Marc Márquez: Repartiendo arte

Píldoras 2019, capítulo 1: Marc Márquez, campeón de MotoGP.
Marc Márquez: Repartiendo arte
Marc Márquez: Repartiendo arte

Repartiendo arte, porque esa es mi cualidad. Si hace ya casi dos años buscaba las bellas artes de MotoGP, Marc Márquez se ha empeñado en elevarse por encima del resto en todas, dominándolas a su antojo hasta llevar el pilotaje de lo cotidiano a otra realidad para situarse en el estado de la incierta forma, de tal forma que cuando los demás llegan a un punto, él ya ha pasado por ahí. Territorio en el que habito cuando todos duermen.

Pasaporte con mi nombre rumbo al infinito. Hace tiempo que está en la historia, la duda es dónde pondrá su límite. Ese es mi reto. Sin embargo, mientras todos miramos sus estadísticas con la boca abierta, él va dejando ya obsoleto el ámbito de lo concreto.

Traigo el tacto de lo abstracto. Lo que el de Cervera hace no aparece en ningún manual de pilotaje. No se puede imitar, por mucho que se intente replicar mirando su telemetría. Rivales frustrados lo sufren mientras sus aficionados disfrutan de verle trazar las curvas, absortos viendo un extracto de lo perfecto.

Puerta de todos los datos matemáticos. Intentar reducir su genialidad a variables numéricas es un esfuerzo baladí: ha traspasado ese umbral. Su cuerpo sobre la Honda RC213V es la forma que forma las formas de lo físico, dibujando líneas que sencillamente no existen antes de su paso. No es que su estilo contravenga las leyes físicas del motociclismo, directamente las reformula: él es la norma que anula las normas de lo rígido.

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Residencia de la esencia de la esencia. Quizás el gran mérito de Márquez haya sido el de saber madurar para ganar efectividad pero sin traicionar su propia naturaleza, una evidencia de existencias simultáneas que confluyen en su interior, puliéndose para ser cada vez más diamante y menos bruto.

Es un cúmulo de extrañas coincidencias. Un piloto así sale cada muchísimo tiempo. Se pueden contar con los dedos de la mano a lo largo de toda la historia del Mundial. Para la aparición de un piloto así se necesita la concatenación de infinitas incidencias espontáneas.

Percepción de la perfección, de la percepción de la perfección. La explicación para su eterna mejoría es la búsqueda constante de esa perfección. Jamás se ha conformado con su actual nivel, pese a que le sea suficiente para ganar títulos. Los éxitos son solo la consecuencia, pero él sigue buscando lo poético.

Estoy ahí dentro, me veo desde fuera. Otra clave es la perspectiva: saber rodearse de un grupo que le permite tener una visión de conjunto y no olvidar que él solo no es nadie, que donde está es justo en el centro de una gran esfera.

Números que se aceleran hasta la eternidad. En concreto, el 93, que va camino de traspasar todas las fronteras de la historia, perdiendo su condición numérica para convertirse en una idea. Me quedo aquí para siempre, es la sensación que transmite Márquez con su apabullante forma de ganar: ¿Cuánto dura un siempre?, nos preguntamos. ¿Cuándo acaba un siempre?

(Nota: En cursiva, frases extraídas de la canción 'Repartiendo arte', de Kase.o).

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