Ana Carrasco destroza el techo de cristal

Si el año pasado logró la victoria más necesaria, este año ha sido el título más necesario
Nacho González -
Ana Carrasco destroza el techo de cristal
Ana Carrasco, coronada campeona del mundo (Fotos: Gold & Goose)

Quiero dedicar el título a Luis Salom, que era mi amigo. El día que le perdimos me prometí que mi primer título sería para él”, decía Ana Carrasco ante el micrófono en sus primeras declaraciones tras proclamarse campeona del mundo de Supersport 300.

Unas palabras que no sólo prueban que su talento en pista es equiparable a su grandeza cuando se quita el casco; sino que también demuestra la confianza que Ana Carrasco ha tenido siempre en sí misma. Una confianza más allá de la realidad en la que había crecido, viendo que todos los títulos mundiales eran, siempre, para hombres. Nunca le importó no tener precedentes: podía crearlos.

Su presencia en el Gran Premio de Qatar de 2013 se tomó como una anécdota. Una chica más a la que añadir a la lista de aquellas que han participado alguna vez en una carrera mundialista. Acababa de cumplir 16 años y entró en meta vigésima, peleando en un grupo y descubriendo lo que supone saltar del panorama nacional a la escena mundialista.

Con el paso de las carreras se fue sacudiendo la presión de demostrar que era acreedora de la moto que llevaba. Al contrario de lo que les sucedía al resto de debutantes, cada carrera era un examen en el que debía demostrar algo que a sus compañeros se les suponía. Nunca le importó. Fue aprendiendo a lo largo del año, y en Malasia sumó su primer punto para meterse en la historia del motociclismo femenino junto a Inge Stoll (sidecares), Taru Rinne, Tomoko Igata y Katja Poensgen.

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Ana Carrasco destroza el techo de cristal

Ana Carrasco sobre su Kawasaki Ninja 400 (Foto: Gold & Goose)

Coronó la temporada con un octavo puesto en Valencia, donde se zafó en un grupo en el que batió a pilotos de la talla de Miguel Oliveira, Brad Binder o Romano Fenati. Para sorpresa de todo el mundo, el equipo optó por no prolongar su contrato y acabó en el modesto RW Racing GP, donde no tenía material ni para pensar en puntuar. Otro año en blanco en el RBA Racing Team y se quedó sin plaza en el Mundial de Moto3.

Fue 2016 un año duro, donde probó con la Moto2 y en el que no encontraba su sitio. Hasta que el nuevo Mundial de Supersport 300 la encontró a ella de la mano del ETG Racing gerundense. Una categoría igualadísima y plagada de jóvenes talentos en la que tuvo que sufrir de lo lindo para despuntar con un triunfo inolvidable en Portimao.

Nadie lo había hecho nunca. ¿Y qué?

Un escalón menos, un piso más. Mientras todo el mundo se deshacía en elogios por lo conseguido, ella seguía con la vista puesta en el horizonte. En el motociclismo no puedes tomarte más de un suspiro para vanagloriarte por haber trazado una curva a la perfección, porque rápidamente viene otra. Carrasco lo sabía. La victoria estaba bien, pero no era el techo.

Por eso aceptó la oferta del DS Junior Team para este 2018. Tenía mucha fe en el equipo de David Salom y en la nueva Kawasaki Ninja 400, la lógica evolución de la 300 que tenía que servir para plantar cara a las Yamaha YZF-R3 que habían dominado en 2017, y para las KTM RC390 que llegaban pisando fuerte.

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Ana Carrasco destroza el techo de cristal

Ana Carrasco festeja su título mundial en el parque cerrado (Foto: Gold & Goose)

Un inicio correcto en Aragón dio paso a la cita de Assen, donde acarició el podio al acabar cuarta. Pero la murciana sólo tiene una forma de subir al podio: en lo alto. Lo hizo en Imola, escapándose de inicio y dejando al resto muy atrás. Repitió guion en Donington, hasta el punto de dejar de ser noticia. Ahí amasó una renta que tendría que defender con su moto lastrada.

No ha sido un final de año sencillo, pero Ana no se ha venido abajo cuando las cosas han salido mal. Ni se ha dejado llevar por las prisas, que suelen inducir a errores que se transforman en caídas. A su velocidad ha agregado una enorme maestría para gestionar carreras complicadas y añadir puntos al zurrón cuando venían mal dadas. Ni siquiera verse 25ª en parrilla le hizo sumirse en el desánimo, consciente de que los puntos se reparten en domingo.

Lo sucedido durante la carrera de Magny-Cours es historia. Con suspense hasta el final, como no podía ser de otra forma, y por un punto. Un solo punto. Una posición ganada en cualquier carrera, una curva trazada un par de centímetros mejor. Suficiente. Campeona del mundo absoluta. Con todas las letras.

Si el año pasado logró la victoria más necesaria, este año ha sido el título más necesario. ¿El secreto de Ana Carrasco? Fácil: pilota como una chica. ¿Lo mejor? Que si alguna vez eso fue un comentario despectivo, eso ya se acabó.

Durante las dos últimas temporadas, Ana Carrasco ha ido trepando por la montaña de lo desconocido. Escalando peldaños en el edificio del motociclismo femenino, cuyos cimientos son cada vez más sólidos pero cuyo acristalado techo parecía confinar a sus inquilinas a su interior.

A base de talento, coraje y trabajo; Ana Carrasco ha destrozado, para siempre, el techo de cristal para dejar pasar la luz e iluminar a todas las que vienen detrás.

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