Joan Garriga, el piloto que se perdió fuera de la pista

En 1988 consiguió el subcampeonato mundial, pero después de aquel logro no consiguió que su velocidad le devolviera por la senda del triunfo.

Joan Garriga en el GP de Holanda de 1992. Fuente: Gold & Goose
Joan Garriga en el GP de Holanda de 1992. Fuente: Gold & Goose

Hay ocasiones que en el cine aparece un personaje al que no podemos llamar héroe porque no cumple con las características típicas de este rol y sin embargo no podemos más que caer rendidos a una especie de embrujo que transmite con sus actos. Algo así ocurría con Joan Garriga, que no pudo llegar a demostrar completamente el gran piloto que llevaba dentro y que, una vez retirado, fue vencido por la propia vida.

Antes del subcampeonato del mundo

Garriga nació en Barcelona en marzo de 1963 y se crió cerca de la carretera de la Rabassada, donde se disputaban carreras de motos. El gusto por la velocidad entró en él y desde muy pronto tuvo claro que quería dedicarse a ello.

Su determinación resultó fundamental. De hecho, era algo que lograba transmitir con su mirada, siempre desafiante y dispuesta a adelantar a quien fuera y donde fuera. Esa capacidad para pilotar al límite le llevó a ganar cuatro campeonatos de España y tres 24 Horas de Montjuic. Y claro, le abrió las puertas al campeonato del mundo, donde pronto chocaría con otro español en 250 cc: Sito Pons.

A la postre, Pons se convertiría en su némesis, provocando una división entre los aficionados, pues los había que se decantaban por el estilo agresivo de Joan Garriga, mientras que otros preferían el estilo más comedido de Pons.

Y llegó 1988

Con los apodos de Comecocos y Boeing 747, Joan Garriga se presentaba en 1988 a lomos de su Yamaha, dispuesto a darle la vuelta a las tornas y derrotar a las Honda, que habían ganado el año anterior.

Pero enfrente se encontró con un poderoso Sito Pons y una potente Honda capaz de ser dominante. Sin embargo, a Pons no le resultó sencillo doblegar a un Garriga que consiguió tres victorias en grandes premios y que disputó el título hasta las últimas carreras. 

Cabe preguntarse si todo hubiera cambiado de haber logrado el título, ya que a partir de ese momento no volvió a probar las mieles del éxito, mientras que su enconado contrincante repitió título en 1989.

De izquierda a derecha, Garriga,  Pons y Sarron en el Gran Premio de Suecia de 1988. Fuente: Gold & Goose
De izquierda a derecha, Garriga, Pons y Sarron en el Gran Premio de Suecia de 1988. Fuente: Gold & Goose

Después del subcampeonato del mundo

Lo cierto es que Garriga no tuvo suerte con su moto en 1989 y eso le llevó a probar fortuna en los 500 cc, una categoría que aún se antojaba muy lejana para los pilotos españoles. No lo hizo mal sobre su Yamaha, pues terminó dos veces séptimo y una vez sexto en la clasificación final. Pero alguien con la fuerza de Garriga necesitaba más. Lo probó en Superbikes, pero apenas estuvo una temporada. 

Así que decidió retirarse. Fue entonces cuando comenzó su particular carrera con la vida, donde, al igual que en el asfalto, no dio ningún tipo de concesión. Sin embargo, esa carrera la perdió. Se vio envuelto en problemas con el tráfico de drogas y la tenencia de armas. Y aunque consiguió rehabilitarse, la misma vida terminó por derrotarle en 2015, como consecuencia de las heridas causadas por un accidente de moto. Falleció a los 52 años. Y cabe preguntarse si algo de lo ocurrido hubiera cambiado si aquel 1988 hubiese conseguido reinar en el mundial.

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