y su posibilidad de que seas tú quien decida el desarrollo en cada momento. Encontrarás en él otras rutinas de moto que se te hace curioso afrontar en un scooter como es el tensado de la cadena, rápido y sencillo gracias al caballete central. Sobre este aspecto, conviene que la cadena esté dentro del pandeo de 30 mm que aconseja Honda.

De lo contrario, da la sensación de que el cambio es peor de lo que en realidad es, aunque para mi gusto y viniendo de Honda, esperaba que fuera aún más suave y menos sonoro en sus modos automáticos, S y D. Sobre todo en las tres primeras marchas, si pretendes ir ganando velocidad de forma lenta, el cambio no te ayuda a hacerlo con delicadeza. Otra cosa es que quieras salir a fondo como un dragster. En ese caso, la verdad es que todo son buenas sensaciones tanto si lo haces en automático como en manual. Para que te hagas una idea, ni siquiera un T-Max de escape atronador podrá contigo. En los primeros 100 metros no tiene nada que hacer salvo que lleve un variador diferente al de serie. Y eso que nuestra unidad es la limitada a 48 CV; imagínate con la de 52. A este respecto, y superada la novedad inicial de llevar tú la batuta, verás que casi siempre te decantarás por cualquiera de los dos modos pilotados por el cerebro del Integra, preferiblemente el S.

En contra de lo que había pensado antes de subirme al Integra, reconozco que mi rato más placentero sobre él, y mira que lo he usado para todo, fue dando una vuelta por la sierra madrileña, pasando en el Puerto de Navacerrada y no yendo al trabajo o haciendo recados como esperaba. Sin tráfico gracias a la estampida vacacional del mes de agosto, con el modo S de transmisión seleccionado en el pequeño panel de buena lectura y recurriendo solo al mando «-» encargado de reducir, es como en mi opinión el Integra saca lo mejor de sí. Su cara más amable. Descubres que tiene un chasis bueno, suspensiones firmes y que se deja hacer en curvas, sin rozar, sin torsiones típicas de un scooter, frenando mejor de lo te esperas ateniéndote al único disco que monta delante y teniendo en cuenta que no es precisamente ligero.

Es incluso divertido balancearlo y salvo por la postura, típica de scooter, podrías pensar que vas sobre una moto que además te cubre bien del viento, tiene un rodar muy agradable a velocidad de crucero decente y no vibra ni en las manos ni en los pies ni en el trasero. Vamos, que te lo llevarías de viaje sin mayor problema que el de solventar con pulpos (tiene buenos ganchos en las asas del pasajero), o con las maletas rígidas que Honda tiene como accesorio original, su escasa capacidad de carga incluso para los recados más comunes. Sin duda éste es su principal y casi único defecto grave porque pierde gran parte del carácter práctico de un scooter. De hecho no es la ciudad y su denso tráfico su medio preferido. Al contrario, cuando mejor va el Integra en general y su sistema de cambio en particular es cuando te encuentras con vía libre por delante y no te ves obligado constantemente a cortar y abrir a media carga de gas, sino que puedes utilizar el acelerador y los frenos con mayor decisión. Aceleras y el Integra empalma marchas con bastante rapidez, ofreciendo una aceleración considerable.

En cambio, si no eres tú quien elige tu ritmo sino los coches que tienes delante y/o a los lados, en ocasiones, dependiendo de la velocidad a la que te obliguen a ir y en especial si ésta es baja, no es constante y vas en subida, algo bastante frecuente en la urbe, el cambio automático del Integra se convierte en un poco inconfortable, con un constante subir y bajar de marcha según frenes o aceleres. Te acostumbras y con el uso llegas a prever y anticiparte a sus reacciones, pero siempre piensas que tú te ahorrarías tanto cambio. El cerebro del Integra tiene grabado a fuego que debe ahorrar combustible y, sobre todo en D, y eso hace: trata siempre de ir en la marcha más larga posible, y no es raro circular en 6ª a 80 km/h si vas «pelando» el gas. Para estas situaciones de adelantar entre coches, el S, o dar el salto al modo manual mediante el pulsador que tu dedo índice derecho encuentra sin mayor esfuerzo, es lo mejor. Así mantienes el régimen un poco más alto de lo que lo haría el Integra en D, y sales disparado (me encantan su 2ª y su 3ª) en cuanto encuentras un lugar para adelantar. Y nada más hacerlo, vuelta al modo S, o al D si lo que quieres es gastar menos. Con el modo D será tu trasero el que ponga límite a tu escapada, porque por autonomía no será.

Durante estas semanas, sorprendentemente para esta época del año, me ha sorprendido la lluvia en dos ocasiones, una volviendo a casa desde el trabajo y otra en carretera abierta y salvo que la lluvia te obligue a bajar mucho el ritmo la protección que te brinda la parte frontal es buena y te quita mucha agua. Hablando de agua, lavarlo es sencillo sin necesidad de pistola de presión debido a lo plano de su envoltura. Si recurres para ello a una hidrolimpiadora, no te preocupes si te dejaste algo delicado en la guantera o bajo el asiento porque ambos están bien protegidos frente al agua y ni siquiera dándoles de lleno mojarás el interior. No obstante, sí que te aviso de que nada más lavarlo o si ha llovido mientras estaba estacionado, no abras el asiento o lo hagas con precaución porque el poco agua que tenga sobre el asiento escurrirá dentro del hueco, máxime si el Integra se encuentra sobre el caballete lateral.

Hablando de ello, en todo el mes no he usado el freno de estacionamiento. No por nada, sino que, simplemente no me he visto en la necesidad. Contar con un caballete central que resulta tan carente de esfuerzo de quitar y poner me lo ha ahorrado. A dúo, tu acompañante viajará no excesivamente alto, con los pies adelantados y con buenas asas para contrarrestar los posibles cabeceso al dar gas desde poca velocidad cuando aún no le tienes cogido el truco. Verás que resulta algo seco de atrás en baches muy marcados, pero no así cuando vayas solo. Y poco más podría decirte, salvo que en líneas generales me ha gustado y que después de estas semanas juntos, puedo entender por qué se vende tan bien con un precio que no es una ganga.

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