El día que… el conde Agusta boicoteó el GP de las Naciones

En 1969, el Gran Premio de las Naciones, la carrera italiana del Mundial de Velocidad, se disputó por primera vez en Imola, y el conde Agusta decidió no presentar su equipo al Gran Premio.

Juan Pedro de la Torre

El conde Agusta, junto a John Surtees
El conde Agusta, junto a John Surtees

Desde que en 1922 se inaugurara el circuito de Monza, la pista lombarda siempre fue el escenario elegido para la carrera más importante de Italia, el Gran Premio de las Naciones. Solo en una ocasión Monza se había quedado sin esa carrera, pero fue por razones de fuerza mayor. En 1932 unas obras de mantenimiento se retrasaron más de lo esperado, impidiendo que Monza estuviera en condiciones de albergar una carrera. Ese año, Italia volvía a organizar el Gran Premio de Europa, y la federación transalpina decidió alojarlo en el romano circuito de Littorio, rodeado de toda la simbología fascista de la época. Fue la edición en la que Fernando Aranda logró el subcampeonato de 500, por detrás de un intratable Piero Taruffi.

Cuando se retomó la actividad tras las II Guerra Mundial, Monza necesitó meses de trabajo para recuperar su funcionalidad. Durante la guerra se había convertido en un parque móvil del ejército italiano, sufriendo las acometidas de los bombardeos aliados. Pero en 1947 ya estaba plenamente operativo y volvió a ser el escenario del Gran Premio de las Naciones. Y cuando el Mundial echó a andar en 1949, Monza se convirtió en la carrera de cierre del campeonato, siempre enclavada en el mes de septiembre. El Gran Premio de las Naciones, en el maravilloso marco del circuito de Monza, era el broche perfecto para el Mundial.

Sin embargo, en el calendario de 1969, la Federación Italiana asigna la organización del Gran Premio de las Naciones a Imola, la pista creada por Cecco Costa, que pugnaba con Monza por albergar la carrera más importante de Italia. Monza tenía la oficialidad del Gran Premio, pero en Imola cada primavera se daba cita la flor y nata del Mundial para disputar la Copa de Oro Shell, con una inscripción digna de un Gran Premio.

Giacomo Agostini fue intratable sobre la MV Agusta
Giacomo Agostini fue intratable sobre la MV Agusta

La temporada 1969 se desarrolló sin sobresaltos, con Giacomo Agostini contando sus carreras por victorias, en 350 y 500. En las otras categorías sí que hay interés, aunque Dave Simmonds no da muchas opciones en 125 con su Kawasaki, la pugna a varias bandas en 50, con Aalt Toersen, Barry Smith y Ángel Nieto, y en 250 con Santiago Herrero, Kel Carruthers, Kent Andersson y Renzo Pasolini, son la salsa del campeonato.

En las clases superiores, la competición es como un guión cinematográfico: Agostini arranca de forma impecable, se pone primero, dobla prácticamente a todos los pilotos, y gana la carrera. Así, una y otra vez, tanto en 350 como en 500. Desde la retirada de Honda, no hay quien le eche el guante, ni siquiera en las carreras de fuera del campeonato se relaja, porque allá donde va no da opción. En los circuitos cortos, Agostini dobla a todos: Jarama, Hockenheim, Le Mans, Sachsenring, Imatra… Solo en las pistas más largas y complejas, alguno lograr llegar en su misma vuelta. El piloto que más se le acerca en toda la temporada es Peter Williams, que en Assen logra llevar su Matchless G50 a la segunda posición, a 2’35” de la MV Agusta 500-3.

En 1969 Agostini y MV Agusta dominaron con tanta autoridad que se aseguraron todos los títulos, de piloto y de fabricante, en 350 y en 500, en el Gran Premio de Checoslovaquia, en el antiguo circuito de Brno, cuando aún quedaban cuatro Grandes Premios por disputarse, en un calendario de solo doce pruebas. Agostini y MV se mostraron de nuevo intratables en Finlandia y el Ulster Grand Prix, disputado en su tradicional emplazamiento de agosto, a pesar del complicado ambiente que se respiraba en la zona por la ocupación del ejército británico, que culminará en una espiral de violencia en Irlanda del Norte. Ese año estuvo a punto de cancelarse la carrera, pero los días del Ulster Grand Prix estaban contados.

Tres semanas después llegaba el Gran Premio de las Naciones, que por primera vez sale de Monza para disputarse en Imola, todo un reconocimiento para la labor que se desempañaba en el circuito de la Emilio-Romagna. Pero el conde Domenico Agusta no lo contemplaba de la misma forma. El dueño de MV Agusta se indignó por la salida de la carrera de Monza, un circuito que era como su casa, situado a solo unos kilómetros de Gallarate, la sede de Meccanica Verghera. Sin dudarlo ni una sola vez, Agusta, que ya había ganado los títulos que tenía que ganar, anunció que su equipo no correría en Imola, y confirmó que no autorizaría a Agostini a tomar parte con otra montura. Agusta no solo no presentó sus motos en Imola sino que tampoco llevó su equipo a Opatija, en Yugoslavia, que una semana después cerraría la temporada.

Alberto Pagani con la Linto 500 en Imola
Alberto Pagani con la Linto 500 en Imola

La ausencia de Agostini fue acogida por los privados del Mundial con entusiasmo. Sería la única oportunidad de aspirar a una victoria, y Alberto Pagani, a lomos de la Linto, se hizo con la victoria en 500, dando a la marca de Lino Tonti su único triunfo en el Mundial. En 350 se hizo con el triunfo Phil Read, firmando un doblete en 250 y 350 a lomos de sus Yamaha privadas. Fueron sus primeras victorias tras la retirada del equipo oficial Yamaha a final de 1968. En Opatija siguió la fiesta: Godfrey Nash ganó en 500 con una Norton Manx –la última victoria de una marca británica en el Mundial-, y Silvio Grassetti se impuso en 350 con una Jawa-4, la misma moto que dos meses antes había provocado el accidente mortal de Bill Ivy en Sachsenring.

Algunos pensaron que la negativa del conde Agusta a correr en Imola y Opatija obedecía también a cuestiones económicas, ya que tenía fama de avaro. Ciertamente, no iba regalando el dinero, pero su no a Imola fue una cuestión de orgullo. Dos semanas después de Imola se disputó la Carrera del Año en Mallory Park, y no dudó en enviar hasta Reino Unido a su equipo con su despliegue de medios habitual. Y Agostini ganó sin contemplaciones la prueba, además de sumar otras dos victorias en las carreras de 350 y 1000.

Agusta mandó un claro mensaje a la Federación Italiana con su boicot a Imola. Algo así como, “¡Que no se repita!”, en un tono autoritario muy propio del aristócrata. Y no se repitió. Monza regresó al calendario en 1970 y solo la tragedia acaecida allí en 1973, con el accidente mortal de Saarinen y Pasolini, apartó al circuito lombardo del calendario del Mundial, a donde no regresaría hasta 1981.

Entre 1968 y 1973, Giacomo Agostini y MV Agusta no tuvieron rivales en el Mundial de 500.

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