Carreras en el Retiro, el otro GP de España

Durante veinte años, el Parque del Retiro de Madrid fue escenario de carreras que, en ocasiones, llegaron a tener el nivel de un Gran Premio.
Juan Pedro de la Torre -
Carreras en el Retiro, el otro GP de España
Dos pilotos ruedan en el Retiro, junto a la fuente de la Alcachofa, en el Premio Internacional de Madrid.

Como en el resto de Europa, en España también caló hondo la competición motociclista. Antes de la Guerra Civil se pusieron en marcha infinidad de carreras que alcanzarían una larga tradición. Madrid, Cataluña y el País Vasco fueron los tres principales focos de la actividad motociclista en España durante ese periodo. La primera gran competición internacional que se disputó en nuestro país fueron las XII Horas del Guadarrama, una prueba que se inició en 1919. Trascurría por un trazado por carretera a través de la Sierra de Guadarrama, por las provincias de Madrid y Segovia.

La precariedad con la que se organizaban las carreras en aquellos años dio lugar a situaciones pintorescas. En esa primera edición estaba previsto que la carrera cruzara la ciudad de Segovia, pero cuando llegaron los primeros pilotos se encontraron con la carretera bloqueada porque se estaba realizando una corrida de toros y el gobernador civil no autorizó el paso de los competidores, alterando el recorrido. Esa modificación se incorporó como definitiva en las siguientes ediciones.

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Participantes en la Subida a la Cuesta de las Perdices, otro escenario clásico de carreras.

El Gran Premio de Europa, la gran competición oficial que se disputó en el periodo de entreguerras (1924-1937) sólo se disputó en España en una ocasión, en 1929, en el denominado Circuito de la Ametlla, un trazado en forma de cuadrícula que discurría por diferentes localidades de la comarca del Vallés (Barcelona), con salida y llegada en L’Ametlla del Vallés. Allí llegaron los primeros podios españoles en competiciones oficiales: Fernando Aranda fue tercero en 350, con sólo 19 años, y Vicente Naure tercero en sidecares.

En 1931 el Real Moto Club de España (RMCE) decide realizar una carrera a imagen y semejanza del Tourist Trophy, en un emplazamiento diferente al de las XII Horas. Se elige Camporreal, al sur de Madrid, con un trazado de 18,5 kilómetros, y se denomina a la carrera Gran Premio de Madrid. Se disputó el 5 de abril, y la victoria fue para Zacarías Mateos, que era el piloto más destacado del momento. Quince días más tarde se proclama la II República, y Mateos, que estaba estrechamente relacionado con la familia real, decidió abandonar la competición en señal de protesta.

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En 1932 se incorporan dos grandes competiciones al calendario motociclista español. El 16 de agosto se disputa la primera edición del Tourist Trophy Español en Castrejana (Vizcaya), con presencia de pilotos de primer nivel internacional. Y en diciembre de ese año, el circuito de Montjuïc, en Barcelona, acoge su primera carrera, una prueba que al año siguiente alcanzará rango internacional bajo la denominación de Gran Premio de Barcelona.

I Gran Premio de Madrid

El ejemplo de Montjuïc, que llevaba las carreras al corazón de la ciudad en vez de enviarlas a las afueras como llevaba haciéndose en Madrid durante décadas, animó al MCE -con la República desapareció el Real-a pensar en organizar carreras en el Parque del Retiro, aunque su propuesta no fue bien acogida por el Ayuntamiento. Las carreras siguieron alejadas de la capital, hasta que un periodo de transformación en la directiva del MCE propició el nombramiento de Rafael Sánchez Guerra como presidente honorario del club. Sánchez Guerra era un hombre de significado peso político: diputado en las Cortes, secretario general de la Presidencia de la República, y además presidente del Real Madrid… Sus contactos permitieron que los proyectos del club se hicieran realidad.

