Álvaro Bautista, dos paseos románticos y un ticket regalo para 2019

El debut del piloto español y su Ducati Panigale V4 R han puesto patas arriba el WorldSBK.
Nacho González -
Álvaro Bautista, dos paseos románticos y un ticket regalo para 2019
Álvaro Bautista, dos paseos románticos y un ticket regalo para 2019

Tres de tres. Los inicios del periplo de Álvaro Bautista en el Mundial de Superbike y de la era con tres carreras por fin de semana en el mismo confluyeron en lo más alto del podio, donde el español subió en dos ocasión, poniendo la guinda con el triunfo en la novedosa carrera Superpole. En Supersport, siguen las dos tendencias de 2018: las R6 como nudo y el surrealismo marcando el desenlace.

SBK: EL INICIO SOÑADO DE BAUTISTA

Como si de un test se tratara, Álvaro Bautista salió la madrugada española del sábado a la pista de Phillip Island a dar vueltas cual reloj. Inexorablemente y sin mirar atrás, como el paso del tiempo, caían las décimas vuelta a vuelta respecto a sus rivales. Gota a gota, como un grifo roto, el vaso de la ilusión se iba llenando en Ducati mientras desbordaba por toda la geografía española.

En Phillip Island, el qué se fundió con el cómo y Bautista perpetró un fin de semana que no olvidará jamás. Solamente pagó la novatada en la Superpole, cuando no fue capaz de extraer el jugo del neumático de clasificación y, aun así, se coló en primera línea por detrás de las dos Kawasaki.

Al llegar a la primera curva ya era segundo y en apenas un pestañeo más, era primero. De ahí a meta, un simulacro de carrera para el manchego, que se mostró totalmente inmune al desgaste de neumáticos y otras suertes de carrera para llevar el júbilo al muro del Aruba.it, donde hace un año también festejaban un doblete de su predecesor, Marco Melandri.

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Fue el primer paseo romántico a la orilla de la playa de Álvaro Bautista y la Ducati Panigale V4 R, una moto concebida para dominar el Mundial de Superbike y que no ha podido empezar mejor. El segundo paseo tuvo lugar 24 horas más tarde y, como si se tratara de ’50 primeras citas’, Bautista volvía a seducir a su V4, que le correspondía en su armonioso baile con el horizonte del mar al fondo.

Dos paseos traducidos en 50 puntos y, en medio, un regalo de doce. Un regalo para los aficionados, claro. La carrera Superpole, al sprint, hizo a Jonathan Rea olvidarse de que no tenía ritmo y salió a por todas, dispuesto a evitar el pleno de Bautista. Asumió los riesgos que se guardó en las carreras largas y propició un espectáculo grandioso en una batalla tan frenética como limpia, pero al final el español aguantó el envite y dio un tirón en el momento decisivo para batir al tetracampeón.

Bautista sonríe, motivos tiene. Como cantaban los Beatles –cambiando el sujeto-, ‘He’s got a ticket to ride’. Tras años de sinsabores y frustraciones, ha encontrado el amor en la V4 R. Un ticket regalo para soñar. El inicio ha sido un flechazo, con dos mágicos paseos románticos por la plaza de una isla australiana. Ahora toca lo difícil, consolidar la relación.

La pregunta del millón es hasta qué punto se pueden extrapolar los resultados de Phillip Island al resto de la temporada. La experiencia de años anteriores nos dicta que no son extrapolables. Que las peculiaridades del trazado australiano propician cosas como que Carlos Checa hiciese la pole en el estreno de la nueva Panigale en 2013, una moto que no ganó ninguna carrera temporada. O el triunfo de Eugene Laverty en la manga inaugural de 2014 con Suzuki –que pudo ser doblete-, marca que no ha vuelto a ganar en el campeonato. Así pues, hay que coger los resultados con pinzas.

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Lo que sí se puede asegurar es que Bautista luchará por las victorias con asiduidad, pero que esos paseos australianos van a ser excepcionales, si es que se repiten. Que para ganar carreras tendrá que sudar en circuitos menos propicios para la Ducati y más para la Kawasaki y la Yamaha y, sobre todo, para Jonathan Rea.

Un Rea que encajó las derrotas con deportividad, sabiendo que todavía restan 36 carreras y que el campeonato no se gana en un fin de semana. Rápidamente advirtió que en las mangas largas era utópico replicar el ritmo del español, y se centró en hacer lo suficiente para ser segundo. En ambas rodó en grupo pero entró en meta en solitario, demostrando que iba sobrado para ganar al resto.

En un fin de semana en el que no ha podido luchar por ganar, sale con apenas 13 puntos de desventaja, el mínimo posible. Sumar siempre, clave para esa carrera de fondo que es un Mundial. Eso sí, si la procesión va por dentro, Jonathan Rea debe tener en la cabeza la del cristo de los gitanos. Por mucho que sepa como nadie minimizar riesgos y arañar puntos, a ningún campeón le gusta verse impotente para luchar, así que llegará a Tailandia con un apetito voraz.

En el tercer escalón del podio se turnaron Marco Melandri y Leon Haslam. El segundo piloto de Kawasaki cayó en la primera manga y fue tercero en la carrera Superpole y en la segunda, mientras que el italiano ganó a sus tres compañeros de marca, sobre todo los oficiales Alex Lowes y Michael van der Mark, que prometen una interesante lucha interna en este curso, primero entre ellos y luego como alternativa a Ducati y Kawasaki.

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Por otra parte, los que han sido los grandes rivales de Rea en los últimos años, Tom Sykes y Chaz Davies, tuvieron un fin de semana complicado que saldaron con sendos séptimos puestos como mejor resultado. En cuanto a Jordi Torres, siete puntitos en su adaptación a la Kawasaki, con el undécimo puesto de la primera carrera como mejor resultado (11-17-14). Vendrán días mejores.

WSS: VUELTA AL SUR6EALISMO

SuR6ealismo es lo que sucede cuando el Mundial de Supersport se convierte en una mezcla de surrealismo y copa R6. No pasó pocas veces en 2018 –basta con recordar el esperpéntico final entre charcos en Losail-, y en 2019 parece seguir la misma tónica, incluso desde antes del comienzo del fin de semana, donde los Pirelli no aseguraban aguantar más de diez giros, estableciéndose una carrera flag to flag, reducida a 16 vueltas y con cambio obligatorio entre la 7 y la 10.

Un cambió que marcó la carrera, cuando Federico Caricasulo salió del mismo con el caballete enganchado, lo que le costó un puñado de segundos que permitieron a su compañero Randy Krummenacher pasearse en la segunda mitad de carrera, y a Jules Cluzel encontrarse con un segundo puesto cuando ya había dado por bueno el tercero.

Álvaro Bautista, dos paseos románticos y un ticket regalo para 2019

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Otro que salió bien parado fue Héctor Barberá, que finalizó cuarto. Todo lo contrario que Isaac Viñales, que podía haber luchado por el podio pero perdió toda opción al irse largo para esquivar a Raffaele De Rosa. Volvió muy atrás y al final se acabó retirando por problemas técnicos. Tampoco le sentó bien el cambio a María Herrera, que se dejó unos 14 segundos y perdió la opción de puntuar, acabando 16ª tras superar en la misma línea de meta a Nacho Calero, 17º.

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