Maverick Viñales, Jorge Lorenzo y los diversos procesos de adaptación a MotoGP 2017

Los dos fichajes más sonados de la temporada han tenido unos test muy diferentes.
Nacho González -
Maverick Viñales, Jorge Lorenzo y los diversos procesos de adaptación a MotoGP 2017
Maverick Viñales, Jorge Lorenzo y los diversos procesos de adaptación a MotoGP 2017

Si algo ha quedado claro en los test de Sepang, más allá del análisis global de todas las marcas –y de la siempre interesante comparación de los novatos-; ha sido el diferente rendimiento de los diversos pilotos que han cambiado de marca de cara a este año. Una comparativa que, como no puede ser de otra forma, encabezan los más esperados: Maverick Viñales y Jorge Lorenzo.

Cuando se confirmó la marcha de Jorge Lorenzo a Ducati, todo el paddock lo entendió como un movimiento arriesgado: no en vano, dejaba una marca y una moto que venía de conquistar un triplete incontestable en 2015 para irse a una firma con un solo título en su historia y cuya presencia en los podios hasta entonces era más bien testimonial.

Como es lógico, su vacante se convertía en la pieza más codiciada de cara a 2017. Dani Pedrosa y Maverick Viñales se postularon desde el principio como los grandes candidatos, y finalmente el joven piloto de Rosas tomó la decisión de abandonar Suzuki para firmar por Yamaha, lo que de inmediato se consideró un acierto en pos de su objetivo de pelear el título.

VIÑALES, ADAPTACIÓN INSTANTANEA

Ya en los test de Valencia quedaron confirmadas esas percepciones, que no han hecho sino reafirmarse en Sepang. Maverick Viñales ha sido el piloto más consistente en el global de los tres días, firmando el mejor tiempo global y consolidando su candidatura al título de MotoGP.

Siempre se ha dicho que la Yamaha YZR-M1 es una moto muy fina -el propio Viñales dice que es la mejor-, en consonancia con la Suzuki GSX-RR. Ambas cuentan con el chasis como punto fuerte, y el estilo de pilotaje requerido para ambas no varía en demasía. Unas consideraciones que hacen entender el hecho de que la adaptación de Maverick a su nueva montura haya sido tan instantánea como el Nesquik.

No obstante, dicha adaptación no es garantía de nada que no se supiera antes: que el binomio Viñales-Yamaha es un paquete ganador, y que por lo tanto le coloca en las quinielas al título; lo cual no significa que sea máximo favorito: la temporada es muy larga y la velocidad no es suficiente. Para ser campeón hay que ser consistente todo el año, no cometer errores y tener la suerte de cara… o, como mínimo, que no te dé la espalda.

LORENZO, A FUEGO LENTO

Mientras, Jorge Lorenzo está tardando más de lo previsto en acoplarse a la Ducati Desmosedici GP17. Sus declaraciones tras el primer día de entrenamientos, en el que se quedó a más de segundo y medio de su compañero de marca Casey Stoner, iban precisamente en esa línea. Sin alertas rojas, pero con paciencia.

Y con esa paciencia y un método de trabajo que lleva más de una década dando excelentes frutos al balear, la desventaja se fue reduciendo sesión a sesión, llevando una progresión gigantesca hasta finalizar a menos de cuatro décimas de su sucesor en el box del Movistar Yamaha, culminando en una discreta décima posición pero con sensaciones positivas.

Tampoco es nada nuevo. Nadie, ni el propio Lorenzo, esperaba llegar a una moto tan diferente como la Ducati e ir tan rápido como iba con su adorada M1, una moto en la que ha pasado casi una década y que tenía absolutamente por la mano. El balear ha ido a Ducati para hacer historia, sí. Pero no tiene prisa: sabe que los mejores guisos se cocinan a fuego lento.

IANNONE Y BAUTISTA, GRANDES ACIERTOS

Entre Viñales y Lorenzo, un gran espectro de pilotos visten nuevas motos en este 2017; y dos de ellos se han tornado en las grandes relevaciones de los test de Sepang: Andrea Iannone y Álvaro Bautista.

Iannone fue el Andrea perdedor en el casting de Ducati para acompañar a Lorenzo. Tan díscolo como veloz, su fogosidad alcanzo cotas intolerables en los albores de 2016, donde llevó al suelo a su compañero en una maniobra incomprensible; algo a lo que muchos atribuyen la decisión de la firma italiana de prescindir de sus servicios.

Un río revuelto al que acudió a pescar Suzuki, ávida de talento con el que suplir a Viñales. Perdida su estrella emergente por los cantos de sirena de Iwata, aprovecharon la carta de libertad de Iannone para seguir contando con un piloto capaz de pelear sin achicarse ante los grandes de la categoría.

La duda estribaba en su adaptación, y ha quedado disipada de un plumazo. Más dócil que la Desmosedici, desde que se subió a la GSX-RR se vio capaz de ser muy rápido, y en Malasia lo ha demostrado al finalizar segundo en la combinada merced a su tiempo del segundo día. De nuevo, parece que la Suzuki es más llevadera que la Ducati, lo que ha permitido a Iannone reducir el proceso de adaptación al mínimo.

Más de lo mismo sucede con Álvaro Bautista. Su inmediata adaptación a la Ducati viene dada, además de por su más que probado talento, por su procedencia. El español viene de Aprilia, donde ha tenido que lidiar con las prisas del primer año, con una RS-GP concebida desde la urgencia y muy lejos del resto de MotoGP; hasta una considerable evolución que él mismo ha ponderado con sus resultados.

Es decir, en este caso, ‘Bauti’ llega a una moto a priori difícil de pilotar… desde una todavía más complicada; lo que también explica su buen hacer. Comparada con la máquina de Aprilia, la Ducati Desmosedici GP16 es todo un bólido, a lo que se suma el hecho de ser una moto ya desarrollada y evolucionada.

Por eso, tras brillar en los test finales de 2016, ha seguido maravillando en este comienzo de 2017, convirtiéndose por méritos propios en la gran amenaza de Cal Crutchlow para revalidar el trofeo de mejor piloto independiente. Está claro que cuando Álvaro decía que iba a por el top 5 no iba, ni de lejos, de farol.

ALEIX, POL Y SMITH, UN ACTO DE FE

Si Viñales, Iannone y Bautista han minimizado los tiempos de adaptación, y Lorenzo se ha embarcado en un reto de futuro; hay tres pilotos cuyo cambio de colores no se puede analizar desde una perspectiva cortoplacista: Aleix Espargaró, nuevo buque insignia de Aprilia; y la pareja Pol Espargaró – Bradley Smith, que han cambiado la cola de Yamaha por la cabeza de KTM.

En los tres casos, resulta difícil hablar de tiempos de adaptación, ya que dicho proceso ha de ponderarse en torno a la evolución de sus máquinas. Mientras los demás llegan a marcas cuyo prototipo ya está pulido y consolidado; las próximas evoluciones de Aprilia y (sobre todo) KTM deben llegar por parte de sus ingenieros, no de sus pilotos.

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