En 1935 se organizó el I Gran Premio de Madrid, sin relación alguna con la carrera realizada en Camporreal años antes. Esta nueva prueba se disputó en la Casa de Campo de la capital, sobre un trazado de 7.865 metros, y el Ayuntamiento, tan esquivo a acoger carreras en Madrid, ofreció un patrocinio de 15.000 pesetas para la carrera. No era el Retiro, en el cogollo de la ciudad, pero tampoco estuvo mal. La carrera fue valedera como Campeonato de España, y resultó un éxito. Antonio Moxó (Rudge) ganó el título en 250 y 500, mientras que Joan Gili (Norton) logró el título en 350, aunque la victoria en la carrera fue para el portugués Alejandro Black (Velocette), mientras que en sidecares el campeón fue Antonio Torres (Rudge).

El circuito de la Casa de Campo propició que las carreras llegaran a la ciudad de Madrid

La Guerra Civil acabó con todo. Las carreras se retomarían tímidamente a partir de 1941, siempre bajo la jurisdicción militar, y en 1945 se organiza el I Premio Internacional de Madrid –sin el Gran-, en el circuito de la Casa de Campo, que arranca también con el rango de Campeonato de España, que hasta 1950 se disputará a prueba única.

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El RMCE seguía aspirando a hacer carreras en el Retiro, pero tendría que esperar hasta 1948. Ese año el Premio Internacional de Madrid pasó a disputarse en el parque madrileño, casi por azar. El club trabajaba en la reconstrucción de su chalet social en la Cuesta de las Perdices, una labor que estaba a cargo de la Dirección General de Regiones Devastadas. Se descubrió que uno de los arquitectos que supervisaba las obras era, además, miembro de la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Madrid. Entonces, el presidente del club, Ricardo Goytre, le propone trasladar el Premio Internacional de Madrid al Retiro. Habían tocado la tecla adecuada, y el Ayuntamiento autoriza la carrera, que se disputa el 16 de mayo de 1948. Será la primera de veinte ediciones en el parque madrileño.

Por fin, el Retiro

En ocasiones, en el Retiro se dieron cita pilotos de altísimo nivel, que permitieron que la carrera alcanzara el nivel de un Gran Premio del Mundial. El Retiro era un circuito pequeño, tenía una longitud de sólo 1.820 metros, y básicamente constaba de cuatro curvas, pero esto no quería decir que fuera un trazado simple. La recta principal, de 505 metros de longitud y 32 de anchura, estaba situada en el Paseo de Fernán Núñez –el denominado Paseo de Coches-, frente a la Casa de Fieras, el viejo parque zoológico de Madrid. Se enlazabanlos siguientes tramos con curvas de 90º, hasta llegar a la Glorieta del Ángel Caído, que se rodeaba por su izquierda para enlazar con la comprometida curva de la Rosaleda, una parabólica de 145 metros de radio, con una longitud de 455 metros. Su gran anchura, por encima de los veinte metros, permitía abordarla con gran variedad de trazadas.

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Plano del circuito del Retiro.

La buena sensación que dejó esa primera edición en el Retiro y la excelente relación alcanzada con el Ayuntamiento permitieron que el club quisiera aspirar a más. En febrero de 1949, la Junta Directiva se plantea realizar el I Gran Premio de España, y así se lo transmite a la Real Federación Motociclista Española (RFME). Precisamente, el RFME tenía previsto solicitar a la Federación Internacional de Clubes Motociclistas (FICM) la organización del Campeonato de Europa para 1949, antes de que se produjera la transformación de la FICM que dio paso a la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) y a la creación del Mundial.

La RFME fija como fecha para la carrera el 9 de octubre de 1949. Sin embargo, la Junta Directiva del Real Moto Club de España desistirá de llevarla a cabo porque esa fecha obligaría a comenzar todos los trámites y gestiones relativos a su organización en plenas vacaciones de verano, y al parecer eso supondría serias molestias, aunque la continuidad del Premio Internacional en el Retiro estaba asegurada.

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Cartel anunciador del Premio Internacional de Madrid de 1953.

El prestigio de la carrera va a más. En 1950 acude Nello Pagani, flamante campeón del mundo de 125 y subcampeón de 500, que compite con sus Mondial y Gilera oficiales. Y gana, por supuesto. MV Agusta acudirá en varias ocasiones al Retiro, con frecuencia con Carlo Bandirola como máximo representante, pero en 1959 serán Carlo Ubbiali y John Surtees, campeones del mundo en 125 y 250 el primero, y 350 y 500 el inglés, los que se anotarán las victorias en el parque madrileño.

