Las dunas interminables de Erg Chegaga

Al Sur de Marruecos es posible recorrer una zona desértica que ofrece sensaciones inigualables

Dunas de Erg Chegaga. Fuente: iStock/Pavliha
Dunas de Erg Chegaga. Fuente: iStock/Pavliha

El desierto tiene algo mágico que ha atraído al ser humano tanto como le ha hecho huir de sus complicadas condiciones para habitar en él. Y en el caso de los motoristas amantes del off road sucede un poco lo mismo: los peligros, los paisajes marcianos y la posibilidad de transitar por terrenos de todo tipo atraen tanto como asustan. Uno de esos terrenos son las dunas, por las que deslizarse con una moto resulta cuanto menos apasionante. De ahí que en MOTOCICLISMO le dediquemos unas palabras a Erg Chegaga.

Las otras dunas de Marruecos

Erg Chegaga es la otra gran zona de dunas que se puede visitar en Marruecos. La más conocida es Erg Chebbi y, como consecuencia, es la más visitada. No en vano, sus dunas de hasta 150 metros de altura resultan sobrecogedoras. Sin embargo, hay otro motivo por el que la mayor parte del turismo opta por Erg Chebbi, y es que los núcleos urbanos desde donde se puede visitar se encuentran mucho más cercanos, tanto el pueblo de Merzouga como la ciudad de Erfoud.

Por su parte, para llegar a Erg Chegaga, las condiciones son más complicadas, toda vez que la población que está más cerca es M’Hamid, un antiguo paso de caravanas donde es interesante observar cómo se ha seguido construyendo con tierra. En este caso, la distancia es de 50 km que han de hacerse por carreteras que no están asfaltadas y por caminos de tierra. 

Las dunas de Erg Chegaga

Aunque desde la lejanía no se advierte una gran altura en las dunas de este erg, una vez dentro la sensación cambia radicalmente. Y es que, aunque no lleguen a los 150 metros de Erg Chebbi, sí que las hay hasta de 62. La diferencia es considerable, pero una vez en la moto, tratando de mantenerse sobre ellas y de recorrerlas con éxito, la sensación del conductor va a ser muy similar.

Erg Chegaga. Fuente: iStock/Virginia Caceres Tejedor
Erg Chegaga. Fuente: iStock/Virginia Caceres Tejedor

Sea como fuere, solo los más experimentados estarán capacitados para transitar por ellas. Es más, incluso el camino hasta este espectacular destino únicamente resulta indicado para motoristas con una amplia experiencia a sus espaldas. A eso hay que añadir que resulta conveniente ir acompañados por un guía.

Para llegar a Erg Chegaga

En la rodada por Erg Chegaga no solo se disfrutará de las dunas, sino de todo el recorrido que hay desde M’Hamid, ya que se cruza una especie de desierto negro en el que hay numerosas piedras oscuras, se recorre otra zona en la que la arena se mezcla con duros arbustos capaces de aguantar las inclemencias del clima e incluso se atraviesa el Oásis Sagrado.

De hecho, antes de entrar Erg Chegaga es habitual encontrar jaimas bereberes donde tomar un refrigerio. Además, después se podrá visitar el Iriki, un lago seco donde su superficie totalmente lisa dibuja un paisaje casi onírico. Transitar por él también es una experiencia única, pero habrá que hacerlo con un guía experimentado y que conozca la zona a la perfección, puesto que es sencillo perderse en una inmensidad de arena.

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