Michelin: cuando una idea cambió el mundo de la automoción

La marca francesa inventó las llantas desmontables y fomentó el uso de neumáticos en los automóviles

Neumático Michelin. Fuente: iStock/ra3rn
Neumático Michelin. Fuente: iStock/ra3rn

Decir que Michelin es una de las marcas más conocidas e importantes del mundo en el último siglo no es nada descabellado si se tiene en cuenta la repercusión que han tenido sus productos. Y es que, la suministradora de neumáticos del Mundial de Motociclismo tiene tras de sí una nutrida historia jalonada con anécdotas que dan una buena muestra de cómo se adelantó a su tiempo y se convirtió en uno de los principales fabricantes de neumáticos del mundo.

Fruto de la casualidad

Como muchas grandes historias, la de Michelin comienza con un suceso fortuito. Un buen día, un ciclista llegó al taller que los hermanos Édouard y André Michelin tenían en la ciudad francesa de Clermont-Ferrand. Se le había pinchado la llanta de la bicicleta y necesitaba que se la arreglaran.

Y fue entonces cuando a los Michelin se les ocurrió hacer una llanta desmontable para que no se tardara tanto en cambiar una rueda pinchada. Aquel hallazgo les hizo replantearse su existencia y pusieron en marcha una empresa que poco a poco fue siendo más conocida en todo el mundo. A fin de cuentas, ofrecía algo sobresaliente: si alguien pinchaba, solo se tardaba 15 minutos en cambiar la rueda para seguir la marcha, mientras que anteriormente esa reparación costaba un día.

Sabedores de su ventaja competitiva, trataron de vender sus nuevos productos a los ciclistas de la época y las victorias que estos cosecharon en algunas pruebas impulsaron a Michelin, que no tardó en convertirse en el neumático de referencia, entrando en otros mercados como el del automóvil y la aviación. No en vano, fue su insistencia la que llevó a utilizar llantas de goma en los coches… y aún hoy casi 100 años después, siguen siendo esenciales para el transporte por carretera.

Antigua fábrica de Michelin en Chelsea (Londres). Fuente: iStock/naumoid
Antigua fábrica de Michelin en Chelsea (Londres). Fuente: iStock/naumoid

Dar en el "clavo"

En realidad, los Michelin no inventaron el neumático, sino que mejoraron un producto que ya estaba presente. Y no dudaron en seguir cualquier tipo de estrategia para conseguir mostrar al mundo que su producto era el mejor y el más conveniente. No en vano, se cuenta que en una de las carreras donde participaron por primera vez, llenaron el camino de clavos. Ni que decir tiene que sus neumáticos se cambiaban con mucha mayor velocidad y los corredores que los usaban llegaron antes a la meta. Y si bien no fue un modo limpio para mostrar su futura supremacía sí que le sirvió para ganar adeptos y mostrar el camino que debían seguir los demás fabricantes de neumáticos.

El logo inconfundible

Más allá de fabricar los neumáticos que hacen posible alcanzar ángulos imposibles en MotoGP y de dar nombre a las estrellas gastronómicas más importantes del mundo, Michelin es mundialmente conocido por su logo, conocido por todos como Bibendum (esta palabra en latín aparecía en su primera publicidad).

Como cualquiera sabe, es un muñeco construido a base de neumáticos blancos (a finales del siglo XIX y principios del XX eran de ese color) y ha experimentado variaciones a lo largo de su existencia, ya que en los años 20 incluso aparecía fumándose un puro. Y es tal la fama que tiene que en España se llama michelines a la grasa que se acumula en el abdomen.

 

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