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Salida de una carrera de 125. En primer plano Soler (6) y Elizalde (5).

Aquella ilustre visita fue con motivo del Premio de Otoño, una segunda carrera que se incorporó a partir de 1957. Fue una iniciativa del piloto Demetrio del Val, que propone realizar una carrera para recaudar fondos a beneficio de los damnificados por las inundaciones producidas ese mismo año en Valencia en el mes de octubre, que produjeron multitud de víctimas. Con cierta premura se pudo organizar la carrera, que se disputó con éxito el 8 de diciembre de 1957.

Aunque el Premio de Otoño dejó de disputarse en algunas ocasiones (1958, 1961, 1965 y 1966), se convirtió en una cita habitual, siempre buscando una causa benéfica a la que destinar su recaudación: Hogar del Necesitado (1959), Patronato de Huérfanos (1960), etc. Dado que se le denominó Premio de Otoño, el Premio Internacional pasó a ser conocido como Premio de Primavera, obedeciendo a su emplazamiento en el calendario.

Es difícil hacer carreras en Madrid

Organizar carreras en el Retiro no era una tarea sencilla. La subvención del Ayuntamiento era clave para sacar adelante la organización. En una ocasión el pago se retrasó y la carrera estuvo en entredicho. Fue la edición en la que participaron Ubbiali y Surtees. El presupuesto para contratar pilotos se elevó a 200.000 pesetas, de las cuales la ciudad aportaba 50.000. Tuvo que ser el propio presidente del club, Luis Soriano –futuro presidente de la RFME- quien adelantara la cantidad de su bolsillo.

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Otras veces había imponderables que impedían llevar a cabo la carrera en el plazo previsto: una exposición floral en La Rosaleda retrasa la carrera al 28 de mayo de 1961. En 1964, con el Premio de Otoño a punto de comenzar, circuló el rumor de que el general Franco, en plena campaña de los “25 años de paz”, iba a acudir a presenciar las carreras. Viendo que no llegaba, el club llegó a plantearse retrasarlas hasta la tarde, pero tras un compás de espera confirmaron que Franco no acudiría. Seguramente prefirió quedarse en El Pardo viendo la televisión, una de sus grandes aficiones en el final de su vida.

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Los sidecares también estuvieron presentes en el Retiro.

El estado del asfalto del Retiro se deterioró mucho. En 1965 la situación era insostenible. Las quejas tras el Premio de Primavera hacen que el Ayuntamiento parchee los baches, pero tras una inspección del RMCE se decide suspender el Premio de Otoño si no había un reasfaltado completo. Y no lo hubo. La edición de 1966 del Premio de Primavera se disputa en el circuito del Parque del Oeste porque no se consiguen completar las obras de reasfaltado a tiempo, y vuelve a cancelarse el Premio de Otoño.

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Santiago Herrero (OSSA 250) ganó la última carrera disputada en el Retiro.

Culminada la reforma, las carreras regresaron al Retiro en 1967. Ese fue su último año. El 14 de mayo, Ángel Nieto mientras traza la curva de La Rosaleda a fondo rompe la cadena de su Derbi 125, entrando con la inercia suficiente para lograr su única victoria en el Retiro. Ese día también ganaron José Medrano (250) y Pedro Álvarez (125 Nacional). El 8 de octubre se disputa el Premio de Otoño. Álvarez repite en 125 Nacional, y el dúo Kölle-Schmid gana en sidecares.

La prueba estrella será la de 250 cc, y en ella se impone Santiago Herrero, con su OSSA monocasco. Esa fue la última carrera que se disputó en el Retiro. El circuito de Jarama se había inaugurado ese mismo año, sacando a las motos de Madrid. Aunque las carreras volvieron a la capital en 1973, en un improvisado circuito realizado en la Casa de Campo para una prueba del Campeonato de España, el desarraigo entre el motociclismo y la ciudad irá en aumento.

Próximo episodio:

La fuga de Ernst Degner

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